
¡Estás igual! La frase, famosa gracias a una publicidad televisiva, encaja como anillo al dedo, al momento de comparar Tucumán con Santa Fe. El punto de asombro pasa por la similitud que existe entre Santa Fe de la Vera Cruz y el “Jardín de la República”. La capital santafesina padece los mismos síntomas de deficiencia que la tucumana.
Los habitantes y los visitantes sufren el caos vehicular provocado por la desidia de quienes están para evitarlo, pero no lo hacen. Cada uno atiende su juego. Por ejemplo: se descubrió a un inspector municipal que durante varios minutos hizo la vista gorda cuando varios vehículos estacionaron en lugares prohibidos, pese a las advertencias de los carteles indicadores. Ni hablar de los que se estacionan en doble fila e invaden los espacios verdes. Un horror.
A este problema hay que sumarle el deplorable estado de las arterias de la capital. En las calles sobran los pozos tamaño cráter; abunda la falta de señalización en los cruces de calzadas y la permanente pérdida de líquidos cloacales. Está todo mal... La falta de respeto hacia del ciudadano es otro de los inconvenientes que deben afrontar los turistas. Muchos comparan un simple recorrido turístico con un viaje que nadie se anima a vaticinar un final.
“El Gobierno promete mucho y cumple poco. Ahora, como estamos en tiempos de elecciones, saldrán a reparar las calles. Les darán un lavado de cara, pero será un trabajo superficial que no garantiza nada en el futuro”, aseguró el taxista Fernando Giménez, que no ahorró palabras para cuestionar a las autoridades de turno por el patético estado en el que se encuentra la ciudad.
Después de recorrer un par de cuadras, uno casi cree que está en Tucumán. De que hay miles de Fernando, que se multiplica en quejas de distintos colores. Que día a día sufren para ingresar y para salir de una jungla de cemento ajena a los tiempos que corren.
En definitiva, al “Jardín” y a Santa Fe los une algo más que el ADN de la patria.







