La jefa de Estado esquivó preguntas incómodas y mantuvo su discurso

Sólo atendió a la prensa extranjera y, de varios actos, la mandataria se retiró apurada.

11 Febrero 2009
MADRID (Especial para LA GACETA, Irene Benito).- La estrategia más efectiva para evitar preguntas incómodas es llevar una agenda apretada. Con el justificativo de los compromisos protocolares y reuniones institucionales, ayer, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner volvió a concluir arrebatadamente un coloquio en la Casa de América. Allí compartió la tribuna con María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta española, y con Enrique Iglesias, secretario general Iberoamericano. Rodeada de una platea llena en la que sobresalían los inmigrantes argentinos, Kirchner insistió en evocar la hermandad histórica binacional, y en la necesidad de reformular un mundo donde han fallado las recetas de la globalización perfecta. Después de un discurso mucho más extenso que el de los otros oradores, la Presidenta contestó dos preguntas del público y abandonó el salón.El de la Casa de América fue el único acto abierto a la ciudadanía durante la visita de Estado. Sin embargo, los madrileños advirtieron su presencia. Durante su permanencia en Madrid, Cristina se movilizó en un antiguo Rolls Royce inglés (identificado con un banderín celeste y blanco). Allí por donde pasaba, los peatones se detenían a observar el vistoso desplazamiento de la Presidenta. Con pocas variantes, los seis discursos que pronunció Cristina reprodujeron los mismos conceptos. En primer lugar, la reafirmación de la alianza comercial, política y cultural bilateral y la prosperidad de las inversiones españolas en el suelo nacional.Respecto del conflicto con el Grupo Marsans por la expropiación de Aerolíneas Argentinas, el discurso oficial se cerró en que no había otra salida para salvar una empresa esencial y que seguirán las conversaciones con los capitalistas afectados por esa decisión.También hubo críticas al modelo económico de EEUU y de los organismos multilaterales de crédito (FMI y Banco Mundial). En el terreno de las anécdotas, hasta cuatro veces recordó la Presidenta que era nieta de españoles.Como ya ocurrió en otras visitas presidenciales, la mandataria sólo recibió a periodistas extranjeros. El matutino "ABC", el lunes, publicó una entrevista en la que Cristina niega que Néstor Kirchner, su marido, sea el verdadero presidente del país. Pese a que la jefa de Estado criticó la tendencia al "reunionismo" de la clase política, su visita a España incluyó un número significativo de encuentros informales, además de la agenda oficial. Sin embargo, no logró anunciar un acuerdo con Marsans ni dar a conocer nuevos desembarcos del sector privado español en el país. Sí, en cambio, la Presidenta logró que el rey Juan Carlos y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero declaran públicamente su afecto por el pueblo argentino y su voluntad de trabajar en cuestiones comerciales y políticas. Quedó claro, también, que la pertenencia de Argentina en el G-20 es de importancia vital para Zapatero. (Especial)

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