Vox populi, vox Dei

El espectacular megaoperativo antidrogas del sábado es una excelente respuesta de la fuerza de seguridad ante el narcotráfico. Pero también abre varios interrogantes. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.

27 Enero 2009

¿De dónde llega la droga? "Dicen que de Villa 9 de Julio. Los faloperos dicen que hay una familia que cocina cocaína. La ?merca? va para el centro; la basura, la mandan al Antena para que todos los giles se vuelen la cabeza", comentó Julio, un adolescente que reconoció que, de vez en cuando, se fuma un "porro". (LA GACETA, 29/6/08)

Muchas cosas han cambiado en pocas semanas, desde que la muerte del joven adicto Walter Santana en el barrio Costanera sacudió a toda la sociedad. En esa violenta tarde que siguió a la Navidad, los vecinos indignados no sólo quemaron la casa de los acusados de vender la droga y matar a Santana, sino que mostraron a la periodista de LA GACETA otras cosas que parecían invisibles para los policías, para los bomberos y para la misma Justicia. "No mire el incendio. Mire ese galpón que está ahí, lleno de autos cero kilómetro", advertían, señalando la misma contradicción que se vio en la madrugada del sábado pasado en Villa 9 de Julio: gente que vivía con lujos de burgueses adinerados (autos nuevos, jacuzzis, enormes televisores de plasma, cuatriciclos) en barriadas pobrísimas. Como personajes de una película de mafiosos.
Muchas cosas han cambiado. Llovieron los operativos policiales en la Costanera. Hubo detenciones, secuestros de cocaína y marihuana, revelaciones públicas sobre el sistema de venta de drogas en la zona y todo derivó en el espectacular megaoperativo del sábado, en el que pareció cerrar la ecuación del narcotráfico, que opera con la ley física de Lavoisier: "nada se pierde, todo se transforma". En un lado se cocina la cocaína y se organiza la distribución, en otros se vende. La de calidad va al centro y la basura (el "basuco", el "paco") va a las barriadas pobres.
Tal como lo relató a LA GACETA un adolescente en junio del año pasado, seis meses antes del estallido del barrio Costanera.
Muchas cosas han cambiado. La Policía, que hace un mes negaba la existencia del "paco", encaró una frenética actividad antidrogas. No sólo se hicieron operativos en el Costanera y en el Antena, sino en Villa Alem y en otras barriadas, así como en el interior de la provincia, al tiempo que se producían otros hallazgos de droga en operativos de otras fuerzas, como los 20 kilos de cocaína secuestrados por Gendarmería en Burruyacu (los llevaba un estudiante boliviano a Buenos Aires) o el kilo de marihuana que la Policía Federal detectó en un ómnibus sobre la ruta 38, camino a los Valles (lo llevaba una pareja de españoles). La droga pasó a ser un tema central de la agenda policial, por encima de cualquier otro. Además, el megaoperativo del sábado fue, por un lado, un golpe fuerte a quienes parecen ser distribuidores de droga; ya no se trata de pequeños trafiadictos ni meros consumidores, que eran la característica general de los procedimientos habituales de los tiempos anteriores al escándalo del Costanera. Y por otra parte, se estableció lo que parece ser la conexión entre supuestos distribuidores y supuestos vendedores.
Lo que relataba el adolescente del barrio Antena en junio pasado.
También ha cambiado la percepción que la comunidad tiene de las mujeres que desde hace dos años exigen ayuda para sus hijos adictos. Ahora las Madres de la Esperanza marchan en la plaza Independencia y las autoridades, que al comienzo del escándalo se enojaban con la prensa y miraban inquietas el problema de la droga, ahora les prometen ayuda y encaran un megaoperativo de inclusión social para esa barriada pobre. El mismo secretario de Prevención de Adicciones, Alfredo Miroli, dice que en marzo se pondrá en marcha un gran plan preventivo.

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Las grandes dudas
Pero que hayan cambiado tantas cosas no significa que toda la estructura que favoreció esta peligrosa mezcla de exclusión social, marginalidad y drogadicción vaya a desaparecer. ¿Por qué se hicieron todos estos operativos ahora, si los vecinos hacían denuncias desde hace tiempo? ¿Hubo lentitud o algo parecido a la negligencia de la Justicia y de la Policía? ¿Quién responde por las palabras de policías de que hace seis meses pedían allanamientos para el Costanera y no se los daban? ¿Por qué se concedieron sólo cuando el tema quemaba?
Y más allá de estas preguntas, queda por analizarse la denuncia de vecinos de las casas allanadas en Villa 9 de Julio, que afirman que todas las semanas iba una camioneta que parecía ser policial a la casa de los ahora detenidos. "Hablaban un rato. Hacían su cobro y rajaban (sic)". ¿Hay "padrinos" en la fuerza de seguridad? ¿Existe esta corrupción policial? Hasta ahora, lo que dijeron las madres del Costanera fue cierto y movilizó a la sociedad a cambios. ¿Ocurrirá lo mismo con las otras cosas que se dicen? Vox populi, vox Dei.

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