Esa empresa electoral denominada Alperovich

El gobernador se asentará en la recaudación para financiar los servicios. El presupuesto se adaptará a las necesidades políticas para ganar las elecciones de octubre. Accionistas. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

26 Enero 2009

El manejo de la campaña electoral se asemeja en demasía a lo que sucede en el sector privado: se potencian los canales de venta para obtener los réditos predeterminados y, así, sostener un negocio rentable con la necesaria cuota de poder. José Alperovich se maneja según esta concepción. Uno de sus colaboradores comenta que el gobernador monta una suerte de empresa electoral en la que les da participación a los accionistas (sean estos legisladores, intendentes o dirigentes territoriales), pero que está condicionada a los resultados. A mayor productividad (seducción del electorado), mayor ayuda financiera, podría ser una ecuación en tiempos de elecciones.
De hecho, los fondos se convirtieron en un condicionante cada vez mayor para el ascenso y la visibilidad de los dirigentes, pero es cierto que la política y el dinero forman un matrimonio eterno por conveniencia, como lo señalan los periodistas Martín Dinatale, Alejandra Gallo y Damián Nabot en su libro "La escalera invisible. Mecanismos de ascenso en la clase política". En ese contexto, el oficialismo apela al financiamiento directo (con fondos públicos) para sostener su aparato electoral. Los $ 6.500 millones presupuestados para este año por el Ejecutivo constituirán la base del financiamiento para hacer proselitismo. Que los funcionarios inauguren y supervisen obras diariamente mantiene expectante al electorado.
Sin embargo, Alperovich tendrá que cargar una pesada mochila en su intento de llegar sin grandes magullones a las elecciones del 25 de octubre. Por más que se argumente que se trata de decisiones nacionales, el aumento de las tarifas de los servicios perforó el bolsillo de miles de tucumanos a los que tomó desprevenidos la fuerte suba en las boletas. Como hace un par de años, cuando se reajustó el impuesto Inmobiliario, el oficialismo apela a la estrategia de que el paso del tiempo amortiguará los efectos del costo político que se paga hoy por aplicar medidas impopulares.

Planteos encajonados
La reducción de las tarifas y de la carga impositiva está lejos de las prioridades de la Casa de Gobierno tucumana. Los despachos de los ministros Jorge Jiménez (Economía) y Jorge Gassenbauer (Desarrollo Productivo) están abarrotados de planteos, por escrito, de entidades intermedias, profesionales y ciudadanos en general que reclaman alícuota cero o perdones fiscales como un modo de paliar los efectos que la crisis internacional provocó en cada uno de los actores económicos. Algunos funcionarios no creen que la toma de decisiones simpáticas (como la fuerte rebaja impositiva que anunció Salta para aquellos que compren autos a través del plan nacional) sirva para captar más votos en octubre. Por el contrario, señalan que Alperovich se asentará en la recaudación porque necesitará al menos, $ 120 millones mensuales de ingresos para sostener el financiamiento de los servicios esenciales del Estado.
Por ahora no se vislumbran problemas de caja: el Gobierno esperará hasta marzo para saber cómo se desarrollará la discusión salarial antes de tomar una decisión. El Presupuesto disimula partidas para cubrir ese esperado reclamo de los gremios estatales. Más aún, por octavo año consecutivo, la Provincia pateó para adelante el pago a sus acreedores. El principal prestamista de Tucumán -el Gobierno nacional- ha decidido financiarle hasta $ 365 millones para cubrir el pago del capital y de los intereses generados por el endeudamiento público, que supera holgadamente los $ 4.000 millones. El hada madrina, además, concederá mañana otro deseo al alperovichismo: la presidenta, Cristina Kirchner, renovará los anuncios en la Quinta de Olivos sobre el financiamiento para la construcción de 1.500 viviendas en Tucumán. Esos fondos serán distribuidas en todos los municipios.
Así, la empresa electoral de Alperovich va tomando forma y de su armado pueden extraerse algunas conclusiones preliminares. Por ejemplo, el kirchnerismo no prevé soltarles la mano a sus gobernadores aliados. El mandatario tucumano, a su vez, disciplinará la tropa para que juegue todas sus fichas a las elecciones de octubre. Dicen que pondrá toda la carne al asador, porque de los próximos comicios dependerá en gran parte lo que suceda en 2011. En marzo, el encuestador preferido de Alperovich, Hugo Haime, enfrentará una dura tarea: medir la imagen del gobernador y sondear la popularidad de los potenciales candidatos. El 65% es el número perfecto para el oficialismo cuando se habla de intención de votos. Claro que el escenario de hoy en nada se parece al de hace un par de años, cuando no se avizoraban debacles financieras ni desmedidas subas tarifarias. A partir de las encuestas, Alperovich se sentará con Néstor Kirchner (el virtual jefe de campaña nacional) a definir candidaturas. En Tucumán, sólo la primera dama, la diputada y presidenta del PJ, Beatriz Rojkés, tiene un lugar asegurado en la boleta oficialista de octubre. El mandatario busca postulantes que logren aceptación social y que a la vez sean representativos en el justicialismo. La tarea no es fácil, porque el PJ aparece como cáscara vacía frente al aparato político montado por el propio gobernador, convertido en el presidente del directorio de una empresa en la que el poder no se comparte, sino que se pretende renovar "in aeternum".

Publicidad
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios