Una generación que ni trabaja ni estudia

26 Enero 2009
Los llaman la Generación Ni porque "ni trabajan ni estudian". No son adultos, sino jóvenes de entre 15 y 20 años. En Tucumán son actualmente alrededor de 40.000 y en el país, 10 veces más, es decir unos 400.000. El Gobierno local ha señalado que en los últimos cinco años 20.000 chicos tucumanos que estaban excluidos del sistema, en su mayoría por razones de pobreza, volvieron a las escuelas o encontraron trabajo.
Las estadísticas indican que luego de la crisis de 2001-2002, 61.069 jóvenes quedaron en situación de vulnerabilidad social en Tucumán. Representaban el 23,9 %, de acuerdo con cifras del Indec. A partir de la aplicación de unos 12 programas oficiales se revirtió, en parte, la situación, aunque todavía restan rescatar miles de jóvenes excluidos, de acuerdo con las delcaraciones de los funcionarios consultados por nuestro diario. Según el secretario de Planeamiento, la política de inclusión implementada hizo descender los indicadores de pobreza, que en 2003 eran superiores al 60 % y hoy son del 30 %.
Si no trabajan ni estudian, cabe preguntarse qué hacen estos 40.000 tucumanos. Muchos de ellos han sido seguramente captados por la marginalidad, por las adicciones y posiblemente por la delincuencia. A mediados de enero, un especialista en esta materia señaló que a través de políticas que apunten a reforzar las comunidades barriales se logrará inmunizar cada barrio respecto de la droga, y esto debe plantearse como el objetivo más relevante. El experto brindó una clave para enfrentar esta compleja problemática y propuso desarrollar planes de promoción social en cada vecindario. "Hay que trabajar con la misma gente del barrio, contratar operadores comunitarios, idear grupos de autoayuda, de gestión de trabajo. Otros países, como Colombia o Brasil, que tienen instalada la droga, forman cooperativas en cada barrio. Sería bueno imitarlos. En Tucumán falta una fuerte inversión comunitaria preventiva", dijo y agregó que las adicciones no se deben enfrentar con medidas aisladas. "Esto no se cura en los CAPS con psicólogos. Hay que buscar sistemas integrales, hay que hacer deportes. Se debe realizar un programa que invierta en menores, que incluya la formación de líderes sociales. Eso es lo necesario: inmunizar cada barrio", manifestó.
¿Qué tipo de contención les dan el Gobierno y la sociedad a estos 40.000 jóvenes que no estudian ni trabajan? ¿A qué se dedican? ¿En qué gastan su tiempo? ¿Los planes sociales sirven verdaderamente o son un mero paliativo que conduce a la indignidad? Funcionarios de distintas áreas del Gobierno parecen haberse dado cuenta finalmente de que sólo el trabajo articulado entre los ministerios de Desarrollo Social, Producción, Trabajo, Salud y Educación contribuirá a integrar en la sociedad miles de jóvenes tucumanos. Sería importante que el Gobierno convocara instituciones civiles y organizaciones no gubernamentales para diseñar una política de Estado que atienda esta grave problemática y que se mantenga en el tiempo. En algunos países desarrollados se obliga a los desocupados a aprender oficios o hacer cursos con salida laboral a cambio de un subsidio de desempleo.
Como ya hemos señalado en otras oportunidades en esta columna, el problema de esta llamada Generación Ni se origina también en hogares de padres analfabetos que han vivido siempre entre la indigencia y la marginalidad, y en consecuencia, sus hijos son un reflejo de ellos. Invertir recursos, energía, esfuerzo en las problemáticas sociales implica preocuparse por la salud mental y física de una comunidad. Decir que los niños y jóvenes representan el futuro de un país no es una mera metáfora.

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