JERUSALEN.- Mientras nadie encuentra todavía la forma de encarrilar un proceso de paz firme y sustentable, en medio de discusiones políticas y de juegos de intereses, una ciudadana israelí que perdió a su mejor amiga en 1997, cuando se topó con un kamikaze palestino en Jerusalén, olvidó odios y rencores para iniciar una campaña de ayuda a los palestinos encerrados en la Franja de Gaza sin agua, sin luz ni alimentos.
En un local de Jerusalén, Hadas Bacas da instrucciones por teléfono a la decena de voluntarios que tratan de abrirse paso entre las montañas de cajas de cartón que han atestado el lugar y se amontonan ya en el patio del recinto. Mantas, toallas, zapatos, abrigos, latas de conserva, pasta, dentífricos y otros cientos de artículos de primera necesidad serán destinados a la zona afectada.
Camiones llenos
Mira Meshulam entra en el local con una caja cuyo peso supera claramente su fuerza. Fue a donar ropa para bebé, abrigos, toallas, dentífricos y jabones. “Cuando veo cómo está sufriendo la gente de Gaza, pienso que este este país debe volver a ser humano, no un animal de guerra. Tenemos que demostrar al mundo que aquí hay personas de buen corazón”, dice. Bacas admite que no esperaba que en tan sólo cuatro días de campaña, su iniciativa, basada en el boca a boca, el correo electrónico y las llamadas telefónicas, recibiera la respuesta de tantos israelíes de todo el país, deseosos de solidarizarse con los palestinos de Gaza. Como mucho, pensaba al principio que iba a llenar dos o tres camiones de ayuda. Después de cumplir con un sinfín de requisitos logísticos exigidos por las autoridades de Israel en la frontera, ayer inició el envío de seis camiones; otros tres partirán la semana próxima. También se recolectaron más de 80.000 shekels (U$S 20.000) desde el domingo, a través de una improvisada página web y en los locales situados en Jerusalén, Tel Aviv, Haifa (norte) y Netiv Ha-Asara (sur).

Suerte o milagro
Esta campaña permite hablar a la gente mediante un gesto: la donación, afirma Hila Erlich, de 24 años, una de las voluntarias. Esta joven defiende el carácter apolítico de la iniciativa. “No sabemos ni nos importa que los donantes estén o no a favor de la guerra, porque no tiene nada que ver con poder sentir el sufrimiento de los palestinos”, opina. Al preguntársele cómo es posible que los camiones de la campaña privada hayan pasado por delante de algunos de los vehículos de organizaciones como la ONU, que aguardan en los pasos fronterizos desde hace días para ingresar su ayuda humanitaria, Hila responde: “no lo sé; será la suerte, el amor o un milagro”. Aaron Shneyer, de 25, elude también hablar de la ofensiva israelí, pero va un poco más allá: “la única forma de resolver el conflicto es a través de la comunicación. Nos necesitamos mutuamente. Mientras sigamos separados, podremos justificar la guerra”, asevera.
Entre tanto, la canciller israelí Tzipi Livni le prometió a la flamante jefa diplomática de Barack Obama, Hillary Clinton, una pronta reanudación de las negociaciones de paz con los palestinos. En una conversación telefónica, Livni le dijo que se reunirá con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, pero que en las negociaciones no participará el movimiento islamista Hamas, contra el que Israel libró una guerra de 22 días en Gaza, en la que murieron más de 1.300 palestinos, muchos de ellos niños. (AFP-NA)




