16 Enero 2009 Seguir en 
WASHINGTON.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, defendió su política exterior, en un último intento por limpiar su controvertido legado. El mandatario insistió en el apoyo irrestricto a Israel, en su avanzada contra la organización islamista Hamas, a quien calificó de terrorista. Ponderó, además, la impopular guerra en Irak y las disputas nucleares con Irán y Corea del Norte. "Hemos hecho al mundo más libre", afirmó Bush durante una ceremonia en el Departamento de Estado, cinco días antes de entregar la presidencia al demócrata Barack Obama.
Aunque se concentró en enumerar lo que calificó como los éxitos de su gestión, Bush dejará a Obama varios asuntos pendientes, como las guerras en Irak y en Afganistán, el conflicto en la Franja de Gaza y la muy dañada imagen de EEUU en el extranjero. Obama, además, heredará de Bush la peor crisis financiera en casi 80 años, un colapso que golpeó duro la economía de EEUU, que repercutió en el mundo.
Mientras se acaba el tiempo de una presidencia que muchos historiadores ya consideran la peor en la historia del país, Bush y sus colaboradores usaron su último día de eventos públicos antes de la Juramentación de Obama para intentar mostrar lo positivo de sus dos períodos en el poder.
Bush admitió atrasos. "Hay cosas que hoy haría de manera diferente", reconoció; pero insistió en que las tácticas que se utilizaron mantuvieron a salvo a EEUU. El futuro ex presidente defendió los controvertidos pasos dados tras los ataques terroristas a las Torres Gemelas, del 11-S. "Pueden cuestionarse muchas de las decisiones tomadas. Pero lo que no puede cuestionarse son los resultados. EEUU lleva más de siete años sin un ataque terrorista en su territorio", dijo.
Los discursos de despedida son una tradición de los líderes estadounidenses que dejan el poder, pero la situación es especial para Bush, que dejará su cargo con uno de los menores índices de aprobación pública respecto de cualquier otro presidente de la era moderna. (Reuters-AFP-NA)
Aunque se concentró en enumerar lo que calificó como los éxitos de su gestión, Bush dejará a Obama varios asuntos pendientes, como las guerras en Irak y en Afganistán, el conflicto en la Franja de Gaza y la muy dañada imagen de EEUU en el extranjero. Obama, además, heredará de Bush la peor crisis financiera en casi 80 años, un colapso que golpeó duro la economía de EEUU, que repercutió en el mundo.
Mientras se acaba el tiempo de una presidencia que muchos historiadores ya consideran la peor en la historia del país, Bush y sus colaboradores usaron su último día de eventos públicos antes de la Juramentación de Obama para intentar mostrar lo positivo de sus dos períodos en el poder.
Bush admitió atrasos. "Hay cosas que hoy haría de manera diferente", reconoció; pero insistió en que las tácticas que se utilizaron mantuvieron a salvo a EEUU. El futuro ex presidente defendió los controvertidos pasos dados tras los ataques terroristas a las Torres Gemelas, del 11-S. "Pueden cuestionarse muchas de las decisiones tomadas. Pero lo que no puede cuestionarse son los resultados. EEUU lleva más de siete años sin un ataque terrorista en su territorio", dijo.
Los discursos de despedida son una tradición de los líderes estadounidenses que dejan el poder, pero la situación es especial para Bush, que dejará su cargo con uno de los menores índices de aprobación pública respecto de cualquier otro presidente de la era moderna. (Reuters-AFP-NA)










