Resumen para apurados
- El armador tucumano Pablo Urcevich, de 25 años, se unirá al Tours Volley-Ball de Francia para potenciar su carrera en una de las ligas de vóley más competitivas de Europa.
- Tras consolidarse en la liga argentina y sumar experiencia en clubes de Grecia y España, el jugador llega a esta potencia europea donde compartirá equipo con Earvin N'Gapeth.
- Este importante fichaje posiciona a Urcevich en la elite internacional, impulsando su máximo objetivo de consolidarse y ganarse un lugar en la selección argentina de vóley.
La vida y la carrera de Pablo Urcevich prácticamente está definida por sus estadísticas. A los 25 años, el armador tucumano atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. Tras consolidarse en el vóley argentino y sumar experiencia en Grecia y España, afrontará el gran desafío de jugar en Francia para Tours Volley-Ball, uno de los clubes más importantes de Europa.
Sin embargo, detrás de sus 1,90 metros de altura, de sus 335 centímetros de alcance en ataque y de su crecimiento constante dentro de la cancha, aparece un joven que habla de la familia, de los afectos, de los libros, del mate y de la necesidad permanente de evolucionar. “Soy un tipo sencillo, humilde y con valores. Me esfuerzo día a día para ser un poquito mejor en todos los aspectos; como persona, hijo, amigo, compañero y jugador de vóley”, asegura, dejando en claro que el crecimiento deportivo siempre va de la mano del crecimiento humano.
En su casa, el deporte siempre estuvo presente. Su padre, Fernando Urcevich, fue delantero y el fútbol formó parte de su infancia. Sin embargo, el camino de Pablo terminó tomando otra dirección. “El vóley es mi vida. Siempre digo que para mí fue amor a primera vista”, recuerda. “Encontré mi lugar”, agrega.
Como ocurre con muchos deportistas que pasan gran parte del año lejos de casa, la familia ocupa un lugar central en su vida. “Mi familia y mi novia Patrizia juegan un rol súper importante en mi vida. Son un pilar único para mí; siempre están a pesar de cualquier cosa”, asegura.
Una carrera construida paso a paso
Nada en su trayectoria llegó por casualidad. En Argentina defendió las camisetas de Tucumán de Gimnasia, Puerto General San Martín Vóley, Paracao Vóley, Monteros Vóley Club y Mutual Policial Formosa. Luego llegó la experiencia europea; primero en Grecia, con AONS Milon y más tarde Pamesa Teruel Voleibol de España. Ahora, el siguiente desafío es probablemente el más importante de su carrera.
Tours Volley-Ball, uno de los equipos más poderosos del continente, apostó por él para la próxima temporada y la noticia llegó de manera sencilla. “Mi representante me mandó un mensaje diciéndome que me querían y no me costó mucho decir que sí”, revela. “Teniendo en cuenta que es una de las mejores ligas del mundo y que Tours es uno de los equipos más fuertes, para mí es una oportunidad increíble”, agrega.
Además, Pablo compartirá plantel con una figura histórica del vóley mundial. “Voy a tener la posibilidad de ser compañero de Earvin N’Gapeth, considerado uno de los mejores jugadores del mundo y de la historia”.
El sueño albiceleste
Más allá de Europa y de los desafíos que aparecen en su carrera, hay un objetivo que permanece intacto. “La selección argentina para mí lo es todo”, advierte, dejando en claro que sólo apuesta a eso. Cada entrenamiento y cada temporada tienen ese horizonte. Pablo vive y se entrena enfocado en que la oportunidad llegará y pretende estar listo para cuando eso ocurra. “Mi mayor sueño es jugar un Mundial o unos Juegos Olímpicos con la Selección”, remata.
El trabajo que no se ve
Como armador, ocupa una de las posiciones más complejas del vóley moderno. “Es el encargado de colocar las pelotas lo mejor posible para que sus compañeros rematen”, dice antes de explicar que eso le lleva una preparación diferente, especial. “Normalmente tenemos dos entrenamientos por día. Por la mañana gimnasio y técnica; por la tarde vóley global”.
Claro, también está el entrenamiento invisible; la alimentación, el descanso, la recuperación y el aspecto mental. “Suelo leer a menudo para nutrir mi mente y aprender constantemente sobre la mentalidad; a este nivel tenés que prepararte más allá de lo deportivo”, jura.
Aunque pasa gran parte del año lejos de Argentina, nunca perdió el vínculo con sus raíces y advierte que lo que más extraña no es un lugar ni una costumbre específica. “Es la comida de mi abuela. No una en específico, sino ese toque especial que le da ella”, admite entre risas, marcando buena parte de su personalidad.
Detrás del jugador que sigue creciendo en Europa continúa estando el chico tucumano que valora los afectos, la familia y las cosas simples. Pablo apunta a una nueva etapa en Francia; una más de un camino que todavía siente lejos de terminar. (Producción periodística: Carlos Oardi)







