La venta ambulante, un conflicto en puerta

28 Noviembre 2008

Existen sociedades que enfrentan los problemas que se les presentan, estudian las soluciones posibles, sopesan las más adecuadas, se deciden por algunas de ellas y las aplican, buscando principalmente una salida definitiva o, por lo menos, a largo plazo. Otras, la menos comprometidas con la cosa pública y con el destino de los ciudadanos, se inclinan por la política del “dejad hacer, dejad pasar” como leit motiv de sus acciones. En lugar de pensar y de aplicar una medida cuando por primera vez se presenta un inconveniente, dejan todo para más adelante. Esta desidia, burocracia e indolencia de las autoridades generan, al cabo de un tiempo, un problema social que se vuelve cada vez más difícil deresolver a medida que pasa el tiempo y no se actúa.
Los vendedores ambulantes forman parte de la historia de San Miguel de Tucumán en los últimos lustros. Pese a las numerosas marchas y contramarchas, anteproyectos y proyectos municipales y provinciales, y promesas de las autoridades de ubicarlos en algún sector de la ciudad, todo quedó en expresiones de deseo. Una de las promesas consistía en construir locales dentro del Predio Ferial. Las obras se iniciaron en 2007, pero no finalizaron. Para que abandonaran las calles céntricas, en 2006, la Municipalidad instaló gazebos en la avenida Sáenz Pena, entre Crisóstomo Alvarez y Las Piedras, en los que cada vendedor acomodó su puesto, y realizó la correspondiente conexión eléctrica. Sólo un grupo de estos vendedores se instaló en el lugar; muchos de ellos se quedaron en la misma plaza Independencia, ante la indiferencia municipal.
En las últimas dos semanas, los gazebos fueron reemplazados por puestos construidos con ladrillos y bloques. Estos ocupan dos metros del ancho de la vereda. Las paredes tienen dos metros y medio de alto. En la acera queda libre un espacio angosto para el paso de los peatones. Además, mediante toldos o sogas, forman una suerte de techo de mercancías debajo del cual apenas se puede transitar. Con el argumento de que los gazebos no resisten las lluvias ni el viento, los ambulantes comenzaron a levantar paredes. Como techo, hicieron enrejados metálicos, sobre los que colocaron lonas o chapas. Una de las vendedoras dijo que el Gobierno les había prometido que iban a tener en el lugar baños y agua corriente, pero que no había cumplido.
Mientras el titular de la Asociación Civil Nuevo Abasto, que nuclea a estos vendedores informales, dijo que poseían permiso por decreto municipal para construir los locales en la vereda, el subsecretario de Planificación de la Municipalidad afirmó que está prohibido construir en la vereda porque es un espacio público, y advirtió que si los ambulantes no demuelen las paredes de mampostería, la Municipalidad lo hará. Mientras el director de Tránsito señaló que se notificó a los puesteros para que no siguieran adelante con las construcciones, los vendedores señalaron que ningún funcionario se había puesto en contacto con ellos.
Esta situación muestra que nos hallamos una vez más a la puerta de un nuevo conflicto social ante la proximidad de las Fiestas de fin de año. Por un lado, se plantea el incumplimiento de la propuesta de las autoridades y por otro, valiéndose de este hecho y paradójicamente para no violar la norma (“no podemos volver al centro, porque tenemos que respetar la ley”, señalan), se construyen estos puestos de mampostería.
Sería bueno para la armonía de los tucumanos que alguna vez se diera una solución definitiva a la venta informal, como ha ocurrido hace años en varias capitales del país.

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