Entre el poder de los votos y el derecho

Cúneo Vergés defendió con crudeza el derecho de Alperovich de nombrar los jueces interinos que él quiera. La confusión entre Estado y partido oficialista. El impuesto que el gobernador sacó de la galera. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

23 Noviembre 2008

El trágico final del ex comisario Mario Oscar "El Malevo" Ferreyra puso otra vez a Tucumán en el tapete, por su lado más negativo. La formidable explosión mediática registrada en torno de aquel episodio oscureció ante la opinión pública, al menos temporariamente, el proyecto de copamiento de la Justicia por la Casa de Gobierno. La imagen de una división de poderes desequilibrada por la preponderante presencia del gobernador sobresale con nitidez. Si algo no puede desconocerse es la tenacidad de José Alperovich para obtener los resultados propuestos de entrada.
El 22 de diciembre de 2003, por decreto, liquidó el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) creado en 1991, cuando él aún no llevaba dos meses de ejercicio en el cargo. En ese momento, la Facultad de Derecho de la UNT y el Colegio de Abogados denunciaron proféticamente que advenía la politización partidista en la designación de magistrados judiciales. Las protestas de esas instituciones no fueron escuchadas, ni tampoco valoradas por una comunidad que sólo ansiaba luz, pavimento, otras obras públicas y una mano dura que pusiera fin al desorden administrativo que encarnó el mirandismo.
Alperovich, desde entonces, ensayó diversos caminos para apartar al Colegio de Abogados de los procesos de selección y para recuperar la facultad de nombramiento discrecional de los magistrados. Argumentos de distinta naturaleza se esgrimieron desde el poder para disfrazar el objetivo estratégico: la Justicia amiga. El empantanamiento de la reforma constitucional en lo atinente al modo de integración del Poder Judicial no enfrió la obcecación de los alperovichistas.
La derivación del pleito a la Corte Suprema de Justicia de la Nación no garantiza una sentencia favorable al oficialismo, pero la jubilación de magistrados abrió una puerta.
El debate del jueves en la Legislatura no hizo más que resaltar la concepción oficialista en la materia. Un dirigente con larga trayectoria como José Alberto Cúneo Vergés describió con crudeza el propósito de la coalición gobernante, al justificar el proyecto que le libera las manos a Alperovich. El supuesto dogmático es que los votos dan el derecho a nombrar a quienes el Gobierno quiera. En suma, la discrecionalidad pura. Muy lejos, por cierto, del decreto del CAM de 1991, que recurría al "asesoramiento de instituciones idóneas" en la confección de las listas judiciales.

A la perfección
Estado y partido son una sola cosa, con la violación de la equidistancia que supone el funcionamiento de la Justicia como contralor de los desbordes de los poderes políticos.
La vuelta al sistema tradicional de elección de jueces basada en criterios puramente políticos se ajusta a la perfección con el libreto gubernamental. Con la puesta en marcha de la designación de jueces interinos en 23 cargos se intentará dar vida al plan de Alperovich.
El oficialismo, sin embargo, es consciente de la catarata de juicios por inconstitucionalidad que se avecina, a raíz de la creación de esa categoría judicial. Cúneo Vergés lo admitió el jueves en el recinto, en un arranque de intolerancia propio de quien no admite otro razonamiento válido que el del ser mayoría sin control. "Judicializarán esta ley porque no pueden vencer nuestros votos", aseveró el ex ministro de Gobierno de Fernando Riera.
El mismo día en que se sancionó y promulgó el planteo alperovichista, los abogados ratificaron la línea de independencia del Colegio profesional al elegir presidente a Eudoro Araóz, de cuya posición no había dudas de ninguna especie en la comunidad jurídica. Antonio Bustamante celebró porque recibió un espaldarazo por su acción durante el desigual combate que libró con la Casa de Gobierno. En derredor de Bustamante se comentó que los abogados que prestan servicios en la Casa de Gobierno y en la Dirección de Rentas habían recibido instrucciones de votar por Pedro Pérez.

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En primera línea
Alperovich no reniega de su ortodoxia oficialista. Diputados y senadores por Tucumán votan en el Congreso lo que haga falta a la Casa Rosada. Con cara de piedra, el ex gobernador y hoy senador Julio Miranda justificó su voto contra la ley de las AFJP, cuya creación había justificado durante el menemismo. Miranda, en ese sentido, no se diferenció del grueso del peronismo, que varió de posicionamientos sin rubores de ninguna naturaleza.
Los socialistas, por convicciones ideológicas, avalaron en el Congreso la estatización de los fondos recaudados por el sistema de capitalización privada, pero empezaron a diferenciarse en otras esferas de la política. Así, el gobernador Hermes Binner santafesino de ese signo partidario reclamó que se modifiquen las retenciones a la exportación de productos agrícolas, porque "son confiscatorias".
Alperovich nunca habló ese lenguaje. Apostó fuerte a la Casa Rosada, pero parece las seguridades financieras que ofrece el kirchnerismo a las provincias, no son tan consistentes. De otro modo, no se explica que Alperovich haya debido anunciar un incremento en la alícuota del impuesto a los Ingresos Brutos, que Rentas cobrará a los bancos y a las empresas de telefonía móvil. "Es un ingreso extra de $ 70 millones", reconoció. De alguna manera, el ciudadano común sentirá el impacto de la suba. Los movimientos en los costos de los productos, bienes y servicios, aunque fueren leves, terminan gravitando en el consumidor final. Esto es lo que enseña la memoria inflacionaria que los argentinos acumularon durante décadas. Cada vaiven de la economía potencia la desconfianza y la incredulidad generalizada.
El descontento con la situación socieoconómica no halló aún cauces constructivos en la vida política. El radicalismo está en plena recomposición, mientras que la disidencia peronista con el matrimonio presidencial no alcanzó un desarrollo unificado en el país. La apertura de una filial del Movimiento Productivo Argentino (MPA), que el ex vicegobernador Fernando Juri confirmó para mañana es un indicio de la configuración del escenario político para 2009. La Casa de Gobierno, no obstante, mantiene el control del ritmo político y pretende pasar en paz el verano. El trayecto hasta fin de año no estará libre de sofocones.

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