Festejos estudiantiles en la vía pública

22 Noviembre 2008

Se suele decir que los derechos de uno terminan donde comienzan los de los otros. El pensamiento repetido desde hace décadas por nuestros mayores resume la actitud de respeto hacia el prójimo que debería mantenerse siempre en toda sociedad civilizada. Sin embargo, especialistas en transgresiones y convencidos que llegado el caso se podrá evadir de la ley, una buena parte de los tucumanos hace caso omiso de los derechos de los otros y los viola como si el fin justificara los medios.
Los festejos de los estudiantes universitarios en la vía pública cuando se gradúan se han convertido en una costumbre en algunas Facultades de la Universidad Nacional de Tucumán. Con frecuencia, en estas ruidosas y alegres celebraciones, los protagonistas no sólo reciben los saludos de compañeros y familiares, sino que se convierten en el blanco de huevazos, tomatazos y harinazos. La ropa se transforma súbitamente en andrajos; los cabellos en un extraño embutido y el cuerpo. Con el correr del tiempo, la artillería para embestir contra el recibido se fue incrementando: pelotitas de telgopor, bombitas de agua y botellas de plástico que contienen preparados especiales de vino, yerba, plasticola, mostaza, ajo y anilina, entre otros ingredientes.
Estos espectáculos, en los cuales sólo disfrutan los protagonistas, son comunes, por ejemplo, en las veredas de la Facultad de Derecho -25 de Mayo al 400- y del Rectorado de la UNT, Ayacucho al 400 y ocasionan inconvenientes a los peatones, a los comerciantes y a los automovilistas. Las calles y las aceras quedan convertidas en un basural.
El jueves, por la tarde, la cuadra de 25 de Mayo al 400 volvió a cubrirse con una capa de engrudo, huevo, papel picado, vino, cerveza y pintura porque alrededor de 15 alumnos de la Facultad de Derecho se graduaron de abogados. Seis agentes de la Patrulla Urbana cortaron el tránsito en la esquina de Santiago del Estero y 25 de Mayo para que los alumnos hicieran sus rituales en la calle. La algarabía no alcanzó a los comerciantes de la zona que se quejaron porque estas celebraciones les generan pérdidas económicas. El empleado de un negocio de decoración contó que en días como el jueves, cuando se reciben alumnos por la mañana y por la tarde, no entra nadie al local.
La semana pasada y ante las renovadas protestas de los afectados por estos festejos, el decano de Derecho le dijo a nuestro diario que estaban considerando la alternativa de que aquellas materias con las cuales se reciben los estudiantes se rindieran en la Quinta Agronómica. “Es sólo una opción, no hay nada definido. El principal deber de los alumnos es ser respetuosos y dar el ejemplo de su formación ante la ciudadanía, aunque es lógica la alegría de un chico que se gradúa”, había dicho.
Por cierto, nadie se opone a que los alumnos celebren su graduación, ya que se trata de un hecho sumamente significativo en la vida de una persona. Lo razonable sería que estos festejos se realizaran en el interior de la unidad académica; de ese modo, no se afectaría la libre circulación de los peatones y automovilistas por calle 25 de Mayo, así como tampoco esa cuadra quedaría alfombrada por la mugre durante algunas horas. A raíz de los recientes hechos, el decano de Derecho anunció que desde el lunes los exámenes se tomarán en la Quinta Agronómica. Nos parece una medida acertada porque no deja de ser una paradoja que quienes han sido preparados para defender la justicia y el derecho de las personas, despierten a la profesión violando una elemental norma de convivencia. No se trata de prohibir estas celebraciones, sino que se desarrollen en un marco que no perjudique a los ciudadanos.

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