Los jugadores sufren la programación del tenis

17 Noviembre 2008

Las críticas que se ciernen, cada año con más fuerza, sobre la programación del tenis profesional, parecen lógicas a la luz de lo acontecido en el reciente Masters de Shanghai y de lo que sucederá en la final de la Copa Davis, que se jugará el fin de semana en Mar del Plata. El casi escandaloso aumento de las competencias y de los premios, las reglamentaciones vigentes que obligan a los jugadores mejor rankeados a jugar una determinada cantidad de torneos y la proliferación de las superficies duras minan la resistencia de los jugadores. Así, las lesiones se multiplican y el agotamiento por tanto viaje y competencia explota cada año mucho antes de que la temporada ingrese en su etapa final. Peor aún, genera acelerados procesos, como el acortamiento de los ciclos de las carreras profesionales de ciertos jugadores, para quienes el tiempo corre con más rapidez que en otras disciplinas.
El paradigma de lo expuesto lo brinda justamente el Nº 1 del mundo, Rafael Nadal: no pudo jugar el Masters y luego desistió de participar de la final que su país, España, sostendrá con la Argentina. La tendinitis en la rodilla lo obligó a desechar ambas citas de gran relevancia, lo que sumió en la decepción a los fanáticos chinos -y por qué no a los argentinos- que esperaban verlo en acción en ambos torneos. En China, a la ausencia de Nadal se sumó la lesión del estadounidense Andy Roddick, que debió abandonar prematuramente el certamen, por lo que se debió apelar a un jugador de bajo ranking, el checo Radek Stepanek, para ocupar su lugar, desvirtuando el sentimiento de competencia entre los mejores.
Pero las cosas no terminaron allí, ya que el Nº 2, Roger Federer, terminó maltrecho, al punto que sólo pudo ganar un partido. Aún más, el propio Juan Martín del Potro jugó el certamen con lesiones en los pies y una fatiga acumulada en los últimos meses luego de haber jugado una gran cantidad de torneos.
Esto último es motivo de una gran preocupación tanto en el seno del equipo argentino, que buscará el fin de semana ganar por primera vez la Ensaladera de Plata, como también en los aficionados. Las dudas sobre la integridad física del tandilense son muchas. De todos modos, él mismo se encargó de calmar a propios y a extraños, cuando sostuvo que pese a sus dolencias, llegará en buena forma a la final. De todos modos, queda claro que el Nº 1 del tenis nacional no llega con todo su potencial y que cada movimiento suyo en la dura competencia que le espera será seguido con una especial atención. A su favor juegan factores como su gran amor propio y una fuerza mental inquebrantable, la misma que lo llevó a convertirse en uno de los diez mejores jugadores del mundo con 20 años recién cumplidos.
El detalle de la edad de Del Potro y de sus complicaciones no es menor: este año, entre otras cosas, el tenis se caracterizó por catapultar a los primeros planos a jugadores muy jóvenes. Con ello, hombres que apenas superan los 25 años parecen veteranos y en una pendiente en sus carreras. Pero ni siquiera ser prácticamente un adolescente les asegura a los jugadores llegar a los cierres de temporada enteros. Sin dudas, aquí no falla la preparación personal y sí lo hace el sistema, al que la asfixiante dinámica que le impone la millonaria inyección de dinero lo lleva a anteponer el negocio en desmedro del deporte.
Sin dudas que el deporte de elite tiene enormes beneficios, pero también sus males se tornan más serios cada día. El tenis es un claro ejemplo de ello. Lamentablemente, las salidas no parecen estar a la vista. Los acontecimientos recientes marcan ello con contundencia y una inevitable dosis de crueldad.

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