Perspectivas desalentadoras
El empresariado tucumano observa con preocupación los pronósticos económicos para 2009. Esperan que el Estado vuelque fondos para reactivar el alicaído consumo. Por Fernando García Soto -Redacción LA GACETA.
Por increíble que parezca, el sector privado de nuestra provincia tiene puestas ciertas expectativas en el año electoral de 2009 como forma de revitalizar la caída que se viene produciendo en los niveles de actividad. La idea de que el Estado -nacional y provincial- volcará cuantiosos recursos en las campañas políticas para la renovación de diputados nacionales actúa como un disparador de esperanzas de que el bajón económico que se preanuncia para el año que viene no sea tan agudo como se pronostica. Tal es el nivel de incertidumbre, que hasta una práctica como el clientelismo, que a buena parte de la comunidad le resulta deleznable, termina siendo una alternativa para paliar la caída del consumo.
En línea con un Gobierno nacional que asienta su fomento al consumo desde la obra pública, espejo en el que se refleja la política oficial de Tucumán, se cree que en 2009 la construcción podría retomar su función de locomotora de la expansión de la economía, aunque sea durante algunos meses. El arco opositor asegura que la necesidad de contar con estos recursos para campaña es lo que llevó a que el kirchnerismo intentara echar mano a los ingresos de los sojeros, a través de la fallida resolución 125, que establecía retenciones móviles a las exportaciones de granos. Tras lo fallido de este propósito, el Gobierno anunció el final de la jubilación privada -el Senado tratará esta semana el proyecto de eliminación de las AFJP-, lo que fue interpretado por los detractores del oficialismo como otra jugada para conseguir recursos frescos en un escenario mundial de contracción del financiamiento.
De cualquier forma, los empresarios están convencidos de que 2009 será un año neutro -sin crecimiento ni retroceso en la economía-. En el plano productivo, las perspectivas de los distintos cultivos de la provincia no son las ideales. El sector azucarero deberá comenzar a planificar y a materializar fuertes inversiones en ingenios y en cañaverales para poder producir azúcar y un volumen de alcohol nunca antes alcanzado para abastecer al mercado de los combustibles a partir de 2010. Los azucareros no son precisamente un ejemplo de organización y de planificación, y esta característica se topará de lleno con la falta de dinero en la plaza, con lo que es posible que sólo unos pocos proyectos orientados hacia los biocombustibles prosperen el año próximo. De movida, miles de cañeros tuvieron una mala zafra y no pudieron realizar adecuadamente las tareas culturales en sus campos, lo que seguramente redundará en menos toneladas de caña por hectárea. En el sector citrícola las cosas salieron bien este año, porque los precios del limón fueron más que satisfactorios, en respuesta a una oferta de la fruta en el mercado mundial que fue restringida. Sin embargo, los productores advierten sobre lo precario de esta buena etapa, ya que sólo con valores altos de los cítricos cierra la ecuación costos-beneficios de la actividad.
La situación no es más alentadora en el sector granario. Los sojeros quedaron planchados luego de un año difícil, en el que computan como resultado final un triunfo frente a la voracidad fiscal del Gobierno nacional y una caída brutal de sus ingresos, por efecto de las retenciones y de precios mundiales de los granos que se desplomaron en los últimos meses. No obstante, la tierra no se esfumó con la crisis, y hay que sembrarla, y se la sembrará con mucha soja, con la confianza de que tal vez algo mejore el año próximo.
En el resto de las actividades vinculadas a la industria, al comercio y a los servicios en general se está llevando a cabo un ajuste acelerado para adaptar empresas y actividades a las nuevas condiciones del mercado. Se vende menos, se trabaja menos y se gana menos. Así están las cosas en la economía de Tucumán, y todas las tendencias son desalentadoras para el mediano y corto plazo.







