
DESDE ADENTRO. Los agentes deben estar atentos a todo lo que pasa. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

Las demandas vecinales a los policías de la Patrulla Urbana, abarcan una extensa franja. Y ello los obliga a convertirse en gestores, psicólogos, asesores, abogados, enfermeros u operadores de la comunidad que les destinan para su custodia y resguardo.
Los efectivos deben intervenir para neutralizar rencillas entre vecinos, ruidos molestos, deben ser orientadores en trámites policiales para solicitar un turno, certificados de buena conducta o cédulas; también son gestores, porque transmiten la inquietud de arreglo o pavimentación de calles, construcción de cordones cunetas, dispensarios, alumbrado y recolección de basura. Asimismo a veces deben practicar primeros auxilios, llamar una ambulancia y hasta asistir a una madre en un parto.
Por lo general, son informados por el referente u otros vecinos, del estado de salud de la adulta mayor, de quienes viven solos , de los que no pueden valerse por si mismos y a veces realizan hasta las compras para alguna anciana impedida o un discapacitado de la zona.
Salvada
“Un día que trabajé en el turno mañana debí atender a una señora, Marta, que sufría un infarto, a cuatro cuadras de la base de este barrio. El día anterior su vecina me había comentado que la mujer se sentía muy mal y que si iba a venir temprano me pidió que me ocupara en ella. Gracias a ese dato la pudimos salvar. Ya que fue trasladada y asistida a tiempo”, contó el suboficial Sergio, del barrio Sutiaga, “También participamos de las fiestas que organizan para el Día de la Madre, del niño, de la Familia. Incluso realizamos los sorteos de premios que se entregan, colaboramos con la ornamentación. Esta gente es como una familia para nosotros”, se explayó Cristian, otro suboficial.
“Ellos están hace cuatro y cinco años en este barrio. Por eso se sienten como si fuera su otro hogar”, acotó Zulema Diaz, la referente social del lugar.







