Visiones de futuro

La falta de perspectivas incide en las adicciones, la violencia y las actitudes marginales, dicen los expertos. El círculo vicioso entre menores, policías y jueces. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.

11 Noviembre 2008

"Me interesa el futuro, porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida", dice Woody Allen. Esta llamativa frase tiene connotaciones psicoanalíticas: pone en escena la idea de proyectos, de expectativas, de ilusiones, de interés por lo que vendrá.
El futuro es la gran carencia que surge en los debates llevados a cabo en los últimos días sobre la juventud conflictiva. En el Congreso Universitario sobre Prevención de Adicciones, el experto Alberto Calabrese mencionó este concepto: "Si cada persona tiene un sentido en su vida, si la nación que la alberga le da la posibilidad de proyectar el futuro, será difícil que las adicciones tengan cabida", dijo. Otro especialista, el psicólogo cordobés Juan Carlos Mansilla, habló sobre culturas juveniles. Opinó que las drogas aparecen como un recurso del aquí y del ahora, y que se vinculan con "la falta de perspectiva que tienen los jóvenes", con el "no futuro". "La solución de este problema pasa por la educación, por el trabajo, por darles a las personas la posibilidad de tener perspectivas en la vida", dijo Calabrese.
En un ámbito más oscuro (el de los menores en conflicto con la ley), y que infunde en la sociedad tanto temor como el de las adicciones, también se habló del futuro. Lo pidieron los padres de los chicos detenidos: "los jóvenes no tienen nada para hacer. No tienen posibilidades de que les den herramientas para hacer algo en la vida", dijo uno. El, como otros familiares de menores conflictivos, puso el acento en que todo el mundo comete errores y que merecen una oportunidad. No obstante, hay personas que más que oportunidades para sus hijos piden ayuda -como la madre del peligroso "Dieguito"- porque dicen que no pueden manejarlos, que se les fueron de las manos.
En la vereda de enfrente, Rodolfo Alvarez, padre de un chico asesinado por un adolescente conflictivo, habló también de futuro, pero desde otra perspectiva. Opinó que está bien que se trabaje con la familia y con lo social. "Pero eso sirve pensando en el futuro -dijo-; es una solución para los chicos de mañana. Lo que yo propongo es para el problema que tenemos hoy". Y ahí clavó el eje del debate.
Siempre las políticas se plantearon para resolver el problema del hoy, caracterizado por el choque entre la visión policial -que reclama que se encierre a los chicos infractores o delincuentes, y que se baje la imputabilidad- y la visión garantista de la Justicia, que afirma que el problema está en otro lado: en las políticas sociales, en la salud, en la inclusión social.
Si no hay inclusión y si aumentan las carencias (como parece ocurrir ahora, ya que se dice que el país está volviendo a los niveles de pobreza de 2001) crecerá el círculo vicioso: más marginados, más detenciones, más liberaciones, en una loca rueda entre policías y jueces: "muchísimas veces vuelven a su casa y roban otra vez. Pero nosotros no podemos dejar de combatir el delito, y debemos detenerlos de nuevo", definió el jefe de Policía, Hugo Sánchez. ¿Cómo se parará esto? "La ley dice que nadie puede estar toda su vida detenido", detalló la jueza de Menores, Nora Wexler.
Esto, evidentemente, no es un problema policial, pese a que son los agentes de seguridad los que se ven obligados a intervenir, ya que crecen los delitos perpetrados por menores. El mismo Estado reconoce que los policías no están preparados para encarar esta tarea. En el instituto Roca, los policías fueron reemplazados por operadores convivencionales. Se trata de un plan en el que se trabaja un poco tanteando, sin saber hacia dónde se va, en el que se destacan los talleres que ayudan a los jóvenes conflictivos a adquirir perspectivas de futuro. Pero no está claro el programa de libertad asistida, porque aún son insuficientes los equipos para supervisar a los menores que son enviados con sus familias de nuevo. Vuelven a tener los mismos estímulos, las mismas faltas de perspectivas, las mismas tentaciones de violencia y drogas. Uno de los padres lo definió dramáticamente: "si la gente que tiene plata vive estos problemas, ¿cómo no los vamos a tener nosotros, que tenemos menos recursos que ellos?"
El debate está abierto y mal hace la sociedad en dejarlo como una pelea de policías y jueces. La subsecretaria de Salud bonaerense, Martha Arriola, acaba de plantear que en Buenos Aires hay que dictar la emergencia social en materia de niñez, triplicar el presupuesto y "enfrentar la catástrofe social de los pibes" (Arriola fue separada ayer de su cargo).
Desde hace tiempo, el médico Abel Albino, el "Doctor Solidaridad", plantea que hay que trabajar desde la cuna con la gente marginada del sistema, pensando en la sociedad que queremos tener de acá a 30 años. Esos chicos están en el futuro de todos nosotros. En ese sitio pensamos pasar el resto de nuestra vida. ¿Qué hacemos al respecto?

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