Los accidentes protagonizados por motociclistas son dramas endémicos. Prácticamente no hay día en que las crónicas no reflejen diferentes circunstancias derivadas de estos percances: muertes, lesiones -a menudo permanentes- y daños materiales de difícil cálculo. Todo ello forma un panorama que genera gran preocupación.
Nuestras ediciones del último mes dieron cuenta de varias aristas de este estado de cosas. Las más dolorosas han sido, por cierto, las tragedias que enlutaron a varias familias y que causaron honda impresión en la sociedad; entre ellas, la muerte de un estudiante en que circulaba en moto y que en la esquina de Salta y San Martín cayó de cabeza en la vereda tras ser chocado por un auto el 12 de octubre, y el deceso de una joven embarazada que fue embestida por un motociclista nueve días después. A estos casos se sumaron la muerte de un hombre en la esquina de avenida Perón y Saavedra Lamas, en Yerba Buena, y el deceso de una joven catamarqueña embestida en la ruta 38, a la altura de Famaillá, el sábado pasado.
Además, las crónicas dan cuenta de choques de motos entre sí; de embestidas contra vehículos estacionados o contra autos que frenaron de golpe; de motociclistas atropellados por automovilistas descuidados o en circunstancias complejas; de motociclistas que embistieron personas; de familias enteras que se trasladan en moto; de lesiones sufridas por mujeres, hombres, ancianos y bebés. De este aspecto -las lesiones- dieron cuenta los jóvenes entrevistados por nuestro diario en el hospital Padilla. Uno de los chicos perdió sus estudios, otro su trabajo y el tercero está hospitalizado desde hace un año. Su vida ha cambiado radicalmente para mal, aun cuando tiene expectativas de volver a comenzar. Otras personas quedaron lisiadas o afectadas para siempre.
A la hora de analizar lo que ocurre hay muchos diagnósticos. Se dice que hasta hace poco tiempo se vendían 2.200 de estos vehículos por mes, al amparo de que su precio es bajo y de las facilidades crediticias. Se dice que las exigencias de las autoridades para entregar la licencia de conductor de estos rodados son mínimas. En su mayoría los motociclistas son jóvenes, y protagonizan un alto porcentaje de los accidentes. Además, hay que tener en cuenta el hecho de que el nivel de percances de todo tipo de vehículos en nuestro medio es alto, a tal punto que varias compañías de seguros no quieren hacer pólizas en Tucumán, y otras aumentaron las primas. De motos, en cuestión de seguros, no se habla.
Así como los familiares y los amigos de la joven embarazada han llevado a cabo marchas de protesta -con justa indignación- para pedir una enérgica reacción de la Justicia y de las autoridades, del mismo modo hay quienes desde su función pública realizan campañas de control de escasa efectividad, mientras otros hasta plantean que se impida la venta de combustible a los motociclistas que circulen sin casco.
Ya no cabe duda de que los accidentes de tránsito son un problema de Estado ni de que requieren una política responsable y comprometida, que deje de atacar la coyuntura. Hace falta un trabajo serio en el que se involucren todas las partes: funcionarios de Tránsito y de Transporte, policías, inspectores municipales, autoridades de salud y hasta los de las áreas que tienen que ver con el comercio de vehículos, para que se lleven a cabo medidas aceptadas y reconocidas por todos. Las reacciones parciales no sirven. El problema sigue creciendo.
11 Noviembre 2008 Seguir en 







