La cruel incertidumbre y la confianza perdida

El mundo laboral está partido en dos. En el sector público se debate sobre la mejora del poder adquisitivo y en el privado cientos de empleados temen por sus fuentes de trabajo. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

10 Noviembre 2008

El mercado laboral se ha partido en dos. En el sector público, los 70.000 estatales tucumanos sólo esperan terminar el año gozando de los anuncios oficiales. José Alperovich habló de alentar el consumo con el pago masivo de sueldos y está dispuesto a volcar en el circuito financiero y comercial, hasta fin de año, unos $ 1.000 millones. Haciendo un grueso cálculo, cada estatal dispondrá de unos $ 3.000 (el tradicional combo salarial de dos sueldos y un medio aguinaldo) para administrar en la última parte de este tormentoso 2008. Después, veremos, dicen en cada oficina pública. Los dolores de cabeza llegarán en muchos hogares de estatales en la segunda quincena de febrero, a más tardar, cuando las vacaciones hayan transcurrido y las preocupaciones por contar con fondos para cubrir la canasta escolar sean más acuciantes. En el sector público, entonces, la inquietud pasa más por el manejo del dinero que por la estabilidad laboral; necesitan que el salario se estire como chicle y deben evitar caer en la tentación del consumo masivo, propio de las Fiestas.
Pero hay otros ámbitos donde el desempleo es un fantasma silencioso que aparece a sus anchas en tiempos de crisis. De ello pueden dar fe las decenas de ex trabajadores de comercios, de industrias textiles o de servicios que a diario pueblan los salones de la filial Tucumán de la Anses. Cada vez más tucumanos reclaman el fondo del desempleo por efecto de una debacle mundial que ya repercute en la economía real.
La angustia se instaló en el sector privado, que da empleo a 166.000 personas. Para muchas de ellas no hay red de contención. A diferencia del Estado, la estabilidad laboral no está garantizada por la buena conducta y, en muchos casos, ni siquiera la productividad cuenta. Juegan otras variables, como el peso de la antigüedad o la carga familiar.
Los empresarios tucumanos, como los de todo el mundo, están especulando; como no saben qué les deparará la crisis se cubren por el lado de los costos. Cerrar el año con la menor pérdida posible es la premisa más frecuente entre los hombres de negocios. Muchos de ellos, en privado, dicen que no hay nada que festejar en el cierre del ejercicio. No fue un año fácil para nadie. Y el Gobierno es responsable directo de este malhumor empresarial que repercute en el mercado laboral. La gestión de Cristina Fernández de Kirchner, acompañada por el silencio o la defensa pública -según el caso- de Alperovich, se encargó, durante el primer trimestre de este año, de seguir dibujando la inflación. Hizo caja (guardó dinero) durante estos 11 meses aun a costa de las transferencias a las provincias, e inclusive fue por más. Trató de sacarle rentabilidad al campo, vía retenciones, e ingresó en una dura disputa que terminó por dividir al país. La economía sintió el impacto. El consumo bajó a mitad de año y hasta una actividad tan pujante como la construcción se vio obligada a detenerse. La suerte acompañó al Gobierno: en medio de tantas peleas intestinas, en el mundo estalló la crisis financiera internacional. Fue la mejor cortina de humo para tapar los grandes males económicos de la Argentina.
Esa crisis ya llegó. Si bien la Presidenta anticipó que el desempleo del tercer trimestre será del 7,8%, la realidad otra vez les va ganando a las estadísticas oficiales. En Tucumán puede que el índice de desocupación se replique, y que los datos oficiales muestren que en el principal aglomerado urbano sólo hay 30.000 personas que contestaron que no pueden conseguir trabajo. Una tasa de un dígito será el efecto arrastre de un mercado laboral activo, debido a la plena labor de las principales actividades productivas locales, como la azucarera y, en parte, la citrícola. Sin embargo, los signos de interrogación se abrirán con los datos del último cuatrimestre o en la medición de los primeros tres meses del año que viene. Por lo pronto, hay indicios de que la situación laboral empeorará. Por caso, la demanda de empleados temporarios por avisos clasificados cayó más de un 12% en octubre. "No es novedad que la incertidumbre no es un buen condimento para la generación de empleo; se necesita un escenario de estabilidad y previsibilidad de largo plazo para favorecer la creación de puestos de trabajo", dijo Julio Bellone, titular de la Federación Argentina de Empresas de Trabajo Temporario.
La confianza es una virtud que se pierde en períodos de turbulencias económicas o políticas. Pero es necesario regenerarla y alimentarla para que el sistema se sostenga. Cada uno de los actores económicos tiene su cuota de responsabilidad. El Estado tal vez deba dejar de lado su voracidad fiscal y contribuir al sostenimiento del sector privado, vía reducciones transitorias de impuestos, hasta que la tormenta pase. Los empresarios, a su vez, deben ser cautelosos en la toma de decisiones, inclusive en aquellas que tengan que ver con el mercado laboral. La cobertura por crecimiento de costos en tiempos de crisis es una receta clásica, pero debe ser usada en su justo equilibrio. Los trabajadores, en tanto, tendrán que aplicar una gimnasia financiera de economía de guerra, porque llegar a fin de mes será más difícil que en el pasado reciente.
La crisis nos envuelve a todos. Sólo hay que saber administrarla para encontrar las oportunidades.

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