El calor impone límites a la práctica deportiva

10 Noviembre 2008

El deporte tucumano enfrenta una vez más el desafío de llevar a cabo un cierre de temporada bajo temperaturas elevadas. Tal como sucedió en los últimos años, el calor llegó para quedarse mucho antes de lo que correspondería a lo que indica el almanaque de la mano del cada día más extremo cambio climático, que incluso obliga a numerosas modificaciones en los hábitos en la población mundial. Sin embargo, nuestra provincia ese problema no parece preocuparles a quienes deben legislar sobre estos asuntos, así como tampoco a aquellos que organizan espectáculos de distintas disciplinas.
Lo sucedido el fin de semana constituye una muestra de cómo la crueldad climática no es tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones o de introducir cambios en la reglamentación vigente. Fútbol, tenis, hockey y automovilismo, entre otras disciplinas, programaron actividades en horarios impropios, lo que atentó contra la salud de los deportistas. En la faz federada en nuestra provincia rige una resolución del Siprosa, basada en la Ley de Medicina del Deporte, que limita la práctica deportiva a una franja horaria, pero su vigencia se extiende desde fines de noviembre a febrero. En ocasiones anteriores en esta columna se planteó la necesidad de que las autoridades reconsideren esta medida, pero nadie parece haber tomado una iniciativa en ese sentido. A nadie escapa que el calor ataca ya desde octubre y se extiende más allá de marzo, con lo que los alcances de la norma debieran ampliarse para salvaguardar la integridad física no sólo de los deportistas, sino también de los espectadores, que, a veces estoicamente, se acercan a darles su aliento.
Mucho se habla y se escribe sobre que el trabajo físico al aire libre, debido al apuntado cambio climático, debe efectuarse bajo especiales circunstancias, cuidando que los efectos del sol sobre la piel y sobre el resto del organismo no se tornen en dañinos. Las olas de calor generan un alerta sobre los cuidados que hay que tomar e involucran a mucha gente. Los mayores que practican actividades amateurs por decisión propia deben ser conscientes de que el cuidado personal tiene que cumplirse como un acto responsable y riguroso. A los chicos -los más expuestos junto con los ancianos- les cabe aceptar las decisiones de los más grandes para no sufrir consecuencias nocivas durante sus actividades a la intemperie. Distinta por su concepción, pero igual por sus efectos, es la incidencia de las altas temperaturas en el marco de las competencias federadas. En estos casos la responsabilidad es compartida, aunque muchas veces el asunto tome la forma de una imposición, fundamentalmente por factores económicos. A la vista de l a desidia que se cierne sobre la materia, resulta urgente tomar cartas en el asunto para evitar males mayores.
En definitiva, y ya en el campo particular, lo mejor que puede hacer cada uno, dadas las altas temperaturas, es provocar, en la medida de sus posibilidades, cambios en las rutinas deportivas. En ese sentido, hay que tomar en cuenta lo que sostienen los médicos deportólogos: no se puede medir a todos con la misma vara porque son muchos los aspectos que hay que tener en cuenta. Estos van desde el peso a la edad, pasando por la relación masa-muscular y masa-ósea, la alimentación, la hidratación, la frecuencia respiratoria, la capacidad aeróbica máxima y la mínima. Otros puntos que se deben tomar en cuenta son si se hace deporte competitivo, lúdico o intermedio. Pero lo más razonable en todos los casos es consultar al profesional especializado para conocer a fondo las variables y las capacidades de cada uno.

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