Constructores de políticas
El ministro Jiménez, liquidador del Consejo de la Magistratura en 2003,pacifica el mundo gremial. Vitar trabajó para dibujar una imagen potable de Alperovich en el Mercosur. La endeblez de la paz social. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
Barak Obama es un referente indiscutido de la política mundial. "Si queda alguien que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, esta noche es la respuesta". Esa definición contundente estremeció a la platea que siguió por televisión y por internet, en tiempo real, el desarrollo de la contienda entre el demócrata y el republicano McCain. No menos impactantes resultaron los reconocimientos mutuos de ambos competidores, en una actitud infrecuente en la Argentina política. La magnitud del problema convocó al bipartidismo estadounidense a buscar salidas.
La globalización informativa atrapó a millones de terráqueos, inquietos por el desenlace del duelo por la presidencia en un país cuya economía en crisis afecta todos los continentes.
Obama sepultó el mito de la inferioridad racial en unos comicios que movilizaron una cifra de votantes voluntarios sin precedentes en la historia política de Estados Unidos, y en los que influyó el efecto de la crisis. La ausencia de prebendas para motivar al ciudadano que acudió a la cita cívica del martes anterior marca una distinción profunda con la experiencia local. En efecto, en los últimos años, cada elección celebrada en esta provincia transcurrió signada por el reparto de bolsones, de entrega de planes sociales y de subsidios por parte del oficialismo. Las formas se fueron haciendo menos escandalosas, pero el fenómeno clientelista permanece intacto.
La construcción de una cultura política que elimine esos mecanismos de sometimiento cívico en Tucumán requiere de una vocación de transformación y de ciudadanos hastiados con el actual modo de gestionar la política. Se necesitan también opositores convencidos y capaces de generar acuerdos creíbles para la sociedad.
Los vedetismos ayudan a concretar los planes continuistas de la Casa de Gobierno y el divisionismo de la oposición es el mejor aliado de José Alperovich. Mientras más protesten sus adversarios, encerrados en sus parcelas, mayor será el rédito que obtendrá el oficialismo. Entre ellos se neutralizan, razonan en ese ámbito. Sólo esperan la proliferación de candidatos a diputados y a senadores para ayudar en forma subterránea a algunos. La vieja receta que prescribe "divide y reinarás" funciona con eficacia.
Medidas preventivas
Es el efecto "bolsillo", que hirió mortalmente la chance electoral de McCain, lo que Alperovich no quiere que lo fulmine en 2009, el año en que buscará una reforma constitucional que haga posible su re-reelección en 2011 y consagrar senadora a la hoy diputada Beatriz Rojkés. Es una operación ambiciosa, y la recesión pronosticada por el propio gobernador la jaquea.
El temor al recalentamiento del clima social hizo que el oficialismo adoptara medidas preventivas para que no se le compliquen las cosas en el último bimestre de 2008. El ministro de Gobierno volvió otra vez a acometer la tarea de conciliar posiciones con los gremios estatales, cuya mayoría aceptó el aumento de $ 300 que se pagará con el sueldo de noviembre. Edmundo Jiménez negoció con destreza el acuerdo, terreno en el que viejos zorros del sindicalismo como Martín Rodríguez (referente de la CTA en la Asociación de Trabajadores del Estado) sacan tajadas. La intransigencia gremial con la Casa de Gobierno sigue liderada, en tanto, por la Unión de Docentes de Tucumán y por Sadop.
Jiménez empezó a descollar en el universo gubernamental cuando liquidó sin anestesia el Consejo de la Magistratura en diciembre de 2003. Acabó con un sistema que despolitizaba el proceso de selección y autolimitaba al gobernador en la propuesta de los candidatos a jueces. Fue el punto de partida del torbellino que agobia al Poder Judicial
El ministro Jiménez es consciente de que está intentando paliar la inflación y nada más. La fiscalización de los arreglos con los gremios pasa por sus manos, pero la estabilidad de ese tejido está atada a factores incontrolables para él. El desbarranque de Cristina arrastraría inexorablemente a Alperovich. La Presidenta se sostiene por la política de pactos que diagramó Néstor en el Congreso, fracturando la oposición. Kirchner recuperó el timón tras la debacle de la resolución 125 sobre retenciones móviles a la soja, y asoció a gobiernos díscolos, como el de Córdoba y el de Santa Fe. Estas componendas, hechas sobre la base de promesas de envío de fondos y de obras públicas, están sujetas a los vaivenes de la tormenta financiera.
La cara regional
Los logros de la administración alperovichista en el plano regional están ligados umbilicalmente a la acción de José Vitar, secretario de Relaciones Internacionales, un ex diputado que supo articular relaciones en el ámbito del Mercosur. Ex asesor de Carlos "Chacho" Alvarez, estrenó el cargo con la Conferencia de Presidentes del Mercosur celebrada entre el 30 de junio y el 1 de julio, en cuya gestación intervino más de lo que se admitió oficialmente. No se durmió en los laureles y trabajó en distintos encuentros regionales, con la idea de relanzar la imagen de Tucumán. Parte de esa estrategia cristalizó en la designación de Alperovich como presidente temporario del Foro de Gobernadores del Mercosur a partir de 2009, función que le dará mayor movilidad exterior a su segundo año de mandatario reelecto. La proyección por el paso de San Francisco es la meta que abordará Vitar en su próxima etapa
La consolidación de la imagen externa del gobernador no fue contrapesada aún por sus opositores en la esfera interna de Tucumán. De estos, el que mayor dinamismo exhibió es el ex vicegobernador Fernando Juri, que se subió al tren del Movimiento Productivo Argentino (MPA). A la puesta en marcha de la filial de ese sector vendrá su presidente, Carlos Brown; luego lo harán Eduardo Buzzi e Hilda "Chiche" Duhalde, en forma sucesiva. La alianza de Juri con el macrismo y con el segmento peronista de Francisco de Narváez está cerrada.
Con todo, el zarandeo a que está sometida la Justicia desde la supresión del Consejo de la Magistratura preanuncia peligros para la independencia de los poderes. Sólo un cambio de la magnitud del prometido por Obama puede detenerlos.







