Intimos antagonistas

La oposición no genera una alternativa de poder y el alperovichismo empieza a creer que sus eventuales antagonistas acaso no provendrán de fuera del justicialismo. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

08 Noviembre 2008

Sin ninguna estructura que lo enfrente, por cuanto la oposición se muestra tan indefensa como inofensiva, el peronismo tucumano parece haber comenzado a generar su propia contradicción. Es un proceso incipiente, pero notorio.
Habrá que precisar que este no es un escenario en el cual no existe la oposición. La hay y demuestra vocación por tratar de cumplir con uno de sus roles: el control de los actos del Gobierno. La Legislatura testimonia, en cada sesión, las denuncias de los no oficialistas, que el bloque Tucumán Crece acostumbra responder con la imposición de sus 44 votos. Digan lo que digan.
En contraste, el papel que ha incumplido la oposición es el de construir una alternativa de poder. Ha fracasado monumentalmente en esta tarea. José Alperovich se regodea con esa situación y desafía a sus detractores diciéndoles que no han sabido reunirse para enfrentarlo, por el puro gusto de ningunearlos: no demoraría en calificar de "rejunte" cualquier coalición que surgiera.
El resultado es que un sector importante de la sociedad percibe que no hay oposición sino opositores. Es decir, sólo expresiones individuales, que molestan al Gobierno, pero no mucho más.
En este contexto, el alperovichismo ha comenzado a advertir que sus eventuales antagonistas acaso no surgirán fuera del peronismo. Y, concretamente, advierten que, entre los potenciales adversarios, hay uno evidente, otro latente y un tercero agazapado.

De frente
El primer rótulo le cabe a Fernando Juri. Desde el gobernador hacia abajo, hay una referencia de pública despreocupación respecto del ex vicegobernador: dicen que ni él, ni el Movimiento Productivo Argentino que promueve, cuentan con una estructura política territorial. Lo interesante del asunto es que el jurismo (es decir, el núcleo de dirigentes que demostró que está con Juri y no con el presupuesto legislativo que él manejaba) se comporta como si asumiera que es así: no se engrupe. Y su trabajo, por estos días, consiste en el rastrear dirigentes y convocarlos a integrar el MPA. El propio Juri hace los llamados. Y viaja a Buenos Aires. Y se reúne con dirigentes de todas las categorías e ideologías, buscando sumar adhesiones.
De hecho, él mismo le ha confiado a sus hombres más próximos que está entusiasmado pero no encandilado con el duhaldismo. Aparentemente, le preocupa el carácter espasmódico de Eduardo Duhalde, que alterna apariciones en actos políticos masivos en los que cuestiona al kirchnerismo, con largas ausencias que ni su entorno logra explicar. De allí que Juri, sin más, decidió avanzar con la estructuración del MPA en este distrito: acá contará con el apoyo del Pro y de Recrear (se reunió en Capital Federal con los presidentes de ambos partidos nacionales), sin importar lo que pase en otras provincias. A la vez, dice que la Sociedad Rural, la Federación Agraria y los productores autoconvocados le manifestaron interés por confluir en su proyecto político.

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En silencio
El antagonista latente es el intendente capitalino Domingo Amaya. Las distancias entre el jefe municipal y el gobernador son evidentes, lo que no significa que sean insalvables. Pero el "Colorado" no es, respecto del alperovichismo, el mismo de la gestión anterior. Hoy equilibra una alta exposición publicitaria en televisión con un mutismo sin fisuras en el plano periodístico. Amaya ha decidido decir nada. Sus cada vez más escasas declaraciones refieren a cuestiones coyunturales, vinculadas sólo a su gestión. Nada más. "No vamos a salir a criticar al gobernador. Pero tampoco vamos a salir a elogiarlo gratuitamente", sintetiza un encumbrado amayista. Sólo le faltó agregar "como lo hacíamos antes" y "como lo hacen hoy el resto de los intendentes".
Y al mandamás de la Casa de Gobierno nada lo desespera tanto como no saber qué quiere uno de los protagonistas de la escena política local. Sobre todo, si ese dirigente administra el segundo presupuesto de la Provincia.
Como se dijo, las cosas no volvieron a ser las mismas luego de que el mandatario provincial, en diciembre de 2007, desautorizara groseramente la decisión del intendente de cobrar a vecinos de Villa Luján, en concepto de "mejoras", el asfalto de la calle San Juan. "Nadie va a pagar un peso por el pavimento", dijo el mandatario, a lo patrón de estancia.
Más recientemente, Amaya anotó en su libro negro de desaires lo acontecido el 8 de octubre. Ese día, cumpleaños de Juan Domingo Perón, acudió a su monumento en el parque 9 de Julio porque tenía previsto dejar una ofrenda floral junto con la presidenta del PJ, Beatriz Rojkés. Pero ella ni ninguna autoridad del peronismo fue a acompañar a Amaya: nadie lo llamó para decirle que el partido había organizado su propio acto. En el entorno del el jefe municipal apuntan contra el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, por el vacío sufrido.
Amaya devolvió las gentilezas. Sin previo aviso, no participó de la inauguración del Congreso Argentino de Cultura, pese a que figuraba como uno de los oradores: pegó el faltazo y no rompió el silencio. Y, con todos pendientes de lo que hace, brilló por su ausencia en la fiesta por cinco años de la gobernación alperovichista.
La cuestión, por cierto, no se reduce al plano de los gestos: ha repercutido en políticas municipales concretas. El primer episodio consistió en la autorización del Concejo Deliberante para que un supermercado abriera una sucursal en el microcentro: Domingo lo vetó y José mandó a los concejales a insistir con la medida.
Luego, la reyerta se trasladó a la licitación de líneas urbanas de colectivos, que se empantanó en los contrapuestos intereses de amayistas y alperovichistas, que tienen distintos favoritos. Porque a la hora de las movilizaciones, la Municipalidad y la Provincia no transportan a su gente con la misma empresa. El resultado de ese proceso determinará cuánto más sigue animándose el "Colorado".

Al acecho
El tercer actor, el agazapado, es el ex magistrado, ex diputado y ex ministro José Ricardo Falú, cuya fugaz aparición como abogado del vocal decano de la Corte, René Mario Goane, en el abortado juicio político en su contra, provocó varios pre-infartos políticos en el Ejecutivo. De hecho, la marcha atrás con el proceso tuvo más que ver con la decisión de no darle tribuna al defensor que con un convencimiento oficialista de que no había causal alguna para remover al defendido.
El alperovichismo asume que Falú está de vuelta en la política. Pero lo angustia no saber cuándo -ni al lado de quién- hará oficial el regreso. Si en 2009, cuando Juri promete dar pelea, o en 2011, cuando no descartan que Amaya (el mismo que dijo "no" a la candidatura a senador para el año que viene) pueda salirles al cruce.
Por cierto, debe precisarse que el Gobierno no se inquieta por el lugar que ocupan hoy esos "compañeros" sino por el que pueden acaparar en el futuro cercano. Dicho en otros términos (en los del primer piso del palacio gubernamental), el Ejecutivo es consciente de que multiplicó el número de opositores, en la política y en la sociedad. De igual modo, la tranquilidad oficialista (evidenciada en que el gobernador se va todos los jueves de Tucumán, a otra provincia o a otro país) radica en que esa masa crítica aún no tiene cauce. Y el temor más inconfesable es que, precisamente, ese descontento pueda ser encauzado por alguno de los tres mencionados? o por todos juntos.

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En expansión
Los opositores, es decir, los miembros de partidos distintos que el peronismo, ya han tomado nota del asunto, alarmados por la posibilidad de que, aquí, a la alternativa del justicialismo no la encarnen ellos sino el propio justicialismo. El vicepresidente de FR, Luis Bussi, hizo público el pavor al decir que Juri no debe ser electo senador por la minoría en octubre próximo porque es peronista igual que Alperovich, al que su comentario, tácitamente, ya le atribuye la mayoría en las urnas.
En verdad, republicanos y radicales argumentan, por distintas vías, que los eventuales antagonistas del alperovichismo que están dentro del PJ son kirchneristas (Amaya), lo han sido (Falú) o quisieron serlo (Juri). A lo que se suma que el intendente y el ex vicegobernador han sido socios políticos principales del mandatario provincial. Es decir, todas son ramas que encuentran un tronco común: el peronismo.
Y el peronismo, consciente de ello, ha emprendido un proceso de blindaje del alperovichismo. Es decir, sus dirigentes sí debaten acerca de si el movimiento atraviesa una crisis ideológica, pero no por ello dejaron de trabajar en la consolidación de la estructura. Eso puede verse en actividades referidas a la vida interna, como la que cada jueves reúne en la sede un promedio de 80 jóvenes graduados universitarios, en una suerte de foro de profesionales. Y se advierte también en el plan para lanzar en 2009 un programa de contacto directo con obreros, sin mediación de caciques gremialistas, que incluirá cursos de capacitación laboral, charlas sobre la doctrina peronista y ciclos de cine.
Pero en donde se torna palpable el proceso de expansión del PJ es en el hecho de que, en los últimos cinco años, se abrieron poco más de 200 unidades básicas en la provincia. Y cada una, además de la tarea política territorial, funciona como oficina de gestión de trámites sociales. El Ministerio de Gobierno les distribuyó manuales de procedimientos para abrir expedientes ante el Ministerio de Desarrollo Social y solicitar allí desde sillas de ruedas hasta pasajes de colectivo. Esto generó no pocas quejas de la ministra Beatriz Mirkin, pero como las ayudas son entregadas en nombre de la presidenta del PJ, no pasaron de una rabieta. Y como, en definitiva, la caja que paga todo eso es del Estado...
A la vez, las unidades básicas no funcionan al margen de los intendentes, los comisionados rurales, los legisladores o los concejales, sino que se les encargó a ellos que se ocupen de mantenerlas activas. Eso deja expuesta una reveladora simbiosis oficialista: con este esquema, en el PJ sólo un Alperovich puede ganar la interna. A la vez, el gobernador se halla en una verdadera relación de dependencia con el PJ: no tiene más estructura que esa.
A un año de los futuros comicios nacionales, y a tres del próximo cambio de Gobierno, oficialistas y opositores ya no creen imposible que el escenario político vernáculo presente un esquema que pueda sintetizarse en un graffiti: "peronistas o peronistas".
Ahora bien, mientras el PJ se prepara para enfrentar esa situación, la oposición, ¿va a hacer algo más que dar su diagnóstico?

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