Una preocupante deserción universitaria

02 Noviembre 2008

Una de las verdades universales sostiene que la educación es el punto de partida para el desarrollo social, económico y cultural de toda sociedad. Desde hace varios lustros, y pese a las reformas y a los posteriores intentos de nuevos cambios, el sistema educativo argentino hace agua. La noticia de que la deserción estudiantil asciende al 60% en todas las universidades del país, incluyendo las de Tucumán, es un indicador de que se necesita una revisión profunda de lo que nos está sucediendo, y no sólo en el ciclo superior.
En el marco del seminario internacional “Diagnóstico y experiencias para la disminución de la deserción estudiantil” se analizó el informe de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación al que hacíamos referencia, según el cual el porcentaje de abandono de los estudiantes fue creciendo en los últimos años y en 2007 alcanzó el 60 %. Este porcentaje surge del análisis de la evolución de los ingresantes a todas las universidades del país, excepto la de Buenos Aires, porque respecto de esta algunos datos aún están siendo procesados. Se señala, asimismo, que las carreras universitarias en las cuales se produce un mayor índice de abandono son las de ciencias básicas; en cambio aquellas vinculadas a la salud son las más convocantes.
El ministro de Educación de la Nación informó que, con el objeto de combatir el problema, se ha puesto en marcha un programa, en el marco del cual se instituyeron 30.000 becas de $ 500 mensuales para estudiantes de carreras universitarias, y de $ 350 para quienes cursan tecnicaturas. Agregó que son necesarias transformaciones pedagógicas y de planes de estudio, y la creación de títulos intermedios, y afirmó que en la actualidad se suma otro fenómeno que incide en el abandono de los estudios: los jóvenes encuentran oportunidad de trabajar, lo cual los seduce a la hora de continuar o no los estudios. El titular de la cartera educativa aseveró además que esta realidad es consecuencia de la desinversión y de la falta de estrategias pedagógicas. “Muchas veces la universidad supone que es el alumno el que tiene que adaptarse. Los egresados del secundario vienen con logros de aprendizaje muy bajos; entonces, el choque pedagógico cultural que significa pasar de la secundaria a la universidad es muy fuerte”, afirmó.
Por su lado, la secretaria académica de la Universidad Nacional de Tucumán admitió que la realidad local replica la que muestra el informe al que hacíamos referencia . La funcionaria, que participó del seminario internacional, coincidió en que la deserción es un problema que hay que atacar desde distintos flancos, y afirmó que es necesario aplicar políticas de retención.
Si el 60 % de los alumnos deja la universidad, significa que algo grave nos viene sucediendo. Habría que ver cómo han avanzado otros países en esta materia. Por ejemplo, en varios de ellos, los docentes universitarios perciben salarios dignos -lo suficientemente buenos como para vivir sin zozobras-, pero también se les exige capacitación permanente y publicaciones anuales. Por su parte, las exigencias para los estudiantes respecto del cursado y de la aprobación de materias son muy rigurosas.
Sin ir demasiado lejos, y en contrapartida con la problemática nacional en debate, el índice de deserción estudiantil en la Facultad de Medicina de la UNT asciende actualmente a apenas un 1,8 % anual, cuando hasta 2002 era del 38,8 %. El decano de esa casa atribuye esa merma significativa, entre otras cosas, al examen de admisión, al cupo de 240 ingresantes y a las exigencias propias de la carrera. Se trata, entonces, de discutir cuál es la educación que debería brindarse en función de lo que queremos, y de aprender de experiencias que han sido positivas.

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