El nuevo año de la vieja política
El gobernador, al hacer un balance de su gestión, destaca lo hecho en educación, salud y empleo. A cambio, la Provincia luce un paisaje de instituciones desoladas. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.
La gestión de José Alperovich (porque es suya y no la comparte) ha cumplido un año más en el Gobierno. El quinto, para mayor precisión, hecho que lo convierte en el gobernador que durante más tiempo consecutivo ha ocupado el cargo en la historia institucional de esta provincia.
LA GACETA lo entrevistó a propósito de esa circunstancia y, tal como se publicó el martes, él sintetizó con cuatro palabras lo que definió como el norte de su tarea: "salud, educación, empleo, trabajo". En rigor, el aparato publicitario estatal machaca sobre los logros conseguidos en esas áreas, que no están libres de polémica. La estadística oficial sobre la mortalidad infantil ha sido severamente cuestionada y denunciada por el radicalismo en Tucumán y en la Nación. La política de suspensión del llamado a elecciones y de intervención en las juntas de clasificación docente enturbia la gestión educativa. Y el historial de sobreprecios (siempre presuntos, claro está) de trabajos públicos sin licitación es una constante ininterrumpida.
Pero también es cierto que, en comparación con el traumático mirandismo, las mejoras en los servicios estatales de educación y de salud son notorias, al igual que la reactivación de la obra pública que, aunque frenada desde mediados de año, genera empleos. El Gobierno dice que Tucumán, en estas áreas, está mejor que hace cinco años. Muchos tucumanos asumen que es así.
Hasta ahí llegó el balance de Alperovich y parece que hasta ahí llega su Gobierno. Más allá está un déficit institucional gigante. De hecho, la Cumbre del Mercosur, puramente institucional, no figura en el raconto del gobernador. Las obras realizadas con motivo de ese encuentro, sí. Es que la postal del alperovichismo es un paisaje de mejoras en calles, hospitales y escuelas que, a la par, muestra severos deterioros en los poderes del Estado que deberían controlar al Ejecutivo. Un panorama que exhibe una falsa dicotomía, porque el respeto por el sistema republicano no se opone a la realización de obras públicas. Sin embargo, en Tucumán, la democracia pavimentadora canjeó instituciones de la República por calles asfaltadas.
Rodeados
En la postal alperovichista, la Justicia aparece asediada. El oficialismo creó un Jurado de Enjuiciamiento controlado por políticos y quiere repetir el esquema en el Consejo Asesor de la Magistratura. Las vacantes no pueden ser cubiertas y su número aumenta (con proyecciones masivas en el futuro cercano) por la jubilación de jueces. El Poder Judicial ni siquiera puede dictarse su propio presupuesto: el jueves, luego de pedir $ 252 millones para 2009, el Ejecutivo les contestó que, con suerte, le darán $ 230 millones. De postre, para remover un vocal de la Corte, en un juicio político, se necesitan menos votos de legisladores que para destituir al gobernador. Murió la igualdad entre los poderes. Se alumbró la república desequilibrada de Tucumán.
Y todo gracias a la reforma constitucional. Porque el asalto institucional fue planificado, aunque no fue prolijo: ya les troncharon varios institutos y está en duda la segunda reelección consecutiva. Pero para subsanar eso siempre está la Legislatura.

Demolidos
Las ruinas del parlamento tucumano son públicas y notorias. De modo inconsciente, sus miembros lo intuyen: construyen un nuevo edificio para la Cámara, a modo de compensar la demolición de un poder que quedó de rodillas ante la Casa de Gobierno.
El parlamento tucumano acepta mansamente su sometimiento. Y tanta genuflexión llega a ser mal vista incluso en el primer piso de la Casa de Gobierno, donde hasta reclaman que se cuiden algunas formas para que no sea tan evidente que el Poder Legislativo está entregado. De hecho, en uno y otro poder son ensordecedores los rumores referidos a que Juan Manzur es, antes que un buen compañero de fórmula por reelegir, un excelente candidato para el Congreso de la Nación.
Alperovich, a propósito de esto, sólo dice que aún no decidió si quiere ser otra vez gobernador. Teniendo en cuenta que sus operadores políticos preparan desde hace rato una nueva reforma constitucional para darle la posibilidad de acceder a un tercer mandato consecutivo, esa respuesta fue más bien una elegante manera de evitar contestar una pregunta concreta de este diario: si decide postularse otra vez en 2011, ¿se reeditará la fórmula Alperovich-Manzur?
Ocultados
Cuesta caro carecer de calidad institucional. Tan caro que no se sabe cuánto: es imposible averiguar cómo y en qué gasta el Gobierno los dineros del pueblo. Lo único seguro es que no los usa para resarcir a los tucumanos, porque mantiene inalterable la emergencia económica (el año pasado la prorrogaron hasta 2009, inclusive), a pesar de que, en cinco años, administró unos $ 22.000 millones e incrementó en un 120% su presupuesto. A causa de ello, quien ganó un juicio a la Provincia cobra con títulos públicos. Pero eso no fue obstáculo para renegociar un contrato bancario, triplicar el canon mensual del agente financiero, y reconocerle una deuda de casi $ 9 millones, que se pagará sin necesidad de llegar a una instancia judicial. Otra muestra de que canjearon el Estado de Derecho por el Estado de Excepción.
Las certezas en el manejo del erario se extinguen aquí. Porque desde hace un par de años, los proyectos de Presupuesto General son inaccesibles incluso para los legisladores. El año pasado, los parlamentarios no recibieron copias porque las autoridades de la Cámara adujeron que tenían un archivo informático con el detalle de las partidas que sólo podía ejecutarse en una computadora de la Legislatura, a la que le habían instalado un programa especial. En 2006, el pretexto fue que no tenían plata para fotocopias. Aún no se sabe qué excusa darán este año, cuando reciban un proyecto de Presupuesto de poco menos de $ 6.180 millones, con un exiguo superávit que será de poco más de $ 1,5 millón

Desvirtuados
Así como no puede conocerse lo pautado, tampoco se logra averiguar sobre lo gastado. La Cuenta de Inversión 2007 no dijo cómo ejecutó las partidas la administración pública centralizada: el acuerdo dictado por el ente de contralor olvidó emitir dictamen al respecto. Cuando LA GACETA lo advirtió, le echaron la culpa a un "error informático" y agregaron 42 palabras, para decir que está todo bien. Que todo es "razonable". Con esa palabra sintetizaron lo hecho por la gobernación, sus ministerios, secretarías y direcciones durante el año pasado: ese en que hubo tres elecciones.
En definitiva, tras cinco años de gobierno, el oficialismo consiguió que no se lo controle: no hay control político ni administrativo y peligra quien quiera ejercer control judicial: cuando trascendió, aparentemente por una infidencia cortesana, que René Goane votaría a favor de las impugnaciones contra institutos de la Constitución de 2006, el oficialismo buscó desprestigiarlo y destituirlo. Este es el advenimiento del alperovichismo incontrolado.
Si el Ejecutivo hace esto con los otros poderes, iguales a él, ¿qué hace con aquellos que no están en pie de igualdad?
Para testimoniarlo están las comunas: ya ni siquiera les queda la posibilidad de recaudar y administrar sus propios tributos. Los cobra Rentas y se los maneja el Gobierno. Este sometimiento desvirtúa la elección popular: no importa el signo político del comisionado, debe hacer cuanto le ordene la Casa de Gobierno.
A los municipios no les va mejor: siguen sometidos por el Pacto Social, que les garantiza el pago de salarios y los despoja de la coparticipación. Luego, el Ejecutivo les asigna obras públicas según lo gastadas que estén las rodilleras de los intendentes. Pero aunque el mandatario provincial declara que él cuenta con el apoyo de los 19 jefes municipales, hay uno que no fue a brindar con él por los cinco años de Gobierno, en la celebración del miércoles, en Yerba Buena. Domingo Amaya, por esas cosas de su agenda, viajó a Buenos Aires ese día. "Hay una crisis tremenda como para andar de fiesta", aseguran que dijo antes de subir al avión.
La sumisión parece ser el único vínculo relacional que concibe este Gobierno y, por ello, esa es la posición adoptada con la Nación: Tucumán es una provincia arrodillada ante los caprichos kirchneristas. Así fue en marzo, cuando quisieron quedarse con la mitad de lo que exporta el campo; así es hoy, cuando quieren estatizar las AFJP sin declarar intangibles los fondos aportados por los trabajadores; así fue el mes pasado, cuando cambiaron la hora y los tucumanos empezaron a cenar cuando aún es de día.
Mellados
En este contexto, las instituciones intermedias viven en la zozobra. Al Colegio de Abogados intentaron quitarle el control de la matrícula, lo cual fue frenado por la Legislatura anterior. La CGT, lejos de la unidad, probablemente se dividirá en tres, con facciones llenas de gremios históricamente combativos y amansados de la noche a la mañana. En la FET, a Julio Colombres le costó la reelección haber conducido esa entidad con seriedad y con la convicción de que no debía ser indiferente a los problemas de la ciudadanía. Ciudadanía que ve, cada vez con más frecuencia, las incoherencias oficialistas. Un día ponen en venta los edificios centenarios; al otro día no. Después resuelven llevar a Francisco Sassi Colombres a la Corte; más tarde retroceden. Al tiempo deciden destituir a Goane; luego dan marcha atrás. Una tarde abren el stand de la Provincia en la exposición de la Sociedad Rural, en Palermo; dos horas después lo cierran.
Todo esto mella al Gobierno. El gobernador dijo que enfrentarse a los productores rurales durante el conflicto con el campo hizo crecer su figura, pero no muestra ninguna encuesta. Los miles de tucumanos que llenaron dos veces la plaza Independencia para repudiarlo parecen contradecirlo. El alperovichismo, en el fondo, no ignora el desgaste. Alperovich mismo abrió el paraguas: planteó que es difícil repetir un triunfo como el de su reelección, cuando obtuvo el 80% de los votos emitidos, y que triunfar en 2009 con el 50% de los votos es concretar una gran elección. Parece que esos sondeos que no exhibe dicen que perdió votos a raudales
Tal vez por eso, y porque es rápido de reflejos, el mandatario decidió no aplicar en 2009 la mitad del revalúo inmobiliario que tiene pendiente desde 2007. Una pelea menos con una clase media que ya demostró estar presta para salir a la calle a protestar.
Es pan para hoy y elección para mañana. Incluyendo el de la re-reforma para la re-reelección. Es el nuevo año de la vieja política.







