La recesión: El maremoto que se viene
La crisis global, cuyos coletazos ya se sienten en América Latina, provocará una abrupta desaceleración del crecimiento económico en la región que podría escapar, sin embargo, del colapso en el que otras tormentas financieras la sumieron en el pasado. Se confirman los temores de una recesión en Estados Unidos.
A partir de las derivaciones que van surgiendo de la crisis internacional, todo el mundo habla de recesión, de desaceleración y de otra serie de términos que se entremezclan en nuestras cabezas. Según el diccionario de la Real Academia Española, la desaceleración es la acción o efecto de desacelerar. Por lo tanto, cuando se menciona una desaceleración se enfatiza en una reducción del ritmo de crecimiento. En cambio, hablar de recesión es hablar de palabras mayores. En principio una recesión sería una reducción del Producto Bruto Interno (PBI). Es decir, la producción, la renta, la riqueza nacional, cae y se pierde poder adquisitivo. Técnicamente se considera que un país entró en recesión cuando el PBI decrece tras dos trimestres de caídas consecutivas.
El PBI de Estados Unidos retrocedió un 0,3% en el tercer trimestre a ritmo anual, un dato que confirma los temores a una recesión en la primera potencia mundial, pero que reforzó las alzas en los mercados financieros por tratarse de una caída menor de lo previsto. En la Eurozona, la confianza de los empresarios y los consumidores retrocedió en forma drástica en octubre para alcanzar su nivel más bajo desde 1993.
Luego de cinco años en los que el PBI de la Argentina creció a tasas que se ubicaron entre el 8,5% y el 9,2%, y con estimaciones en torno al 6,5 o 7% para el promedio general de 2008, la mayoría de los economistas pronostica una expansión de entre 3 y 4% para 2009. O sea, una desaceleración. Recesión es el fantasma que nadie se anima a pronosticar, pero que algunos ya empiezan a mencionar en voz baja.
Los empresarios nacionales que se reunieron la semana pasada en Mar del Plata, en el marco del 44º Coloquio de IDEA advirtieron que la economía argentina sufrirá una desaceleración en el corto plazo que traerá un aumento del desempleo. Por lo pronto, María Castiglioni, de la consultora Asesores Económicos. "La economía el año que viene va a crecer poco y nada. Hemos revisado nuestro pronóstico de crecimiento real. Tenemos un pronóstico del 1,6% de expansión, con caída de inversión", dijo la analista. El economista tucumano Franco Nanni opina que la contracción de los ingresos por exportaciones (ocasionados por la caída en el precio de nuestros productos), acompañada de la falta de confianza que el país ha despertado en el exterior, puede producirse una caída del producto real o recesión (de hecho, ya se produjo una caída de su tasa de crecimiento o desaceleración).
En Tucumán, el Gobierno se sumó a la preocupación que invade a los empresarios. "Lo que presiento que va a suceder, sin ser dueño de la verdad, es que se puede venir una recesión importante en toda la actividad privada", señaló el gobernador, José Alperovich. Las empresas han comenzado a reducir considerablemente los gastos, no tomando nuevo personal o, directamente, echando empleados; mermando los niveles de producción y achicando toda erogación de la que se pueda prescindir. "Hay mucha preocupación por la caída de los mercados internos, que se han aflojado muchísimo, y no sabemos cómo va a reaccionar el mercado externo. Los parámetros no son buenos. 2009 será bastante complicado". aseveró el presidente de la Unión Industrial de Tucumán (UIT), Fernando Allena. El sector azucarero también está siendo afectado por la retracción de la economía, según el presidente del Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART), Julio Colombres. "Si bien no fue tan significativa como en la soja, el precio del azúcar en el mercado mundial cayó un 12%, lo cual afectará nuestra capacidad exportable en la medida que la variación de la relación peso dólar no compense tal situación", recalcó.
El economista tucumano Osvaldo Meloni señala que la Argentina debería tomar medidas que le devuelvan la credibilidad perdida y la hagan merecedora de crédito a tasas bajas como los que ofrece el FMI. Esas medidas deberían incluir -destaca- transparentar la información pública y la renegociación con los holdouts y el Club de París. "Asimismo, se deberían bajar paulatinamente las retenciones y el impuesto a los créditos y débitos bancarios como una forma de estimular la producción y el empleo", concluye.









