Soja y confianza son las claves

Por Eduardo Robinson - Economista.

02 Noviembre 2008

Inexorablemente, la economía internacional tienda a una desaceleración. Se afirma que en América del Sur, en la medida que no se deterioren los precios de los commodities que exportan las economías de la región, el cimbronazo puede pasarse sin demasiados costos.
Tal argumento se sustenta en el hecho que en general los países de sudamericanos muestran buenos fundamentos macroeconómicos: cuentas corrientes positivas, bajo nivel de endeudamiento, superávit en el sector público, robustas reservas internacionales y aceptable solidez del sistema bancario.
Ahora bien, este constituye un diagnóstico general. Pero al analizar cada país en particular, surge la distinción entre aquellos que supieron aprovechar el momento expansivo y quienes no. Y lamentablemente la Argentina, está en este segundo grupo.
Nuestro país dejó pasar el buen momento para normalizar la situación financiera con el resto del mundo, con el Club de París y con los bonistas que rechazaron el canje de 2005; se manipularon las estadísticas; siguieron las retenciones a los sectores más dinámicos de la economía; no se mejoró la inversión en infraestructura energética; no se implementó un esquema de coparticipación tributaria que mejore y despolitice el vigente y se debilitaron las instituciones. En las últimas semanas, con la agudización de la crisis externa, el Gobierno decidió hacer a los apurones lo que no hizo antes: el arreglo con los acreedores. Estos importantes temas se plantearon a destiempo, o al menos no en el mejor momento, y además, por necesidad, no por convicción, se consiguió el efecto contrario del buscado, es decir se debilitó la confianza.
Para completar el cartón, se decidió estatizar los ahorros previsionales de las AFJP, lo que exacerbó la incertidumbre. En este marco la economía argentina, tendrá una desaceleración, cuya magnitud dependerá básicamente de la evolución del precio de la soja y de la credibilidad en el esquema económico.
El fondo anticíclico que podría haberse constituido durante la expansión con ahorro fiscal, precisamente para moderar los efectos de una recesión, es reemplazado ahora por los ahorros de los trabajadores que voluntariamente optaron por permanecer en el régimen de capitalización.
Bajo este razonamiento, en caso de prosperar la ley que modifica el régimen provisional, es muy probable que se reduzcan los efectos de la crisis, porque habrá un fondo anticíclico. Pero este será sólo un efecto de corto plazo. Mientras tanto, las preferencias sobre cómo cuidar los ahorros, hacia dónde canalizarlos, seguirán siendo las monedas extranjeras.

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