El día en que el Consejo perdió una oportunidad
Cuando la sociedad les pide transparencia a sus instituciones, la solicitud de informes a un secretario del Gabinete de Juan Cerisola pasó a Asuntos Jurídicos sin discusión. Por Nora Lía Jabif - Editora de Cultura.
Sin decir "agua va", el Consejo Superior de la UNT dejó pasar como un mero trámite el primer pedido de informes que le hizo ese cuerpo a un miembro del Gabinete del rector Juan Cerisola. Ocurrió el martes, en sesión ordinaria del cuerpo, y lo que el Consejo había requerido era que el secretario de Bienestar Universitario, Ramiro Moreno, le explicara en qué había consistido el auspicio a la fundación Fudenoa durante los años 2006 y 2007. En la Secretaría Académica se leyó el informe que había preparado Moreno en su descargo. Según trascendió, la otra parte en conflicto (Fudenoa) también le habría hecho llegar al cuerpo su versión de los hechos. Pero ese informe -si existió- no fue leído.
Como se dijo antes, el informe del secretario Moreno pasó en velocísimo trámite a la dirección de Asuntos Jurídicos (para su análisis). Alguien amagó un tímido "que se vote"; pero ese amague fue rápidamente sepultado por un "pase a Asuntos Jurídicos", sin mandato de dictamen alguno. En síntesis, algo así como un "léase y archívese".
Sólo hubo tibias advertencias de que en la UNT (tanto desde el Rectorado como de sus unidades académicas) hay numerosas situaciones de auspicios a institutos y fundaciones de distinta índole que, de un modo u otro, explotan el buen nombre de la institución; entre los tímidos reclamos de los presentes estuvo el de auditar esos acuerdos.
En lo que concierne al conflicto que se suscitó entre Bienestar Universitario y Fudenoa, la síntesis es más o menos la siguiente: Moreno dice que el auspicio concluyó a comienzos de este año, y que la secretaría a su cargo sólo recibió dinero -alrededor de $3.000, se dijo- para hacer publicidad. La versión de la Fundación es que el auspicio sigue vigente; que el monto entregado fue mayor -en LA GACETA hay copias de recibos por $17.000, que fueron entregadas por el titular de Fudenoa- y que los pagos no se efectuaron por "confección de afiches". En el informe que le giró Moreno a Cerisola (el mismo que se leyó el martes en la sesión) no se adjuntan copias de los recibos de pago de Fudenoa (es de suponer que serán incorporados al expediente que fue a Jurídicos).
Si los escenarios hablan, en esa sesión dijo más la "puesta en escena" que las intervenciones -o las omisiones- de los consejeros superiores. Llamó la atención el marco multitudinario en el que se desenvolvió la sesión: la sala del Consejo en la que se leyó el informe de Moreno fue literalmente copada por una audiencia en la que se mezclaban estudiantes (referentes de centros) y miembros del gremio de los no docentes y de Construcciones Universitarias. Vale señalar que esa repartición, que históricamente estuvo bajo la órbita de la Secretaría de Planeamiento, ahora reporta directamente a la "mesa chica" del Rectorado. Obras son amores. Desde la barra, siguiendo la sesión, la vicerrectora de la UNT, María Luisa Rossi de Hernández, sólo miraba, con el rostro tenso, pero no participó. De vuelta a la imagen de la multitud dándole su apoyo a Moreno (para eso fueron), nunca hubo tanta audiencia en alguna sesión en la que se trataran, por caso, cuestiones de índole académica.
Por otra parte, el Consejo, en su celerísima respuesta, parece haber olvidado que hace apenas un año la UNT se vio envuelta en un escándalo por diplomas truchos de supuestos abogados; y que esa causa está en la Justicia Federal, así como también está a la espera de definiciones el episodio por las notas truchas de alumnos de la Facultad de Derecho.
El martes, el Consejo Superior se perdió una oportunidad de protagonizar uno de esos ejercicios de transparencia que tanto les está reclamando la sociedad a sus instituciones.







