Un rey enfermo de poder

Apenas Scheherezade y Shahriyar ingresaron a la "Ruta de la muerte" vieron que poco había cambiado desde la Cumbre del Mercofrut. Por Roberto Espinosa - Redacción LA GACETA.

12 Octubre 2008

Tras beber un sorbo de vino, el rey Shahriyar la acarició con la mirada y le dijo: “Así como todos los caminos llevan a La Meca, todos los horizontes conducen a Alá”. Los ojos de Scheherezade se elevaron al cielo buscando la inspiración para un nuevo relato. Vio una nube raleada por el viento que se abrió sobre ellos como un paraguas y descargó una lluvia de hollín tapizándolos a ellos y al patio del palacio. “Me parece que todos los vientos con cenizas no nos conducen a Alá, sino al inverosímil Tucumán”, murmuró la bella doncella, consciente de que iniciarían así las mil y cuarenta y siete noches.
La pareja preparó las vituallas necesarias para el viaje y se trepó al camello Almanzor. Tenían la expectativa de encontrarse con un Jardín de la República distinto, luego de la Cumbre de Emperadores del Mercofrut, tal como había vaticinado Al Rachid. Apenas ingresaron por la Ruta de la Muerte, vieron que poco había cambiado, excepto centenares carteles enormes con la cara del jeque que rezaban: “Gobernación Al Rachid”, “Gracias a nuestro amo Al Rachid”.
Al pasar por la entrada a La Perla del Sur, una bonita joven les arrimó un copioso folleto en cuya portada se leía “EMAR”. Shahriyar preguntó:
- Dime, moradora, ¿qué significa esa sigla?
- Estrategia Marca Al Rachid. Es una forma de vender Tucumán...
- ¿Cómo? ¿Se vende esta feraz tierra? ¿Hasta tanto han llegado los negocios inmobiliarios aquí?
- No, no. Quiere decir vender Tucumán al turismo, es para que nos visiten más...
- ¡Qué extraño eso de marca!
- Es que Al Rachid, entre tantos tesoros, tiene un concesionario y vende muchas marcas de dromedarios y camellos...
Siguieron camino. Un ventarrón de hollín les ennegreció hasta los dientes. La doncella leyó en la guía los curiosos consejos de AR que le habían permitido diseñar su propia Marca: “Cómo tener jueces propios y subordinar la Justicia”, “Ideas para destruir el patrimonio arquitectónico en pro de los negocios inmobiliarios”, “Alcances mercantiles y psicológicos de la expresión ‘esto se hace para darle trabajo a la gente’ para justificar una decisión de gobierno dudosa, en cuanto al destino de los beneficios e intereses”, “Estrategias para atornillarse al poder: colocarse en el rol de víctima, aparentar indiferencia, descalificar a la oposición y pedir al mismo tiempo control”, “Cómo explotar el síndrome de palos en la rueda”, “Ardides para no otorgar el 82 % móvil a los jubilados, desobedeciendo a la Justicia”, “Técnicas para cambiar de camiseta: el PC, la UCR, el PJ y lo que vendrá”,  “Los Decretos de Necedad y Ultraje”, “Teoría y práctica de los bolsones”, “Cómo ingresar a la historia tucumana: el antes y el después de Al Rachid”...
Scheherezade escrutó el rostro de Shahriyar y dijo: “¿Pensaste alguna vez, amado rey, en construir tu propia marca?
- Cierta vez, un rey enfermo de poder se angustió tanto ante la posibilidad de perderlo, que por decreto ordenó que lo atornillaran al trono, de manera que nadie, ni siquiera Alá pudiese arrancarlo. Un día el palacio comenzó a incendiarse y el fuego lo incineró, y se llevó su ambición de perpetuidad.
- ¿Ese es el destino de los megalómanos?
- Tal vez estas cenizas que caen ahora sobre nuestras cabezas y ensucian el alma provengan de alguno de los tantos que horadaron la historia.

 

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