Las vacas flacas y la voracidad alperovichista

El ala económica del Gobierno anuncia que viene la escasez. Pero el sector político desconfía. Y asumen que durante el 2009 de las elecciones no faltarán recursos ni ATN. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

11 Octubre 2008

La certera noción de que a los períodos de bienestar les suceden etapas de carestía es tan vieja como el Antiguo Testamento. De hecho, la Sagrada Escritura contiene, en el libro del Génesis, el célebre relato que tiene por protagonista a José y su conocida capacidad para interpretar los sueños. Es sabido que él calmó la angustia onírica del faraón cuando le explicó que las siete espigas flacas de trigo que se devoran a las espigas gordas, y que las siete vacas famélicas que se comen a las bien alimentadas, eran un mensaje de Dios. Advendrían siete años de abundancia seguidos por otros tantos de escasez. Y, por tanto, él debía ordenar que se recaudara la quinta parte de lo producido por la tierra de Egipto durante los tiempos de opulencia para poder sobrevivir durante la etapa de pobreza.
Acaso porque se trata de un texto religioso, esta inspiración divina de José parece haber evitado de manera involuntaria que se ponderara debidamente un acontecimiento que no es menor: el faraón escuchó e hizo caso. Y el faraón, en esta historia, no cuenta con ninguna iluminación ultraterrena: sólo tiene a mano su criterio. Ese criterio le permite prever la crisis y planificar cómo enfrentarla, a partir de la sensata decisión de evitar el despilfarro en la bonanza. Lo cual, por cierto, expone una cuestión inquietante, fuera del plano de las creencias: la necesidad de tener gobernantes prudentes es tan antigua...
Claro está, de eso, en Tucumán, no se consigue. Y, para peor, acaba de llegar la hora de las vacas flacas. Al menos, eso pregona el ala económica del Poder Ejecutivo. El desplome de los mercados, alertan, se traducirá en una merma de recursos nacionales.

Cuento chino

En el complejo escenario de un capitalismo infartado, un funcionario de alto rango da un ejemplo simplificado para explicar por qué el crac bursátil hará escasear recursos en la provincia: el primer comprador de productos chinos es Estados Unidos. Y el quinto comprador también es norteamericano: la cadena Wal Mart. La retracción de la economía estadounidense, por ende, repercutirá en China. A su vez, China querrá pagar menos por los cereales argentinos. Ingresarán menos recursos al país porque desmejorarán las condiciones de la exportación. La Nación tendrá menos plata. Y mandará menos a Tucumán. En todo caso, remitirá menos recursos discrecionales: las retenciones a las exportaciones no son coparticipadas a las provincias. Pero, en cualquier caso -insisten en el gabinete económico-, es menos plata. Por ejemplo, para obras públicas "extras" con las que el kirchnerismo premiaba la fidelidad alperovichista.
En términos de este sector oficial, esta crisis va a embromar las cosas para la provincia. Y, tal como se oirá en el palacio de 25 de Mayo y San Martín a partir de la semana que empieza mañana, no va a quedar otra más que ajustar el gasto.
Eso de ajustar el gasto público implica que el Gobierno, si bien no puede echar estatales, tampoco está obligado a tomar más empleados públicos. Ahora bien, en el Ejecutivo advierten que el achique no sólo alcanzará al personal. También afectará los contratos de obras públicas. Por supuesto, para entonces ya les habrán pagado a las constructoras amigas, y en efectivo, las redeterminaciones de precios, por un lado, y los adicionales para los certificados de obras, por otro. Finalmente, anticipan que la cincha también se ceñirá sobre los gastos corrientes: se autorizarán solamente los que sean indispensables. Se vienen las caras de "pocos amigos" en el funcionarato.

Comprender es mejor
El gobernador estuvo en Buenos Aires durante la semana por dos razones clave a los efectos públicos. La primera consistió en auscultar a la Nación sobre los fondos para el año próximo mediante el Plan de Asistencia Financiera. Aunque es octubre, el ministro de Economía, Jorge Jiménez, siempre fue madrugador en esa negociación, con la convicción de que el que pega primero, pega dos veces. Y, en principio, no les fue mal. La Nación promete un piso razonable para la coparticipación federal de 2009. Pero todavía falta mucho para cerrar el trato. Ese mucho está compuesto, por ejemplo, del reclamo opositor en el Congreso para que lo que se recauda por el Impuesto al Cheque no vaya a las arcas nacionales sino que sea coparticipado a las provincias. Así, compensarían la merma en la recaudación por la caída de Ingresos Brutos que se daría en un marco de recesión económica. Veladamente, muchos congresistas oficialistas proponen esa medida como moneda de cambio para extender los superpoderes del jefe de Gabinete. La segunda razón del viaje del gobernador fue obtener información sobre lo que vendrá. En principio, le fue mal. Habría encontrado que en la Casa Rosada hay mucha gente desnuda y a la intemperie en materia de diagnósticos. Todos están planeando de aquí a 48 horas. El que habla de lo que va a pasar en tres días está mintiendo.

Más por menos
Si José Alperovich tiene pesadillas políticas es porque no supo interpretar que la época de vacas gordas también imponía deberes. Por el contrario, mientras más recursos manejaba esta gestión, más aumentaba la deuda pública provincial.
Expresado en cifras, en 2003, el presupuesto fue $ 2.522 millones. En 2005, ya alcanzaba los $ 2.730 millones. Y en 2006, totalizaba $ 3.489 millones. El Presupuesto 2007 fue de $ 4.361 millones. Es decir, $ 872 millones superior respecto del anterior. Y el de 2008 trepó a $ 5.006 millones, o sea, $ 645 millones más que el año pasado. A eso hay que agregar los $ 550 millones de la ampliación aprobada hace dos semanas. De manera correlativa, la deuda pública consolidada era, en diciembre de 2003, de $ 2.416 millones. En enero de 2005, subió a $ 2.882 millones. En enero de 2006, aumentó a $ 3.114 millones. En diciembre de 2006, trepó a $ 3.454 millones. En enero de este año ya superaba los $ 4.256 millones. En junio pasado, alcanzó los $ 4.443 millones. En otras palabras, a pesar de que los recursos provinciales se incrementaron un 120% durante el alperovichismo, el endeudamiento público, lejos de disminuir, aumentó en lo que va de esta misma gestión un 84%.
¿Exactamente a qué sueño alperovichista corresponde semejante derroche?

Buenos muchachos
Los técnicos oficialistas advierten que el control de la Nación sobre las erogaciones de las provincias va a ser particularmente celoso el año que viene, no sólo por la angustia de recursos sino también porque 2009 es un año electoral: en octubre se renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Y, dicen con elegancia, hay una natural tendencia a incrementar el gasto público en los años electorales.
Curiosamente, es por obra y gracia de ese calendario comicial que los funcionarios políticos del alperovichismo no están tan preocupados. Cuando hay elecciones, dicen con la voz de la experiencia, la plata por algún lado aparece. De hecho, un agudo analista político que ha vuelto a transitar los pasillos del palacio gubernamental desde hace unas semanas, advierte que el ala económica del alperovichismo está contando, otra vez, el viejo cuento del Gobierno pobre. "La plata de la coparticipación federal del año que viene va a ser mucha y está garantizada. Pero aquí van a terminar este año diciendo que hay poco y van a empezar el próximo diciendo que hay nada. En realidad, están armando el colchón para capear el temporal, en el mejor de los casos, o para afrontar las elecciones, en la más probable de las posibilidades", desmitifica.
A eso se suma que, los que no son nuevos en la política, saben que para costear los comicios siempre se puede contar con los Aportes del Tesoro Nacional. El kirchnerismo ha apelado descaradamente a estos recursos para financiar las elecciones en los distritos adictos. Para el caso, durante este año sin votaciones, la Nación mandó $ 2,8 millones. Pero durante 2007 de la interna del PJ (en abril), de la reelección provincial (en agosto) y de los comicios presidenciales (en octubre), remitió $ 14,7 millones. Durante 2006 de la elección de convencionales constituyentes, llegaron $ 5,5 millones. La cifra es muy cercana a los $ 5,8 millones de 2005, cuando se renovaron cuatro diputados. Pero es muy lejana del $ 1,1 millón de 2004, cuando no hubo llamado a las urnas.
Aunque critican a Carlos Menem, los Kirchner fueron buenos alumnos suyos. Porque entre 1990 y 1999, la única lógica de los $ 102,6 millones que llegaron a Tucumán, por medio de 243 ATN, estuvo dada también por los cronogramas electorales.
En 1991, hubo ATN por $ 2,9 millones: $ 2,8 millones llegaron en setiembre, cuando se hicieron las primeras elecciones tras la intervención federal. En octubre y en noviembre, ni un peso. En octubre de 1993 hubo comicios de diputados. De los casi $ 19 millones de ese año, $ 14,5 millones arribaron hasta ese mes. En noviembre, ni un peso.
En 1995, los ATN para Tucumán sumaron $ 7 millones. El 36% ($ 2,5 millones) llegó en junio: el 2 de julio hubo elecciones generales en la provincia. En octubre del 97 hubo otra elección de diputados: de los $ 16,8 millones en ATN de ese año, el 100% ingresó hasta ese mes. Luego, claro, ni un peso. En 1999, los comicios de autoridades provinciales fueron el 6 de junio. Hasta ese mes, entraron $ 11,1 millones en ATN. En agosto llegaron apenas $ 170.000. El resto del año, ni un peso más.

La reforma agazapada
El año próximo puede ser pródigo en ATN, porque además de los comicios nacionales, puede que haya también una elección provincial. Según susurra un funcionario, el alperovichismo espera el momento propicio para proponer una modificación parcial de la Constitución local. Una reforma que, con la excusa de plasmar un nuevo mecanismo de designación de jueces (el de 2006 fue tronchado por la Corte), también habilite un tercer mandato para el gobernador. Según este colaborador, en el oficialismo no creen que el dudoso artículo 159 (según el cual el primer período de esta gestión no fue el primero) pueda sobrevivir las objeciones judiciales.
El plan termina de anudarse con una premisa: la única posibilidad de disputar con éxito los comicios de octubre consiste en provincializar esas elecciones nacionales. Ese argumento exhibirán ante la debilitada Presidencia para conjurar cualquier reproche, como los que frustraron el tercer mandato del jujeño Eduardo Fellner y del bonaerense Felipe Solá. El año que viene, el alperovichismo quiere ir por todo. Porque, razonan, sin 2009 victorioso no hay 2011 posible.
La de esta provincia, queda claro, es la historia de una rapiña sin fin. Aquí, cualquier premonición sobre la crisis hubiera tenido un capítulo adicional. Uno en el que las espigas flacas se esconden bajo tierra y en el que las vacas flacas huyen despavoridas. Porque viene el oficialismo y hasta ellas saben que, si las alcanza, se las devora. Tucumán es un mal sueño. Y una peor realidad.

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