10 Octubre 2008 Seguir en 
Los tucumanos vivimos el miércoles uno de los días más penosos del año, merced a la naturaleza y a la mano malintencionada del hombre. Un fuerte viento azotó la provincia, en especial la zona del Este. De acuerdo con el informe de Defensa Civil de la Provincia, las ráfagas de alrededor de 56 kilómetros por hora derribaron varios postes y alimentaron focos de incendio en campos de varias localidades. El director de la repartición afirmó que durante todo el día se registraron más de 10 focos de fuego y que se trataba, en su mayoría, de campos en los que se estaba quemando maloja, en forma intencional. El viento influyó para que los incendios se agravaran, y en consecuencia las cenizas y el polvo dejaron a la miseria los ojos de miles de tucumanos. Como consecuencia del viento, las llamas se expandieron y fue necesaria la intervención de personal de Defensa Civil y de los cuerpos de bomberos voluntarios de Tafí Viejo y de la capital. Las zonas en las que más focos de fuego se registraron fueron La Florida, Los Gutiérrez, Los Pereyra, Colombres y varios campos que se encuentran cerca del trazado de la ruta provincial 302. Pese a que una nube de tierra y cenizas cubrió durante varias horas esa carretera y la 316, que conduce a Los Ralos, no se produjeron accidentes.
En diversas oportunidades hemos reflexionado desde esta columna acerca de la quema intencional de cañaverales, de la casi ausencia de aplicación de la ley, de los perjuicios que ocasiona a la salud esta práctica legendaria que, por lo visto, está lejos de ser erradicada. En nuestro suplemento Rural del 3/10, expertos de la Estación Experimental Agrícola "Obispo Colombres" (Eeaoc) señalaron que esta práctica tiene consecuencias negativas para la comunidad, porque perjudica la calidad de vida en las cercanías de las zonas productoras e ingenios. Además, genera serios riesgos de que los fuegos descontrolados afecten cañaverales vecinos u otros cultivos, la visibilidad de rutas y las líneas de energía eléctrica. A los productores también les genera perjuicios -afirmó un técnico de la Eeaoc-, tales como pérdidas de azúcar cuando la quema se asocia al estacionamiento poscosecha, situación que se agrava aún más si la caña sufrió los efectos de la helada.
Por otro lado, el fuego elimina la posibilidad de que retorne al suelo biomasa vegetal e impide el aprovechamiento energético-económico de los residuos de cosecha. Según el especialista, en la actualidad es factible manejar los cañaverales sin el empleo de la quema. La actividad azucarera de Tucumán cuenta con alternativas de manejo suficientes para afrontar con éxito este desafío, que redundará en una producción sustentable, con menor impacto ambiental y más amigable con la comunidad.
A fines de agosto pasado, el aeropuerto "Benjamín Matienzo" quedó paralizado por 48 horas, debido a que una de sus autobombas se rompió cuando sofocaba el incendio de un pastizal en la zona de la pista. Esta se encuentra rodeada de fincas donde se producen quemazones que reducen la visibilidad de los pilotos, lo cual genera un peligro permanente. Ayer se repitió esta situación en la aeroestación, pero sin consecuencias. Hasta la fecha no se conoce quiénes fueron los responsables y si fueron sancionados tal como establece la ley 6.253.Esta realidad está reflejando la poca voluntad de las autoridades de aplicar la ley para desterrar esta penosa costumbre de contaminar el medio ambiente y dañar la salud de los tucumanos. Bastaría con sobrevolar el área afectada por la quemazón para determinar luego quiénes son los propietarios de los cañaverales y sancionarlos. Si no se educa ni se aplica la ley, seguiremos sin erradicar esta perniciosa práctica.
En diversas oportunidades hemos reflexionado desde esta columna acerca de la quema intencional de cañaverales, de la casi ausencia de aplicación de la ley, de los perjuicios que ocasiona a la salud esta práctica legendaria que, por lo visto, está lejos de ser erradicada. En nuestro suplemento Rural del 3/10, expertos de la Estación Experimental Agrícola "Obispo Colombres" (Eeaoc) señalaron que esta práctica tiene consecuencias negativas para la comunidad, porque perjudica la calidad de vida en las cercanías de las zonas productoras e ingenios. Además, genera serios riesgos de que los fuegos descontrolados afecten cañaverales vecinos u otros cultivos, la visibilidad de rutas y las líneas de energía eléctrica. A los productores también les genera perjuicios -afirmó un técnico de la Eeaoc-, tales como pérdidas de azúcar cuando la quema se asocia al estacionamiento poscosecha, situación que se agrava aún más si la caña sufrió los efectos de la helada.
Por otro lado, el fuego elimina la posibilidad de que retorne al suelo biomasa vegetal e impide el aprovechamiento energético-económico de los residuos de cosecha. Según el especialista, en la actualidad es factible manejar los cañaverales sin el empleo de la quema. La actividad azucarera de Tucumán cuenta con alternativas de manejo suficientes para afrontar con éxito este desafío, que redundará en una producción sustentable, con menor impacto ambiental y más amigable con la comunidad.
A fines de agosto pasado, el aeropuerto "Benjamín Matienzo" quedó paralizado por 48 horas, debido a que una de sus autobombas se rompió cuando sofocaba el incendio de un pastizal en la zona de la pista. Esta se encuentra rodeada de fincas donde se producen quemazones que reducen la visibilidad de los pilotos, lo cual genera un peligro permanente. Ayer se repitió esta situación en la aeroestación, pero sin consecuencias. Hasta la fecha no se conoce quiénes fueron los responsables y si fueron sancionados tal como establece la ley 6.253.Esta realidad está reflejando la poca voluntad de las autoridades de aplicar la ley para desterrar esta penosa costumbre de contaminar el medio ambiente y dañar la salud de los tucumanos. Bastaría con sobrevolar el área afectada por la quemazón para determinar luego quiénes son los propietarios de los cañaverales y sancionarlos. Si no se educa ni se aplica la ley, seguiremos sin erradicar esta perniciosa práctica.







