Una tormenta para los pilotos de la bonanza
La crisis internacional pone en juego la gestión de un gobierno que aún no abre las puertas a la discusión con el campo. La riqueza se esfuma cuanto más pasa el tiempo. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
09 Octubre 2008 Seguir en 
En menos de un año, la Argentina pasó de la abundancia a la pobreza. El Gobierno nacional pagó un precio más alto que el de mercado para sostener las retenciones móviles a los granos, que terminaron de echar por tierra la rentabilidad de un sector que venía gozando de uno de los mejores momentos de la historia económica argentina. El campo ya no produce como antes, como en 2007, que parece tan lejano como las amarillas páginas de un manual de historia. Por si fuera poco, los siete años de vacas flacas se inauguraron con una fuerte debacle financiera internacional que derrumbó los precios de los commodities. En cascada, el Gobierno sintió el impacto directamente: la recaudación no le permite hacer política por todo el país. Cristina Fernández de Kirchner ya no recorre las provincias inaugurando obras. En su mayoría están paralizadas porque la Casa Rosada dejó de enviar a los gobernadores la cuotaparte de una política tan asistencialista como discrecional, según la cual ganan los aliados y pierden los contestatarios. El gobernador, José Alperovich, también se vio obligado a reformular su agenda en un mundo cada vez más convulsionado, en el que el "sálvese quien pueda y como pueda" es la moneda corriente. Sus viajes a Buenos Aires son tan fugaces como las gestiones que realiza en los despachos de los funcionarios nacionales. Hasta hace algunos meses, entraba sin golpear en la oficina de tal o cual ministro para pedir fondos para Tucumán. La situación se modificó y de un modo abruto. Ayer almorzó con el presidente del Banco Central, Martín Redrado, y a los postres sólo escuchó el escenario que se viene para la Argentina 2009. Nada más... Nada menos... Luego de la comida abordó el avión sanitario de la provincia y emprendió el regreso a Tucumán, sólo con renovadas promesas, pero nada de efectivo. Se va el año y, con él, la "caja" extra de la que disfrutó la Argentina gracias a la burbuja de los precios de las materias primas. La economía nacional perdió, hasta ahora, unos U$S 10.000 millones con la baja de los commodities, según los cálculos del economista Ricardo Arriazu, convertido en una suerte de pronosticador del rumbo económico internacional. Acertó cuando habló sobre la debacle mundial, pero prefiere dejar de hacer pronósticos, porque si la volatilidad del momento puede voltear las economías más sólidas del planeta, mucho más puede golpear los vaticinios de los analistas.
La bola de cristal sólo muestra nubarrones; la caída de precios agrícolas amenaza con un cambio de ciclo económico en el país (de expansivo a recesivo; de la bonanza a la carestía). Es en épocas de fuertes lluvias cuando aparecen los pilotos de tormenta. Alperovich deberá gobernar en un escenario sustancialmente diferente. Lo cierto es que en los primeros cinco años de gestión se había limitado administrar riqueza, y la palabra crisis había sido erradicada del diccionario oficial.
Las hormigas
Los números se asemejan a inquietas hormigas, que vienen y que van, cuando un productor debe calcular cuánto gastará en la próxima cosecha; cuando una ama de casa define los gastos del mes o cuando un ministro de Economía analiza la proyección de ingresos para los próximos meses. La rentabilidad de los productores es prácticamente cero. El valor de la canasta familiar (para una familia tipo) supera holgadamente los $ 1.500 mensuales, y los casi $ 7.000 millones que el Gobierno nacional previó en el Presupuesto gastar y distribuir (por la vía de los ingresos) en Tucumán son, hasta ahora, sólo una promesa oficial; una más entre tantas para un año electoral como el que se viene.
Todos los factores económicos navegan en el mar de la incertidumbre. Y hasta ahora no se evidencia un gesto superador. El Gobierno nacional crea un comité de crisis, pero deja afuera a su ministro de Economía; tampoco da señales claras de dialogar con el campo. Y la Provincia acompaña silenciosamente la política de la Casa Rosada. Los ruralistas protestaron ayer en plaza Independencia y sólo fueron escuchados por la férrea columna de Infantería que custodió la Casa de Gobierno. Dentro del edificio reinaba el silencio: la línea de conducción institucional de la provincia se había ausentado de Tucumán. En este contexto, hacen falta políticas de apertura para que la crisis mundial no termine haciendo rodar el Tucumán productivo y pujante.







