Miedos de barrio
En cuestiones de drogas, la Policía suele actuar a partir de denuncias vecinales y la mayoría de las veces detiene a trafiadictos. De los narcotraficantes, poco se sabe. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
"El miedo replegó a esa gente". El subcomisario Mario Murcani, de la subdelegación Concepción de la Policía Federal, lanzó su singular sentencia acerca de los narcotraficantes, y dijo que habían recibido un "duro golpe" durante los operativos de la semana pasada. Lo mismo opinó el comisario provincial Luis Ferreira, de la subdelegación Concepción de Drogas Peligrosas (de la Policía tucumana). "La situación por ahora está controlada", coincidieron. Ambos hablan de control (policial) y de miedo (de delincuentes). ¿Será así?
* Si bien es cierto que uno de los operativos fue exitoso (se detuvo en la ruta 38 una pareja que llevaba 10 kilos de marihuana y dos de cocaína en un auto), el otro, el más difundido -el del narcotraficante del sur apodado "Yapa"- dio como resultado el decomiso de apenas 100 gramos de cocaína, tras una investigac ión de un año. Dicho sea de paso, contra el hombre había también una causa por el robo de un televisor, lo cual no se condice con la envergadura que, se supone, tiene un gran narco.
* Uno de los operativos terminó con el hallazgo de una cocina de cocaína en un taller mecánico ubicado en barrio Parque Guillermina. El descubrimiento fue casual: los policías buscaban una moto robada. Los traficantes, obviamente, no tenían miedo de que los descubrieran y montaron su cocina a pocas cuadras de la casa del mismo gobernador de Tucumán.
* Fuentes policiales dicen que la Dirección de Drogas Peligrosas secuestró un 15 % más de estupefacientes que el año pasado. Lo que no está claro es si esto quiere decir que hay más operativos policiales, o bien que aumentó el tráfico de drogas en la provincia. El subjefe de Policía, comisario general Nicolás Barrera, dice que "hoy, por hoy, en Tucumán se ha instalado la comercialización de drogas".
* Si nos atenemos a las palabras de Barrera y del ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, esto se debe más a la casualidad que a otra cosa: la Dirección de Drogas peligrosas, con apenas 30 hombres, no tiene medios específicos ni capacitación (según López Herrera). De hecho, los operativos de esta sección consisten, por lo general, en detenciones de consumidores o de trafiadictos con 10 o 15 "porros" para vender. Se registran unos seis procedimientos de este tipo por día.
* De ser así, no sólo se está hablando de un comercio absolutamente menor -no les deja ningún dividendo a los pequeños vendedores o "retails"- que en nada se parece a lo que el imaginario social piensa acerca de los narcotraficantes- sino que choca con la queja de los jueces federales, que reclaman que la mayoría de los operativos van en contra de consumidores y no de verdaderos narcos.
* Asimismo, esto se entronca con el inconcluso debate que se inició en el plano nacional entre despenalizar el consumo de drogas (propuesta realizada a partir de encuestas manejadas por el Ministerio de Justicia nacional, según las cuales no es tan grave el consumo de drogas como el de alcohol) o seguir con la actual política de operativos policiales. Obviamente, las fuerzas de seguridad, que no saben a qué atenerse, siguen trabajando como siempre, tratando de medir el éxito policial sobre la base de la cantidad de detenciones. Aunque luego la Justicia las invalide.
Pese a que el tema adicciones y drogas es uno de los que más preocupan a la sociedad, poco y nada se sabe de su aspecto delictivo, a no ser por la inquietud de los expertos independientes acerca del incremento del problema en barrios marginales. Pero en cuanto a lo específicamente penal, que podría guiar el trabajo policial, sólo hay intuiciones derivadas de la experiencia: no se conocen perfiles de vendedores, de consumidores ni de fabricantes de drogas; no se sabe sobre lugares de venta (se habla siempre de Villa 9 de Julio y de "La Bombilla"), ni sobre tipos de venta (abierta o vía delivery), ni de distribución en lugares de diversión nocturna... Por lo general, son las denuncias vecinales la fuente de la tarea de las fuerzas de seguridad.
Aunque no hay informes serios que vinculen el consumo de estupefacientes a la violencia -como sí los hay en el caso del alcohol- los vecinos de los barrios se asustan cuando ven chicos reunidos en las esquinas. Interpretan que están drogándose y llaman a la Policía. Bien lo dice el subjefe de la fuerza: "en muchas ocasiones se interviene por las quejas vecinales. A veces, la cantidad de droga secuestrada es poca para la Justicia. Pero para el impacto social es importante". Es decir, se actúa en función del miedo del vecino. Que no es el miedo del traficante y que no resuelve el problema.







