La ley de la selva en su máxima expresión
El incidente durante el cual resultó muerto un delincuente desnuda otra cara de una sociedad violenta. Asaltar acompañado por un hijo y defenderse a toda costa. El gobernador Alperovich aceptó que la inseguridad los está sobrepasando y que no saben cómo contenerla. Por Juan Manuel Montero, editor de Policiales.
Juan López Posse es un comerciante conocido. Tiene 76 años. Durante mucho tiempo fue propietario de una joyería hasta que la situación económica lo obligó a cambiar de rubro. En la planta baja de su casa montó una librería, puso una fotocopiadora y anexó una agencia de quiniela. En calle San Martín al 100 lo conocen todos. Lo consideran un hombre respetuoso, amable, que nunca había tenido problemas con nadie. Vive con sus dos hijas. Pero, como todos, le temía a la inseguridad. Por eso, detrás del mostrador, había guardado un revólver Colt, calibre 32 largo. Ya lo habían asaltado en anteriores oportunidades y había decidido que ante un nuevo ataque, se iba a defender.
A Oscar René Vega le decían "Ojito" y tenía 33 años. La Policía lo consideraba un delincuente menor. Había estado dos veces preso en los últimos 10 meses. Una por robo agravado, otra por portación ilegal de armas. Vivía en una villa de emergencia en el barrio General Olleros. No se había hecho rico robando. Estaba desesperado. Los policías no podían entender cómo se le había ocurrido asaltar acompañado por su hijo, un menor de edad al que se vio salir corriendo aterrorizado cuando su padre cayó sin vida sobre la calle. Su arma no funcionaba: cuatro veces accionó el gatillo, pero ninguna bala salió.
Había muy pocas posibilidades de que ambos hombres coincidieran en otra situación. Y, cuando por primera vez cruzaron la mirada, la muerte se hizo presente.

No dan abasto
La semana pasada, el gobernador José Alperovich inauguró la sede de la Patrulla Motorizada de Las Talitas. Los hombres motorizados son las estrellas del plan de seguridad pergeñado para Tucumán. Sobre ellos recae el peso tanto de la prevención como de la represión del delito. Tienen por misión circular las 24 horas para evitar que se perpetren asaltos y, si no pueden evitarlos, detener lo antes posible al delincuente. Son perros de presa y muchas veces actúan de esa misma manera: no piensan y por eso también se han convertido en la dependencia más denunciada por abusos, lo que se contrapone con la cantidad de detenciones que concretan. Alperovich trató de ser sincero: "no damos abasto". Hablaba de la inseguridad. Pero enseguida usó su latiguillo preferido: "estamos trabajando fuerte". "La gran lucha que tenemos es el tema de la seguridad. Estamos tratando de esclarecer los hechos, pero el avance que estamos teniendo es muy fuerte; esto es muy difícil", reflexionó. Y fue más allá: "hacemos todo lo que podemos. Pero hay gente que le roba a quien no tiene nada, cada vez es más, más..."
Lo que sucedió el miércoles está fuera de todo raciocinio. El atraco fue en pleno centro, a menos de una cuadra de la seccional 1a, frente al Concejo Deliberante, a dos cuadras de la Casa de Gobierno, y cuando la calle estaba superpoblada, ya que la gente salía del trabajo. De un lado, un delincuente que intenta robar acompañado por su hijo. Del otro, un hombre que reacciona y dispara evidentemente sin darse cuenta de que podría haber matado a un inocente. Defendió lo suyo a toda costa. Nadie que no esté muy preparado sabe cómo reaccionará ante un atraco, pero si ya tenemos un arma de fuego a mano, lo más probable es que la usemos.
Bajo el influjo de la droga
El mal endémico en materia de inseguridad en la provincia es el robo al voleo. Aquel justamente del que nadie está exento. El 90% de los asaltantes en Tucumán no tiene criterios a la hora de robar. Espera su oportunidad y ataca sin planificación previa. En esto influye muchísimo el uso de drogas. El 80% de los delincuentes actúa bajo la influencia de estupefacientes. Es contra esa modalidad con lo que deben lidiar los policías. El foco tiene que estar puesto sólo en un tipo de ataque. No hay bandas organizadas y los delitos informáticos están golpeando las puertas de la provincia. Pero también esos ataques arbitrarios son los más difíciles de combatir. La Policía afirma que los ciudadanos deben respetar mínimas medidas de seguridad. Pero siempre aconsejan no resistirse.
López Posse ya salió en libertad. Actuó en legítima defensa y además, por su edad, era previsible que no permanecería aprehendido mucho tiempo más. El fiscal Carlos Sale se ajustó a la ley y ni siquiera pidió su detención. Pero el comerciante y su familia sufrirán las consecuencias psicológicas inevitables. El también es una víctima de esta sociedad violenta en la que vivimos.
La Policía aún no supo resolver ese intríngulis llamado robo al voleo y las medidas que se tomaron hasta el momento son más efectistas que efectivas. Ese trabajo es diario y prueba y error. Hasta aquí la solución definitiva no se avizora.
Los ciudadanos, como dice Serrat, somos afectos a pelearnos por ver quién es el que la tiene más grande. Y, cuando se habla de armas de fuego, eso siempre puede terminar en tragedia.








