Un desafío que está a la vuelta de la esquina

Faltan apenas dos meses para la realización en Tucumán del II Congreso Argentino de Cultura, pero hasta el momento no se ha medido la importancia de la oportunidad. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

22 Agosto 2008
La presentación oficial ante la comunidad tucumana del II Congreso Argentino de Cultura -que se realizará en la Provincia en octubre- ha llegado entrecruzada con los cuestionamientos de un grupo de intelectuales al rol del presidente del Ente Cultural, Mauricio Guzman, por su participación como funcionario durante el gobierno constitucional de Antonio Domingo Bussi, a quien se juzga en estos días por la desaparición de Guillermo Vargas Aignasse.
Si bien la organización del Congreso nunca se detuvo, también es cierto que no había habido hasta ahora anuncios públicos a toda orquesta ante el temor de que el conflicto entre el Gobierno y el campo se prolongara por tiempo indeterminado, con la consecuente paralización de las actividades institucionales del Estado.
Como un rol del intelectual es su función crítica, el reclamo por Guzman ha dividido las aguas: están los que piden la cabeza del funcionario; y hay quienes señalan que los 262.000 votos que obtuvo Bussi en 1995 permiten inferir que Guzman no ha sido el único que, directa o indirectamente, ha trabajado bajo la órbita del hoy procesado ex militar. Hay una "tercera posición", que pide que se evalúe a Guzman por su gestión, que tiene adherentes y detractores (sería presuntuoso afirmar cuántos hay de cada lado).
De lo que no hay duda es de que al actual titular del Ente Cultural hay que exigirle por lo menos dos cosas: 1) que el organismo que él preside garantice espacio para todas las voces y expresiones artísticas, estéticas y culturales por igual y; 2) que muestre transparencia en el manejo de los fondos que el Gobierno provincial le otorgó al sector. Guzman reconoció un presupuesto de $21 millones, cifra casi sin precedentes en el área de Cultura de la Provincia.
A Guzman se lo ha criticado por su parcialidad en el manejo de la cuestión patrimonial; tema que, para un hombre de la cultura, debería ser una bandera. Pero fue también él quien destrabó la encerrona en la que se había metido el Gobierno. Trascendió que mientras él negociaba que Tucumán fuera la sede del Congreso de Cultura, cuando le señalaron la conflictiva situación que se vivía en Tucumán, una llamada del secretario de Cultura de la Nación, José Nun, a Alperovich, convenció al mandatario de que era necesario devolver al sistema de protección patrimonial los inmuebles que él había mandado desafectar.
Pero eso es historia, y el presente es el Congreso, para el que faltan menos de dos meses, y sobre el cual la ciudadanía tucumana casi no está enterada. Pareciera que hasta ahora, a diferencia de la Cumbre del Mercosur, el Poder Ejecutivo no se ha "apropiado" del Congreso, que interesa tanto porque es un hecho político/cultural como turístico. Habrá que preguntarse por qué al lado "duro" de la política le cuesta comprender cómo incide la cultura en la calidad de vida de un pueblo.
El Congreso es un desafío. Para la Provincia, porque pone a prueba una vez más, como lo hizo con la Cumbre, su capacidad organizativa para dar respuesta a una audiencia que se estima masiva: Guzman afirmó que ya hay más de 1.200 inscriptos.
Para la Nación, el reto está no tanto en la calidad intelectual de los invitados a las conferencias y mesas redondas como en garantizar que haya espacios de participación para los numerosos artistas y productores culturales que querrán expresar sus puntos de vista y mostrar sus experiencias en el Congreso. La experiencia del encuentro que se realizó hace dos años en Mar del Plata podría ser una enseñanza al respecto: en líneas generales, la burocracia intelectual -en el sentido no despectivo del término- copó entonces la escena. Y la voz de los hacedores quedó relegada a foros que, en la percepción de muchas delegaciones, no fueron más que un relleno sin peso en los documentos finales. En el actual esquema del Congreso están presentes esos foros y otros espacios presuntamente participativos: resta saber si los artistas aprovecharán ese ámbito, y si sus voces serán escuchadas esta vez.

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