El Parlamento eleva su vuelo

La forma en que el Poder Ejecutivo debió aceptar que se retire el convenio con Marsans da cuenta de que el Parlamento ya no es más una mera escribanía. Por Angel Anaya - Columnista.

21 Agosto 2008
BUENOS AIRES.- La forma en que el Gobierno debió retirar del proyecto legislativo el acta acuerdo con Marsans sobre Aerolíneas Argentinas ha sido el testimonio más concluyente de que el Congreso no es más su dócil escribanía desde la madrugada del 16 de julio.
Es muestra de la resignación presidencial la forma directa con que el titular del bloque oficialista de Diputados, Agustín Rossi, informó a la Presidenta que las decisiones clave de ese proyecto serán de carácter exclusivo de los legisladores y no del artificioso dictamen del Tribunal de Tasación del Estado ni el organismo que designe Marsans.
Rossi repitió la nueva realidad en declaraciones reiteradas y ahora espera que el dictamen oficialista salga airoso, contando con el apoyo de diputados oficialistas pero no kircheristas sumisos que rompieron sus ataduras en el debate de las retenciones móviles. Horas después de esa liberación parlamentaria, Kirchner escuchaba advertir en Olivos a Carlos Reutemann que no era un peronista disidente de su PJ de fierro, pero también advertencias de que la mudez oficial que alarga la crisis con el campo no debe prolongarse más. ¿Acaso no se puede jugar a dos bandas? En otros tiempos, hasta la madrugada del 16 de julio, el ex presidente no hubiera tolerado esa suerte de exigencia, pero cierto es también que todo lo que no cambia muere y el matrimonio del poder está tratando de elaborar un nuevo maquillaje.

Las urgencias cercan Olivos
Es evidente que ese maquillaje no consiste en que Cristina abandone su retórica ríspida o tenga a su lado en tales ocasiones a un Kirchner impávido con expresión ausente. En Malvinas Argentina y en otro acto por chiquiteces, la Presidenta arremetió con su nuevo tono contra los medios e intereses que pretenden un “gobierno light” ante un supuesto colapso o debilidades de gestión imaginarias. Pero nada anunció sobre esa lista de realidades adversas que la obligaron a reabrir las puertas del Congreso y seguir recomprando títulos regulados por el Indec para evitar lo que consultoras internacionales pronostican como aproximaciones a un segundo default. La deuda pública asciende actualmente a U$S 150.000 millones y esa recompra proseguirá en principio hasta fin de año, cuando haya vencimientos por U$S 4.800 y U$S 4.900 millones; el año próximo, ineludiblemente electoralista, esos compromisos sumarán U$S 19.100 millones. Es lógico que mientras dure ese ausentismo informativo presidencial el ministro de Economía haya anunciado que el superávit fiscal en julio subió el 56,1 %, si bien a costa, lo que no dijo, de menores envíos de fondos a las provincias, y que el silencioso Carlos Fernández no haya aceptado dialogar con el periodismo en la Casa Rosada. (De nuestra Sucursal)

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