21 Agosto 2008 Seguir en 
Da la impresión de que en muchos aspectos de nuestra realidad tucumana, la historia vuelve a repetirse. Ello refleja una suerte de imposibilidad de convertir las palabras, las promesas en hechos. Pese a que fue declarada monumento histórico en 1954 y de interés provincial en la década de 1970, la casona de La Ramada de Abajo, Burruyacu, donde descansó San Martín en 1814, es recuperada cuando se aproxima el acto del 17 de agosto que evoca el aniversario de la muerte del gran Libertador, y luego es nuevamente olvidada.
En 1814, el general José de San Martín era jefe del Ejército del Norte, y tenía su cuartel en San Miguel de Tucumán. El historiador A. J. Pérez Amuchástegui señala que el 25 de abril, San Martín fue atacado de una afección al pecho y que vomitó sangre. Al día siguiente, se realizó una junta de todos los médicos del Ejército.
La opinión unánime fue que el general necesitaba una pronta salida para la Sierra de Córdoba: allí podría restablecerse, alejándose de la humedad. Mientras llegaba de Buenos Aires la autorización para ese traslado, San Martín fue llevado a la estancia de Rufino Cossio, en La Ramada de Abajo. Partió hacia allí el 28 de abril. El 25 de mayo ya se sentía bastante restablecido. Pero la humedad de la hacienda lo llevó a buscar un lugar más seco en Santiago del Estero. Se suele decir que, en la estancia de La Ramada de Abajo, San Martín planificó el cruce de los Andes y que solía sentarse bajo la copa de un imponente algarrobo.
En 2005 LA GACETA constató que la casa de seis habitaciones estaba vacía, y sólo quedaban en ella una cama de hierro y un ropero con espejo, que datarían de la época en que San Martín visitó el lugar. El sitio no figuraba en ninguna cartilla de turismo, y tampoco estaba integrado al circuito de visitas educativas de las escuelas. Solamente un cartel, ubicado a pocos metros de la entrada, proporcionaba referencias sobre el hecho histórico. Los cuadros que había en la casa estaban guardados, al igual que algunas cartas de la época. Nada podía exhibirse porque no había casero ni sereno. El delegado comunal le comentó a nuestro diario que existía un proyecto de la comuna, en forma conjunta con directoras de escuela y supervisoras de las zonas 3 y 4, presentado ante la Nación, para poner en valor el solar histórico. En una primera etapa, se pensaba acondicionar el predio de tres hectáreas y el solar, para revalorizarlo y convertirlo en un museo.
Nada de ello ocurrió finalmente; en los años siguientes la situación de abandono de la casa y del lugar volvió a repetirse hasta la proximidad de 17 de agosto, cuando se la pintaba y arreglaba para recibir a las autoridades. El miércoles de la semana pasada, una cuadrilla del Gobierno provincial trabajaba contra reloj para maquillar el solar. La directora de Patrimonio Cultural anunció que el monumento no quedará abandonado y que con una comisión formada por vecinos, especialistas en historia y el Gobierno se trabaja para rescatarlo. Se elaborará un guión museológico y se destacará personal para cuidar el lugar. Dijo que se montarán obras de teatro para brindar una atracción turística.
Si realmente quisiéramos a Tucumán, valoraríamos lo que tenemos y la casona de La Ramada de Abajo sería un lugar de visita obligado no sólo para los comprovincianos, sino también para los turistas. Los mendocinos o los cordobeses, por ejemplo, hubiesen explotado hace ya décadas un hecho histórico de tal naturaleza que debería ser importante para los tucumanos. El 17 de agosto de 2009 sabremos si finalmente las promesas se hicieron realidad.
En 1814, el general José de San Martín era jefe del Ejército del Norte, y tenía su cuartel en San Miguel de Tucumán. El historiador A. J. Pérez Amuchástegui señala que el 25 de abril, San Martín fue atacado de una afección al pecho y que vomitó sangre. Al día siguiente, se realizó una junta de todos los médicos del Ejército.
La opinión unánime fue que el general necesitaba una pronta salida para la Sierra de Córdoba: allí podría restablecerse, alejándose de la humedad. Mientras llegaba de Buenos Aires la autorización para ese traslado, San Martín fue llevado a la estancia de Rufino Cossio, en La Ramada de Abajo. Partió hacia allí el 28 de abril. El 25 de mayo ya se sentía bastante restablecido. Pero la humedad de la hacienda lo llevó a buscar un lugar más seco en Santiago del Estero. Se suele decir que, en la estancia de La Ramada de Abajo, San Martín planificó el cruce de los Andes y que solía sentarse bajo la copa de un imponente algarrobo.
En 2005 LA GACETA constató que la casa de seis habitaciones estaba vacía, y sólo quedaban en ella una cama de hierro y un ropero con espejo, que datarían de la época en que San Martín visitó el lugar. El sitio no figuraba en ninguna cartilla de turismo, y tampoco estaba integrado al circuito de visitas educativas de las escuelas. Solamente un cartel, ubicado a pocos metros de la entrada, proporcionaba referencias sobre el hecho histórico. Los cuadros que había en la casa estaban guardados, al igual que algunas cartas de la época. Nada podía exhibirse porque no había casero ni sereno. El delegado comunal le comentó a nuestro diario que existía un proyecto de la comuna, en forma conjunta con directoras de escuela y supervisoras de las zonas 3 y 4, presentado ante la Nación, para poner en valor el solar histórico. En una primera etapa, se pensaba acondicionar el predio de tres hectáreas y el solar, para revalorizarlo y convertirlo en un museo.
Nada de ello ocurrió finalmente; en los años siguientes la situación de abandono de la casa y del lugar volvió a repetirse hasta la proximidad de 17 de agosto, cuando se la pintaba y arreglaba para recibir a las autoridades. El miércoles de la semana pasada, una cuadrilla del Gobierno provincial trabajaba contra reloj para maquillar el solar. La directora de Patrimonio Cultural anunció que el monumento no quedará abandonado y que con una comisión formada por vecinos, especialistas en historia y el Gobierno se trabaja para rescatarlo. Se elaborará un guión museológico y se destacará personal para cuidar el lugar. Dijo que se montarán obras de teatro para brindar una atracción turística.
Si realmente quisiéramos a Tucumán, valoraríamos lo que tenemos y la casona de La Ramada de Abajo sería un lugar de visita obligado no sólo para los comprovincianos, sino también para los turistas. Los mendocinos o los cordobeses, por ejemplo, hubiesen explotado hace ya décadas un hecho histórico de tal naturaleza que debería ser importante para los tucumanos. El 17 de agosto de 2009 sabremos si finalmente las promesas se hicieron realidad.







