Meditaciones decisivas en El Calafate
El fin de semana largo debió servir para que el matrimonio presidencial evalúe las acciones políticas que se adoptarán. Esperan el campo, el Indec y Aerolíneas Argentinas. Por Angel Anaya - Columnista.
19 Agosto 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Las jornadas del matrimonio presidencial han sido virtualmente solitarias, salvo la presencia ocasional de “Rudy” Ulloa Igor, y seguramente de profunda meditación sobre los tres grandes problemas que acucian a la Presidenta: la segunda fase del conflicto con el campo, la presión interna en el propio poder por la situación del Indec y el debate sobre la estatización de Aerolíneas Argentinas (AA) en el Congreso. El regreso a Olivos difícilmente traiga soluciones o repuestas a la fuerte presión política en el propio riñón del Gobierno. Es idea de Kirchner esperar la definición parlamentaria en el caso de AA, con la esperanza que, de salir airosa la propuesta oficial -recuperando el favor del Congreso-, habrá llegado el momento de encarar los otros problemas. Será la instancia de emprender una contraofensiva, pero mucho indica - incluso la duda del jefe del bloque de diputados Agustín Rossi- que difícilmente se logre que el debate acceda al plenario de la Cámara Baja, donde la oposición podría no prestar quórum. Si el tiempo es mayor, las urgencias agobiarán peligrosamente a la Presidenta, pues la relación Indec-inflación habrá dejado al Gobierno sin capacidad de maniobra.
El hecho de que la ministra de Defensa, Nilda Garré, lo mismo que Rossi y la fiel diputada y vicepresidenta de Diputados, Patricia Vaca Narvaja, se hayan expresado sin reticencias acerca de la pérdida de credibilidad del organismo, es toda una llamada de urgencia a la decisión presidencial en la intimidad de los Kirchner.
Reincidente alejamiento
Pero, como ya es evidente, el problema del organismo estadístico no depende de un cambio de nombres, sino de una reconstrucción que reconozca gruesos errores y manipulaciones y proponga alternativas, en una autocrítica que no necesariamente debería ser expiatoria.
La sociedad, o por lo menos buena parte de ella, desearía acompañar a la Presidenta en la consolidación de sus funciones y bastaría una señal para amainar la tormenta. Pero, mientras eso no ocurra, la gente seguirá festejando al vicepresidente Julio Cobos, no tanto por su capacidad como futuro candidato cuanto por su decisión de asegurar la institucionalidad.
El largo fin de semana sanmartiniano pudo haber sido otra oportunidad de un gesto conciliador con nuestra realidad histórica, si Cristina o alguien de su estrecho círculo gubernamental hubiese concurrido a Yapeyú, donde estuvo hasta el embajador de Francia.
Pero la Presidenta, como en cinco años su esposo, permanecieron ausentes. Se trata de hechos que se suceden y que dibujan un empeñoso alejamiento de la ciudadanía, cuyas consecuencias se vivirán esta semana con internas gubernamentales seguramente más intensas.
En la víspera, la nueva serie de concentraciones agrarias dio comienzo e irán en crecimiento con la consigna de no cortar las rutas. Exhortaciones difíciles de observar, cuando hay sectores especialmente autoconvocados que no siempre son fáciles de identificar y de controlar.
¿Podrá ver el matrimonio Kirchner a través de ese vidrio oscuro de su realidad? (De nuestra Sucursal)







