Fractura mental

El crítico, por Ignacio Naya de la agencia DPA.

15 Agosto 2008
Todo se torció desde el principio. Roger Federer debía ganar el Abierto de Australia para seguir optando al "Golden Slam", pero cayó en semifinales. De todos modos, nadie presagiaba entonces que el suizo sufriría un colapso en 2008. Ocho meses después, Federer ha perdido 12 partidos -cuatro más que en todo el año pasado-, cederá el lunes el número uno del mundo a Rafael Nadal y parece presa de una fractura mental.
Desde la derrota en semifinales de Australia hasta la de ayer en Beijing han pasado muchas cosas, pero la principal se llama Nadal. Federer tenía la posibilidad de igualar lo hecho por Steffi Graf en 1988, cuando la alemana ganó los cuatro torneos de Grand Slam y el oro olímpico en Seúl. Pero se desbarrancó.Tras el fracaso de Australia, Federer perdió en la primera ronda de Dubai con Andy Murray. Luego vendrían derrotas ante Mardy Fish y Andy Roddick. Algo no iba bien.
Después llegó Roland Garros. Al igual que Pete Sampras, Federer tenía atragantado el polvo de ladrillo de París, pero sobre todo tenía atragantado a Nadal. El español le había ganado los cuatro últimos años allí. Pero nadie presagiaba una derrota semejante en la final: 6-1, 6-3 y 6-0. Nadal le pidió perdón a Federer por semejante castigo.El golpe mortal, sin embargo, llegó dos semanas después. Federer buscaba su sexto título seguido en Wimbledon y superar la marca del mítico Bjorn Borg. El partido con Nadal fue una batalla épica y el español la ganó en cinco sets.
Tras Londres, el suizo perdió con Gilles Simon en Toronto y con Ivo Karlovic en Cincinnati. En Beijing cedió ante James Blake, al que le había ganado los ocho duelos anteriores.
A sus 27 años, casi la misma edad a la que se retiró Borg, el suizo parece lejos de recuperar la fiabilidad mostrada en sus cuatro años de reinado. En sus últimos años en el circuito, Sampras se olvidó del ranking y apostó por los Grand Slam. A Federer le quedan dos para alcanzar el récord de 14 del norteamericano, con el que lo une una buena relación. Sólo tiene un problema: Nadal.

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