Nervios e impotencias del Gobierno desconcertado
La crisis con el campo esmeriló al oficialismo. Así como se le animaron a Cristina, también empiezan a discutirle cosas al alperovichismo, que pasa revista para contar los fieles. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACETA.
07 Agosto 2008 Seguir en 
El alperovichismo pisó el freno en agosto. El gobernador salió de la escena y de la provincia durante la semana en que la atención es acaparada por el histórico juicio contra Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, por la desaparición del senador peronista Guillermo Vargas Aignasse durante el gobierno de facto del 76.La pausa con distancias le sirve al oficialismo para recuperar el aliento, luego del conflicto entre el campo y la Nación, en que el José Alperovich jugó a perdedor. La resolución del enfrentamiento en favor del agro liquidó el ciclo de gobernantes redobladores de apuestas y ninguneadores de consensos: fue muy caro lo que se debió pagar.
Las encuestas que el Gobierno deja trascender dicen que el mandatario sigue teniendo una imagen positiva alta, lo que confirman los sondeos encargados por la Municipalidad de la capital. Pero miembros del Ejecutivo y del Legislativo aseguran que las mediciones que guardan bajo llave el gobernador y el vicegobernador, muestran que la crisis sí esmeriló a Alperovich. Sigue bien posicionado, pero perdió muchos puntos favorables respecto de las cifras que tanto lo entusiasmaban en febrero.
Eso sí, se consuelan, no está tan mal como la Presidenta, cuya imagen negativa supera la positiva.
Pero trascendiendo las frías encuestas, hay una realidad quemante que hoy recalentó la plaza Independencia: así como a la Presidenta se le animaron, parece que a Alperovich van a empezar a discutirle muchas cosas. Ayer, los jubilados que reclaman el 82% móvil para vivir sus últimos años comprando los medicamentos que les receta el médico y no el genérico que les prescribe el bolsillo, se juntaron con los estatales que exigen un aumento de salarios, porque la inflación se come el que reciben todos los meses. Trataron de instalar una carpa, varias veces más modesta que cualquiera de las siete tiendas de campaña que instaló el kirchnerismo frente al Congreso, cuando los debates sobre las retenciones móviles. La respuesta oficial fue la represión policial. En términos reales, fue prepotencia brutal. En términos políticos, impotencia pura.
Invitaciones y llamados
Aunque recibido de obsecuente nacional con el cierre del stand de la provincia en Palermo, en el alperovichismo se confiesan desconcertados por las conductas K.
En la teoría política vernácula, un Gobierno puede tener problemas económicos o problemas políticos. Las huestes locales no podían -primero- y no querían -después- creer que la continuadora del Gobierno de Néstor Kirchner, que tantas alegrías electorales y financieras les dio, haya acumulado los dos escollos en menos de un año de gestión. Y, peor aún, se alarman cuando advierten que el detonante es netamente ideológico. Siempre creyeron que los discursos oficiales eran sólo eso: discurso. Palabras. Aire. Porque en el PJ, el fundador, Juan Domingo Perón, advirtió que la única verdad es la realidad. Por tanto, lo que no era real, es decir, lo ideal, lo ideológico, debía estar en segundo plano, opacado por el pragmatismo con que el peronismo siempre manejo y retuvo el poder.
En rigor, cualquier conflicto ideológico es sinceramente inédito para el alperovichismo, mixtura de dirigentes que provienen del radicalismo y del peronismo, de la derecha y de la izquierda.
Las diferencias de criterio se dan aquí, también, en materia economica. En Casa de Gobierno terminan de anoticiarse de que si querían ser anfitriones de una Cumbre del Mercosur, tendrían que pagarla. Se gastaron $ 14 millones en preparativos. La Nación quedó en hacerse cargo de $ 4 millones, pero hasta ahora sólo mando la mitad.
Para peor, la AFIP confirmó al Ministerio de Economía que, tras el conflicto con el agro, la recaudación del impuesto a las Ganancias (coparticipable para Tucumán) mantiene los niveles del año pasado. Aunque no parezca, es una mala noticia. Muchas empresas que se declararon en quebranto durante 2002 y 2003, salieron ya del período de cinco años en los que podían pagar sólo una parte de ese tributo. Por tanto, ahora que deben abonarlo al 100%, la recaudación debió crecer. La economía se enfría. Y en el Gobierno sienten frío.
Todo este contexto inquieta al oficialismo. Y Alperovich lo exteriorizó antes de partir. Aunque en su entorno se esfuerzan por negarle trascendencia, admiten que la temprana candidatura de Fernando Juri a senador crispó al mandatario de modo tan inexplicable, para ellos, como ostensible, para todos.
Para saber quiénes brindan a la salud de su ex socio político, el gobernador invitó a cenar a los legisladores. Quería contar -interpretan los que tienen cargo para interpretarlo- cuántos seguían en su campo y cuántos habían saltado el cerco. Por eso, razonan, escrachó a los juristas en la foto, sentándolos a su lado, en primera fila. Lo demás, es casi anecdótico. Alperovich dijo que los ocho diputados y el senador del PJ habían votado con el kirchnerismo, así que había llegado la hora de “cobrarle” a la Nación. Todos sonrieron ante la ocurrencia de que quien no puede recuperar los gastos de la Cumbre del Mercosur pretenda que puede pasar facturas a nombre de Julio Miranda.
Antes del postre, el anfitrión dio las gracias a los cenadores, por haber estado callados durante el conflicto con el campo. Ninguno se sonrojó con el reconocimiento al silencio. Es comprensible: la última vez que sesionaron, avalaron los gastos de la visita de los presidentes sin siquiera conocer el monto. Más que caja de resonancia, son el eco de lo que grita el gobernador.
Pero Alperovich también pasó revista en la Municipalidad capitalina. Según fuentes de la intendencia, llamó a Domingo Amaya para recriminarle que haya tenido una reunión con la diputada Stella Maris Córdoba, encuentro que, según el amayismo, jamás existió.
El mandatario volvería el lunes. En el oficialismo, esperan que regrese menos nervioso. Y que aprenda a acomodar el cuerpo a los barquinazos kirchneristas.







