El diálogo que la sociedad requiere

06 Agosto 2008
Más allá de las consideraciones puntuales sobre la singular conferencia de prensa ofrecida el sábado por la presidenta de la Nación y sus discursivas respuestas sin diálogo, la masiva reunión con periodistas nacionales y extranjeros, de los cuales tan solo un tercio pudo preguntar, la circunstancia se apartó absolutamente de las reglas de juego internacionales de la comunicación entre los poderes públicos y la sociedad. Esas condiciones ineludibles del derecho de las comunidades libres tienen testimonios históricos de personalidades que en momentos difíciles informaban dialogalmente a los medios de comunicación. En nuestro caso valgan los de Julio Argentino Roca, Arturo Frondizi, Alberto Illia o, más recientes, de Eduardo Duhalde y los que lo antecedieron velozmente a causa de la crisis de 2001.
Debió transcurrir casi un lustro para que finalmente el entonces presidente Kirchner y su sucesora recibiesen con ese fin a los periodistas, si bien con limitaciones tales como la imposibilidad de repreguntar y una masividad que impedía la participación de la totalidad.
Tampoco se manifestó con certeza si esas reuniones serán periódicas, ni se tuvo en cuenta que los interrogantes de los corresponsales extranjeros suelen ser muy diferentes de los locales. Mucho en consecuencia pudo pensarse que la reunión presidencial habría tenido como objetivo desplazar la atención de los títulos de la prensa sobre la inauguración de la exposición rural.
Los asesores en materia comunicacional de la presidenta Fernández de Kirchner, deben advertirle sobre la conveniencia de esas reuniones. Es decir que se trata de encuentros ocasionales pero imprescindibles, pues mientras sus ministros sean accesibles al periodismo, como en la mayoría de los casos ocurre, no tiene necesidad de  frecuentar el diálogo.
Lo importante es que la jefa del Estado no se apegue al criterio de su antecesor según el cual el discurso del atril le bastaba para comunicarse sin necesidad de la intermediación de los medios. Concepto por cierto muy semejante al que Adolfo Hitler postulaba: “Bien sé que la viva voz gana más fácilmente las voluntades que la palabra escrita y que el progreso de todo movimiento trascendente en el mundo debióse  más a grandes oradores que a grandes escritores”.
La incomunicación suscita desconfianza y presunción fundada de que algo se está ocultando. Por el contrario, el diálogo periódico es su antónimo y seguramente contribuiría a fortalecer la imagen presidencial de única responsable de sus decisiones que tanto está demandando la realidad política e institucional del país. La confianza es el más eficiente superpoder de la investidura mayor de la República que la ciudadanía otorga. Acto no menos decisivo que normalizar esa relación con la prensa, sería también impulsar la ley de acceso a la información pública cuyo proyecto deambula desde 2003 entre ambas cámaras del Congreso, y que en 2001 promovió la Fiscalía Anticorrupción con los auspicios de numerosas instituciones y Organizaciones no Gubernamentales con el fin de poder conocer datos acerca del funcionamiento del Estado.
Se trata de un instrumento universal en las democracias donde los agujeros negros de la administración pública pueden ser detectados y esclarecidos. La crisis que ha dividido al país y que aun perdura ha puesto en evidencia cuan necesario es que el poder político transparente sus finalidades mediante el diálogo y la respuesta a las inquietudes ciudadanas.

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