El au­toe­lo­gio po­li­cial

Los jefes de la fuerza dicen que el sistema de la Patrulla Motorizada es muy eficiente. Tranquiliza, pero no se sabe si bajaron los índices de inseguridad y de violencia. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.

05 Agosto 2008
El jefe de Policía, Hugo Sánchez, está satisfecho. La Patrulla motorizada, su creación, se expande hacia las ciudades vecinas de la capital y pronto -anuncia- llegará al interior. Mide el éxito con la cantidad de arrestos: dice que en un año fueron detenidas 2.600 personas y con ello sigue fielmente la orden dada en 2007 por el gobernador, José Alperovich: "llenar la cárcel de delincuentes".
Los cambios son tan notorios que el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, dijo que están orgullosos de la tarea que realizan. "Son tan importantes los resultados... que funcionarios de varias provincias nos piden informes para poner en marcha este modelo. Es una prueba de que no nos equivocamos", añadió.

Lo bueno y lo malo
Ahora bien, ¿se justifica este autoelogio? Depende del punto de vista. Si se quiere poner énfasis en la imagen y en el movimiento de la Policía, hay que decir que es notorio el cambio respecto de lo que ocurría hasta hace no mucho tiempo. Los efectivos circulan por las calles y cada pareja de agentes en moto recibe, en promedio, unas 30 llamadas diarias, lo que genera una sensación de seguridad y satisfacción a los vecinos. Es una versión del viejo policía de barrio capaz de dar una respuesta a los problemas. Está bien que haya patrullas en los barrios y agentes que actúen en emergencias.
Pero ya debería estar implementándose la forma de medir la efectividad de este sistema, que se sustenta en una asignación permanente de recursos -vehículos y armas- y de personal. Sánchez sostiene que debería haber, al menos, 10.000 policías en la fuerza (hay unos 7.800).
Un sistema de seguridad no debería sostenerse solamente en el flujo constante de dinero y de recursos humanos, porque el día que falten se va a caer todo. Y lo grave en este caso es que la asignación de personal a algunos sectores se hizo a costa de dejar desamparadas otras secciones: la Patrulla Urbana, de la que se deriva la motorizada, no sólo ha perdido agentes sino objetivos. Así, en barrios como el 21 de Septiembre, de Villa Carmela, un solo policía de a pie recorre un vecindario de 307 casas. Es evidente que, aunque cumpla con la tarea de conocer el movimiento y los peligros de la zona, solo no podrá resolver una emergencia. También han cedido personal y recursos las comisarías, que parecen haber perdido su razón de ser.
Además, ¿qué análisis se hace de las 2.600 detenciones? ¿Todos eran "delincuentes" en el sentido que dio al término Alperovich (es decir, indeseables que deberían estar al menos cinco años en la cárcel)? No hay análisis, ni para bien ni para mal. "Meten en cana a cualquiera", aseguró una vecina de "La Bombilla" con la misma autoridad con la que un vecino de Villa Alem afirmó que cumplen con su función y que cuidan el barrio.
Por su parte, ni los fiscales ni los jueces dicen algo respecto del aluvión de detenciones, ni promueven una forma de darle un sentido operativo. Por eso ocurren cosas increíbles, como el hecho de que "La Gata", la asaltante asesinada, aparentemente por un taxista, el domingo a la madrugada, estuvo detenida horas antes por tentativa de hurto, y fue liberada sin que se revisara siquiera su planilla de antecedentes. Es decir: cada uno -policías y fiscales- hace lo que quiere. Y eso también cuesta. Aunque no se note.
Habría que hacer también análisis acerca de los niveles de inseguridad y de violencia, sobre todo en los sectores periféricos, donde la marginalidad y las carencias de todo tipo marcan problemas sociales profundos que no se resuelven con una respuesta policial. Hay más detenciones. ¿Hay menos inseguridad y menos violencia?

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