El federalizado poder de la sumisión

Los funcionarios creen que es mejor que Tucumán esté atada a la ayuda discrecional de la Rosada que pedir que se redistribuya la riqueza. Una soga cada vez más corta. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

04 Agosto 2008
Nunca hubo un incremento de la coparticipación girada a las provincias como la que se ha desarrollado desde 2003 a la fecha. Pero no es producto de la generosidad o no generosidad del gobierno del presidente Kirchner, sino de un modelo de crecimiento económico que ha hecho crecer la recaudación en forma exponencial y ha permitido que las provincias tengan muchísimos más fondos. Por si esto fuera poco, toda la obra pública se ha federalizado. (Palabras de Cristina Fernández de Kirchner, el sábado pasado, durante la primera conferencia de prensa que ofreció como Presidenta en Olivos).

El ciclo económico expansivo de los últimos cinco años, permitió al Gobierno nacional consolidar su poder sobre las provincias que también vivieron el festival de reparto de fondos públicos, aunque no todas pudieron capitalizar sus beneficios. Pero el ciclo se está agotando y la corriente puede arrastrar a todos los gobernadores. Si Cristina Kirchner dijo el sábado que fue una de las constituyentes que más luchó por la inclusión de la reforma a la Ley de Coparticipación en la Carta Magna de 1994, los mandatarios deberían estar pensando ya seriamente en reclamarle, ahora que conduce el país, un nuevo esquema de distribución de la recaudación nacional de impuestos. Y no secundaria (lo que se distribuye en las provincias por porcentaje), sino primaria que es la gran porción de la torta que se lleva la Nación, casi el 70% de los ingresos fiscales.
Sin embargo, el grito federal tal vez pueda partir desde Santa Fe o desde Córdoba, mas no de Tucumán. "No se ve la crisis; se llega bien a fines de año", dice un hombre muy cercano al gobernador, José Alperovich, a la hora de analizar el escenario fiscal para los próximos meses. El Poder Ejecutivo se apresta a enviar a la Legislatura un proyecto de ley para ampliar las partidas del Presupuesto vigente por un valor cercano a los $ 550 millones. En la presentación de la iniciativa justificará el mayor gasto en las readecuaciones salariales de este año, en el alza de las transferencias por coparticipación a los municipios y a las comunas rurales y tal vez en las partidas destinadas a la obra pública. Así, el presupuesto provincial subirá a $ 5.500 millones, lo que le permitirá al Gobierno disimular el efecto retardado del festival de gastos de 2007, el año electoral que consolidó en el poder institucional y político a Alperovich.
Un simple ejercicio sobre la ejecución presupuestaria da cuenta de que en la primera mitad de este año los gastos corrientes (salarios, transferencias a municipios, subsidios, planes asistenciales y otros) crecieron un 33% respecto del primer semestre de 2007. El Gobierno consumió $ 536 millones más a los que justifica en subas salariales o en obras públicas. El problema no es sólo gastar por gastar, sino tener los fondos para afrontar esos compromisos. En ese mismo período, los ingresos corrientes (lo que recauda la provincia y lo que recibe de la Nación) crecieron a menor ritmo que los gastos: un 26,3%.
Frente a este panorama subyace el problema de fondo: la inflación en Tucumán es, al menos, casi el doble del 9% anual presupuestado para este ejercicio, lo que implicaría un ajuste en el nivel de gastos. De allí que la ampliación presupuestaria serviría para cerrar los números como manda la Nación (lo que llaman Responsabilidad Fiscal para contener el gasto y la deuda pública), pero no para generar una cultura del ahorro.
El gobernador -de misión oficial por tierras brasileñas- está preocupado por la evolución de la economía y que frenó la obra pública impulsada por el federalizado Ministerio de Planificación. Debe añorar la indisponibilidad presente de fondos que su gestión supo atesorar a lo largo de los años de bonanza. Sin embargo, no hay certezas sobre cuánto es el pozo acumulado en cinco años de gestión. Una presunción es que la plata corresponde a inversiones financieras (préstamos a largo plazo) realizadas en municipios y en comunas por un total de $ 1.100 millones, una quinta parte del presupuesto anual o equivalente a lo recaudado por Rentas durante un año. "No nadamos en la abundancia", dice un funcionario de Casa de Gobierno, para desalentar las demandas sindicales. Ese dinero podría significar una puerta de acceso a la autonomía política y económica de la Rosada, si en algún momento el poder K deviene en debilidad institucional. No obstante, Alperovich no está dispuesto a cruzar el cerco. No será él quien firme un acuerdo para reclamar la parte del león, fruto de la recaudación exponencial a la que aludió el sábado la Presidenta.
En Tucumán, si de algo están seguros los funcionarios, es de que es preferible estar atados a la soga -cada vez más corta- kirchnerista y a la "federalizada" ayuda discrecional que da la Rosada para ejecutar obras públicas que a pedir la redistribución de la riqueza. Es el caro precio que se paga por la sumisión al poder central.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios