Cosas veredes, Sancho
Indiferencias peligrosas. Ya no se puede creer en nada. Todos somos sospechosos. La ilusión de las ventanitas abiertas. Por Luis Mario Sueldo - Redacción LA GACETA.
03 Agosto 2008 Seguir en 
Una nota reciente que comentaba sobre una reunión masiva de jóvenes que festejaban el "Día del Amigo" resumía: "las chicas les coqueteaban, pero ellos preferían el asado o jugar al truco". ¿Qué está pasando, muchachos? Es verdad que a veces es preciso trabajar en exceso para olvidarse de lo que uno es, pero en momentos de distensión ciertas indiferencias resultan peligrosas. "Hombres eran los de antes" dirán, seguramente, los que aún tararean los tangos del 40. Y selvas eran las de antes, dicen los confundidos con el desenlace del rescate de la Betancourt. Están ocurriendo situaciones como para perturbar a un lama de Katmandú. Si no que lo nieguen los dueños de locales de ropa con su mercadería de invierno paradójicamente congelada. Claro que nuestro famoso glaciar ya había anticipado cómo venía la mano derrumbándose cuando no le correspondía, el muy turro.
Muchas cosas están perdiendo su status. Por caso, la famosa trilogía que aconseja escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Según los publicistas, lo de dejar testimonio en un papel sufrió un duro golpe con la crisis de la industria literaria y con el ocaso de la lectura. El tronco leñoso, en tanto, gracias al esfuerzo de los ecologistas se mantendrá en pie algunos años más, no muchos. Lo más preocupante ocurre con el mandato de la paternidad: las clases pudientes, por comodidad, por miedo o por lo que sea, están renunciando al derecho de perpetuarse. ¿Y las otras? También.
Cosas veredes, Sancho. Ahora a James Bond quieren presentarlo en la pantalla como bisexual; Llambías y Miguens se juntan con Castells y Buzzi, un solo corazón; Palito va al salvataje de Charly; los vascos del Bilbao reniegan de su centenaria tradición y se plantan propagandas en las casacas; Chávez hace migas con Juan Carlos; un mestizo derrota a la blonda Hillary (ni el racismo pudo con la misoginia); Bush insta a China a mostrar compromiso con los derechos humanos... Es para agarrarse de los pelos, vea. Para la supervivencia o las pillerías dentro de los espectros políticos o de cualquier otro ámbito más que ecléctico hay que ser ambidiestro.
Es que ya no se puede creer en nada. Discepolín estaría en su salsa. Si hasta degradaron a Plutón. Y nuestro planeta es manipulado por un grupo de intocables al que le resbala el hambre y la contaminación, aunque lo que más envenenan es el alma. La cuestión es que por un proceso de inercia todos nos convertimos en sospechosos. Como dice Eduardo Galeano: "antes, descender en cada aeropuerto significaba un encuentro; ahora, una requisa". Circunstancias estas que pueden alienarnos. Como a esos delirantes que alteraron los versos del Viejo Vizcacha y en vez de "hacete amigo del juez" repiten "hacete amigo de Cobos". El cuyano dijo que la historia lo juzgará, pero la historia suele ser una mera acumulación de reinterpretaciones y, en el fondo, no hay nada más atemporal que las pasiones. Las mismas que confunden "rebelarse" con "revelarse" (o viceversa) o las que impiden entender cómo en un país con 50.000 millones de reservas sigan tan gruesos los índices de pobreza.
Pero, al final la vida sigue igual. Por eso hay que degustar los buenos momentos y por eso, además, resulta imprescindible sostener siempre la ilusión de las ventanitas abiertas. Después de todo, ¿quién puede erigirse en juez absoluto de algo? Mejor será enamorarse otra vez, porque sólo en esa instancia el mundo es perfecto.







