Difusa frontera entre el adicto y el delincuente

Los dos modelos para enfrentar la problemática de las adicciones y el tráfico de drogas quedaron expuestas esta semana. Dos encuestas con distintos resultados. Por Roberto Delgado -Prosecretario de Redacción

02 Agosto 2008
En esta semana quedó muy en claro que, frente al problema de las adicciones, los cañones están apuntando hacia varias partes. Y, por ende, no aciertan en el blanco, que es demasiado móvil. Tanto los singulares operativos policiales realizados en Tucumán (en uno de ellos, la Policía Federal se trasladó hasta una casa en Aguilares para hacer un allanamiento en el que se secuestraron 100 gramos de cocaína) como las Jornadas de Avances Científicos en Adicciones (en Tucumán), y como la conferencia de la Presidenta (en Buenos Aires) sobre la última encuesta de adicciones, mostraron la dificultad para hallar una política común.
Los operativos policiales fueron una pequeña variación de lo mismo: si bien en un caso se secuestró siete kilos de cocaína, por lo general se trató de operativos por pequeñas cantidades de marihuana y parece que los ocho detenidos son mulas (que llevan la droga en su cuerpo) o trafiadictos. Los verdaderos responsables están escondidos en el iceberg del narcotráfico, que sólo expone a los perejiles, como el personaje de Catalina Sandino Moreno en la película colombiana "María, llena eres de gracia".
En este sentido, el Gobierno nacional, que encargó el estudio de adicciones y de tráfico de estupefacientes a un comité científico, dice que sólo se persigue a las "mulas", que las fronteras son permeables (hay corrupción y falta de tecnología, como radares); que hay ausencia de estrategias entre las provincias y las fuerzas federales, y que el sistema judicial está saturado de casos pequeños.
Los especialistas que expusieron en Tucumán mostraron tanto las contradicciones de los esquemas para combatir el narcotráfico (sobre todo, falta de coordinación) como las faltas en materia social y de asistencia de salud. El psiquiatra Luis Ferrigno, director de la "Casa Nazareth", de Santa Fe, habló de los "jinetes del Apocalipsis" en esta cuestión: dijo que falla la asistencia social porque hay familias acosadas por el hambre que encuentran en la compraventa de droga un sustento para vivir (como en la película colombiana), a tal punto que los pacientes dejan el tratamiento para dedicarse al tráfico. Añadió que falla la asistencia del Estado porque se asignan recursos notoriamente insuficientes por paciente, lo cual hace caer los tratamientos; y habló también de los negocios que hacen laboratorios con venta de supuestos medicamentos para adicciones; y de abogados con juicios por mala praxis contra los psiquiatras.
El Gobierno nacional, por último, encaró las adicciones como un problema social y de salud. Enfrenta, así, toda una cultura policíaca frente a un problema que parece haber crecido en la sociedad. Parece, porque ahora las estadísticas difieren y no dan indicios claros. Quienes se aferran a las cifras de la Sedronar (un organismo nacional venido a menos), como el ministro de Prevención y Asistencia de Adicciones de Tucumán, Alfredo Miroli, observan que el consumo aumentó -en esta estadística se dice que hay más de 4 millones de personas que consumen o probaron la marihuana en el país-. En cambio, el Gobierno nacional se apoya en una nueva estadística que dice que no son tantos los adictos a la droga como que es más preocupante el consumo desenfrenado de alcohol. El comité de expertos que asesoró para elaborar esta encuesta le da al tema la seriedad que le quita el hecho de que las cifras sean del devaluado Indec.
Así las cosas, está claramente planteada la lucha entre el modelo de salud y el modelo policíaco frente al problema de la droga. Estamos en la tensa frontera entre el adicto y el delincuente.

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