Un escenario cada vez más complejo, pero todavía a favor
Por Juan José Concha Martínez - Prosecretario de Redacción.
03 Agosto 2008 Seguir en 
Argentina tendría que resolver qué quiere hacer, qué rumbo tomar, qué país quiere construir y esa definición aclarará las cosas y dará pautas a los inversores. El consejo, rotundo y generoso, lo expuso durante un seminario internacional en Santander (al norte de España) uno de los más importantes empresarios españoles con gran influencia sobre América Latina. Esa visión resume, en gran medida, la expectativa que los principales hombres de negocio del mundo tienen respecto del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. En palabras más resueltas, lo que expusieron allí es que esperan ver medidas más sólidas que propicien proyectos de inversión, porque esa escasez de intenciones de la actual administración no sólo no los convoca a invertir, sino más bien, los impulsa a alejarse de estas tierras. En realidad, esa high society aguarda que la gestión de Cristina se emparente mucho más con las medidas que toman Lula Da Silva o Michelle Bachellet, que con las de Hugo Chávez o Evo Morales.
La decisión de renacionalizar Aerólineas Argentina -aún cuando el manejo de los españoles que controlaron en los últimos años la empresa aparezca en serio entredicho- fue otro palo en la rueda para estas pretensiones de los grandes capitales. Esta visión crítica también es compartida por consultores del peso de Standard & Poor ?s, que en un informe reciente advirtió sobre nuestro país: "en relación a la Argentina, S&P dice que los negocios privados están bajo severos desafíos y que la mayor preocupación es la creciente intervención del Gobierno que hace el ambiente de negocios más complicado".
El largo enfrentamiento de Cristina Kirchner con el campo y la torpeza política del Gobierno en el manejo de los índices Indec también han ampollado las relaciones con este mundo duro y compacto. Hoy, hay dudas genuinas respecto de la posibilidad de que pueda construirse un gran acuerdo social que le incorpore seguridades y previsibilidad al vapuleado modelo económico de estos años.
Ante un cuadro complejo y con esa disposición de los brokers, parece claro que el crecimiento argentino dependerá en gran medida (salvo el rendimiento de fondos especulativos) de la vocación de los inversores locales y de los aportes que pueda hacer el Estado. ¿Será suficiente? ¿Y los efectos de la inflación, cada vez serios? En este contexto, ¿la Argentina, todavía, puede aprovechar el viento de cola?
Aunque el escenario que impulsa los altos precios de las materias primas que exporta la Argentina pudiera extenderse más tiempo, el panorama viene modificándose a velocidad de vértigo. El alto precio de los combustibles que golpea a todo el orbe y la crisis de las hipotecas en Estados Unidos han alterado las previsiones y han puesto bajo alarma a EE.UU. y a gran parte de Europa. Si estos bloques caen en recesión, ¿no golpeará a la Argentina?
Lo que resulta evidente es que de poco servirán los buenos precios de la soja y de de los cereales que demanda aquel mundo que ahora come dos y tres veces por día (como dijo Lula) si no se acomoda el escenario interno. La lista de deberes pendientes que tienen por delante el Gobierno y gran parte de la sociedad política y empresarial del país debería resolverse cuanto antes.








