19 Julio 2008 Seguir en 
JOHANNESBURGO.- Nelson Mandela fue el máximo líder de la larga lucha por el fin del movimiento racista de Sudáfrica, el apartheid, pero su lucha trascendió las fronteras y los tiempos, y lo transformó en un ícono mundial de la defensa de los derechos humanos.
La absoluta mayoría de los líderes, políticos y activistas de derechos humanos del mundo recurre a la sola mención de su nombre para destacar su epopeya, pero muy pocos fueron los que apoyaron su larga lucha por el fin del uno de los sistemas de segregación racial más conocidos de la historia. Pero fue en su vejez, cuando logró la victoria de sus ideales.
El 11 de febrero de 1990, Mandela, entonces de 71 años, dejó atrás la prisión de máxima seguridad de Paarl, cerca de Ciudad del Cabo, para iniciar el camino de la reconciliación y la reconstrucción de su país y de su vida. De la mano de su entonces esposa Winnie, el histórico jefe del Congreso Nacional Africano (CNA), avanzó con el puño en alto hacia la muchedumbre que había esperado ese reencuentro.
El viejo líder comenzaba así un camino que culminaría con el fin del poder blanco y del apartheid que había comenzado en 1948. Ese proceso lo catapultó de la cárcel a la presidencia, cargo que ejerció desde 1994 hasta su retiro voluntario, en junio del 99. La liberación de Mandela había sido anunciada por el último presidente blanco sudafricano, Frederik de Klerk, con quien el líder negro compartió el Premio Nobel de la Paz en 1993. (DPA)
La absoluta mayoría de los líderes, políticos y activistas de derechos humanos del mundo recurre a la sola mención de su nombre para destacar su epopeya, pero muy pocos fueron los que apoyaron su larga lucha por el fin del uno de los sistemas de segregación racial más conocidos de la historia. Pero fue en su vejez, cuando logró la victoria de sus ideales.
El 11 de febrero de 1990, Mandela, entonces de 71 años, dejó atrás la prisión de máxima seguridad de Paarl, cerca de Ciudad del Cabo, para iniciar el camino de la reconciliación y la reconstrucción de su país y de su vida. De la mano de su entonces esposa Winnie, el histórico jefe del Congreso Nacional Africano (CNA), avanzó con el puño en alto hacia la muchedumbre que había esperado ese reencuentro.
El viejo líder comenzaba así un camino que culminaría con el fin del poder blanco y del apartheid que había comenzado en 1948. Ese proceso lo catapultó de la cárcel a la presidencia, cargo que ejerció desde 1994 hasta su retiro voluntario, en junio del 99. La liberación de Mandela había sido anunciada por el último presidente blanco sudafricano, Frederik de Klerk, con quien el líder negro compartió el Premio Nobel de la Paz en 1993. (DPA)
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