18 Julio 2008 Seguir en 
SYDNEY, Australia.- Una paradoja se forjó en Sydney, la ciudad australiana donde el Papa Benedicto XVI celebra hoy el cuarto día de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). Pese a que en su misa inaugural el Pontífice despotricó contra el consumismo insaciable ante 150.000 fieles, las colas para comprar el merchandising del evento son interminables, informó el diario español "El País".
Desde rosarios a platos con el rostro del Papa como fondo, pasando por remeras con la inscripción "Benedetto 16", los productos propios de la JMJ deleitaron a los peregrinos que, con la intención de llevarse útiles souvenirs, han copado los locales, que están regenteados por la empresa Event Management Group.
La firma se dedica a organizar conferencias, caterings y hasta tiene la licencia de algunos clubes deportivos para comerciar su merchandising. En el caso de los objetos del Día Mundial de la Juventud, todos fueron fabricados en China.
Además de la contradicción con el mensaje papal, la inusitada venta generó otra polémica. Algunos grupos católicos protestaron porque se venden cosas que no tienen nada que ver con la religión o el catolicismo.
Voces unificadas
Benedicto XVI llamó hoy a los representantes de distintas religiones a predicar contra la violencia. En el marco de un encuentro con 40 representantes de las comunidades musulmana, judía, hinduista y budista, el jefe de la Iglesia católica destacó la importancia de lograr una voz unificada.
"Una relación armónica es importante en una época en la que algunas personas ven a la religión como causa de división y no como fuerza de unificación", señaló.
"En un mundo amenazado por formas de violencia inquietantes e insensatas, la voz de los representantes presiona a las naciones y las comunidades a solucionar los conflictos pacíficamente y con total respeto por la dignidad humana. He venido a Australia como mensajero de la paz", añadió.
Tras un ajetreado día que incluyó un paseo en el "papamóvil" por las calles de Sydney, el Papa, de 81 años, abrió con una oración la representación de 13 estaciones del Vía Crucis que hizo un grupo de jóvenes actores aficionados.
Los artistas imitaban la Ultima Cena, sentados en los escalones de la catedral de Santa María, cuando el Papa salió por la puerta de la iglesia para pronunciar la breve oración.
Benedicto XVI se retiró luego para seguir por televisión el resto del Vía Crucis, de tres horas de duración. En cambio, unas 270.000 personas siguieron el espectáculo al aire libre, que terminó al atardecer con la crucifixión.
Un vocero señaló que el Papa está muy satisfecho con el desarrollo de las JMJ, en la que participan peregrinos procedentes de 170 países. Especialmente, le causó una gran alegría la masiva ceremonia de bienvenida celebrada ayer en el puerto de Sydney.
Mañana, hablará otra vez ante cientos de miles de peregrinos en el hipódromo de Randwick, donde muchos pasarán la noche. Las JMJ, que se celebran cada tres años, culminarán el domingo con un oficio al que se espera que asistan hasta medio millón de fieles. (DPA-Especial)
Desde rosarios a platos con el rostro del Papa como fondo, pasando por remeras con la inscripción "Benedetto 16", los productos propios de la JMJ deleitaron a los peregrinos que, con la intención de llevarse útiles souvenirs, han copado los locales, que están regenteados por la empresa Event Management Group.
La firma se dedica a organizar conferencias, caterings y hasta tiene la licencia de algunos clubes deportivos para comerciar su merchandising. En el caso de los objetos del Día Mundial de la Juventud, todos fueron fabricados en China.
Además de la contradicción con el mensaje papal, la inusitada venta generó otra polémica. Algunos grupos católicos protestaron porque se venden cosas que no tienen nada que ver con la religión o el catolicismo.
Voces unificadas
Benedicto XVI llamó hoy a los representantes de distintas religiones a predicar contra la violencia. En el marco de un encuentro con 40 representantes de las comunidades musulmana, judía, hinduista y budista, el jefe de la Iglesia católica destacó la importancia de lograr una voz unificada.
"Una relación armónica es importante en una época en la que algunas personas ven a la religión como causa de división y no como fuerza de unificación", señaló.
"En un mundo amenazado por formas de violencia inquietantes e insensatas, la voz de los representantes presiona a las naciones y las comunidades a solucionar los conflictos pacíficamente y con total respeto por la dignidad humana. He venido a Australia como mensajero de la paz", añadió.
Tras un ajetreado día que incluyó un paseo en el "papamóvil" por las calles de Sydney, el Papa, de 81 años, abrió con una oración la representación de 13 estaciones del Vía Crucis que hizo un grupo de jóvenes actores aficionados.
Los artistas imitaban la Ultima Cena, sentados en los escalones de la catedral de Santa María, cuando el Papa salió por la puerta de la iglesia para pronunciar la breve oración.
Benedicto XVI se retiró luego para seguir por televisión el resto del Vía Crucis, de tres horas de duración. En cambio, unas 270.000 personas siguieron el espectáculo al aire libre, que terminó al atardecer con la crucifixión.
Un vocero señaló que el Papa está muy satisfecho con el desarrollo de las JMJ, en la que participan peregrinos procedentes de 170 países. Especialmente, le causó una gran alegría la masiva ceremonia de bienvenida celebrada ayer en el puerto de Sydney.
Mañana, hablará otra vez ante cientos de miles de peregrinos en el hipódromo de Randwick, donde muchos pasarán la noche. Las JMJ, que se celebran cada tres años, culminarán el domingo con un oficio al que se espera que asistan hasta medio millón de fieles. (DPA-Especial)







