17 Julio 2008 Seguir en 
Israel/libano.- En Líbano, los seguidores del Hezbollah celebraron la vuelta de sus prisioneros como héroes mientras que, al otro lado de la frontera, los israelíes intentaron contener su odio con lágrimas ante las celebraciones de los “asesinos”, al recibir los ataúdes con los restos de sus familiares.
Ayer por la tarde, dos generales del Ejército israelí confirmaron que los cuerpos entregados por el movimiento chiíta libanés eran los de los soldados Ehud Goldwasser y Eldad Regev.
“Es el momento más duro que hemos vivido en dos años y ahora queremos estar solos en familia para llorar y sostenernos mutuamente”, señaló Omri Avni, suegro de Goldwasser. Los funerales de los dos soldados se celebrarán hoy. El Hezbollah había mantenido hasta el último momento el suspenso sobre el destino final de los dos soldados.
“Esperábamos que Eldad y Ehud volvieran a casa vivos, para abrazarlos”, dijo el padre de Eldad, en su casa de Kiryat Mozkin, luego de ver los ataúdes en la televisión. Alrededor de la casa, amigos, vecinos e incluso desconocidos habían encendido velas y se recogían en silencio.
En Israel, el sentimiento de duelo se mezcló con una sensación de repulsión, al ver a Samir Kantar tratado como un héroe, después de haber pasado 30 años en una prisión israelí, por haber matado a un policía, a un civil israelí y a su hija de casi cuatro años, en 1979.
“El pueblo libanés sacrificó cerca de 800 combatientes, toda su economía. ¿Para qué? ¿Para un asesino de una niña de tres años y medio? ¿Esto es un héroe? Para mí, sólo es una basura”, advirtió Shlomo Goldwasser, padre del soldado muerto.
Los otros prisioneros liberados por Israel, además de Kandar, son Jodr Zaidan, Maher Kurani, Mohammad Sorur y Husein Suleiman. Fueron detenidos en la guerra de julio-agosto de 2006, tras la captura de Regev y de Goldwasser. Este hecho desencadenó una lucha armada de 34 días entre Israel y Hezbollah, con resultado nefasto para Líbano.
En tanto, el Hezbollah organizó ayer grandes celebraciones para recibir a sus militares liberados y su líder, Sayyed Hassan Nasrallah, hizo una inusual aparición pública para saludarlos. Entre la ciudad fronteriza de Naqura y la localidad de Saida colgaron miles de bandeloras y banderas.
Pese al dolor, muchos israelíes y también en el gobierno y en el Ejército, piensan que este canje era necesario. (DPA-Reuter)
Ayer por la tarde, dos generales del Ejército israelí confirmaron que los cuerpos entregados por el movimiento chiíta libanés eran los de los soldados Ehud Goldwasser y Eldad Regev.
“Es el momento más duro que hemos vivido en dos años y ahora queremos estar solos en familia para llorar y sostenernos mutuamente”, señaló Omri Avni, suegro de Goldwasser. Los funerales de los dos soldados se celebrarán hoy. El Hezbollah había mantenido hasta el último momento el suspenso sobre el destino final de los dos soldados.
“Esperábamos que Eldad y Ehud volvieran a casa vivos, para abrazarlos”, dijo el padre de Eldad, en su casa de Kiryat Mozkin, luego de ver los ataúdes en la televisión. Alrededor de la casa, amigos, vecinos e incluso desconocidos habían encendido velas y se recogían en silencio.
En Israel, el sentimiento de duelo se mezcló con una sensación de repulsión, al ver a Samir Kantar tratado como un héroe, después de haber pasado 30 años en una prisión israelí, por haber matado a un policía, a un civil israelí y a su hija de casi cuatro años, en 1979.
“El pueblo libanés sacrificó cerca de 800 combatientes, toda su economía. ¿Para qué? ¿Para un asesino de una niña de tres años y medio? ¿Esto es un héroe? Para mí, sólo es una basura”, advirtió Shlomo Goldwasser, padre del soldado muerto.
Los otros prisioneros liberados por Israel, además de Kandar, son Jodr Zaidan, Maher Kurani, Mohammad Sorur y Husein Suleiman. Fueron detenidos en la guerra de julio-agosto de 2006, tras la captura de Regev y de Goldwasser. Este hecho desencadenó una lucha armada de 34 días entre Israel y Hezbollah, con resultado nefasto para Líbano.
En tanto, el Hezbollah organizó ayer grandes celebraciones para recibir a sus militares liberados y su líder, Sayyed Hassan Nasrallah, hizo una inusual aparición pública para saludarlos. Entre la ciudad fronteriza de Naqura y la localidad de Saida colgaron miles de bandeloras y banderas.
Pese al dolor, muchos israelíes y también en el gobierno y en el Ejército, piensan que este canje era necesario. (DPA-Reuter)







