Siempre hay un pícaro
Hay representantes del pueblo que tienen su ejército privado para protegerse de los mismos ciudadanos que los han elegido. Por Roberto Espinosa -Redacción LA GACETA.
13 Julio 2008 Seguir en 
El monumento del profeta, de unos 30 metros de altura, los conmovió. Tuvieron la sensación de que esa mano abierta era la generosidad y que esos dedos elevaban la inteligencia y el corazón hacia el cielo. Mientras Scheherezade giraba sobre sus pies envolviéndose en el paisaje, Shahriyar buscó infructuosamente un baño en las inmediaciones; finalmente debió descargar sus urgencias prostáticas en un sufrido lapacho. El noble camello Almanzor imitó a su amo. "Están en San Javier, forastero. El autor de esta escultura fue un hombre aventurero, rebelde, transgresor. Se llamó Juan Carlos Iramain", les dijo un anciano. "Si era así, debe haber sido entonces amigo de los duendes, de los pájaros, de los runauturuncos... Este pueblo debe honrar a menudo a ese gran artista", replicó el rey. "Lamentablemente, no, la mayoría no sabe quién fue".Scheherezade le pidió a su amado rey que visitaran la capital del Jardín, donde estaban frescos los ecos de la Cumbre del Mercofrut de presidentes de países bananeros, iniciando así las mil y cuarenta y cinco noches. Al pasar por Yerba Buena, observaron una turba vociferante que portaba bolsas con huevos e intolerancia, y carteles. Respetuoso, Almanzor se detuvo ante el tránsito cortado. "¡Moradora, por qué se quejan! ¿Adónde van?", dijo el rey. "Son sojeros y sus seguidores. Van a un country a escrachar a un representante del pueblo", respondió una jubilada, indiferente a los protestantes.
La pareja siguió camino. Almanzor comprendió el pasacalles que rezaba: "Avenida Mate de Luna, camino al cielo". Los briosos autos le provocaban en la panza un vértigo similar al del enamoramiento. A pocas cuadras de la plaza Independencia, vieron pasar a un numeroso contingente que circulaba detrás de un vehículo con vidrios polarizados.
- ¿Es un cortejo fúnebre? ¿Alguien famoso murió?, le inquirió Scheherezade, a un anciano que se lamentaba porque el monarca había gastado más de $ 10 millones en la Cumbre y los jubilados seguían sin percibir el 82 % móvil, pese a la orden judicial.
- Nadie estiró la pata. Estos son 500 negros que protegen a Al Rachid y a uno de sus esforzados legisladores, pero hay muchos más.
- ¿Negros? ¿Tienen esclavos todavía en esta comarca?
- De algún modo, sí. Hay representantes del pueblo que tienen su ejército privado para protegerse justamente del pueblo que los ha elegido. Les pagan con planes sociales, bolsones, vituallas, dinerillos... Los llaman negros en forma despectiva a estos humildes comprovincianos y no se dan cuenta de que ellos mismos son los negros de Al Rachid, nada más que con un cachet y un rango más elevados.
- ¿Algo así como los negros de la mayoría automática?, acotó Shahriyar.
- Para que tengan una idea de la negritud, los representantes aprobaron los gastos de la Cumbre sin conocerlos, sin saber de qué se trataba...
Se detuvieron ante la estatua de Juan Bautista Alberdi, nacido el mismo día que la bella doncella. Scheherezade señaló: "No entiendo bien cómo en una comarca democrática puede haber esclavos y tanta intolerancia hasta el punto de que no se respetan las instituciones". Tras un silencio, Shahriyar dijo: "Los pueblos amantes del autoritarismo y la intransigencia difícilmente lleguen a ser libres. Son esclavos de sus propias miserias y los gobernantes son su reflejo. Por eso se negrean mutuamente y siempre hay un pícaro que se aprovecha de ellos".




