13 Julio 2008 Seguir en 
La Iglesia insistió esta semana en advertir sobre los peligros que conlleva negar las raíces cristianas de la argentinidad, frente a cierto embate laicista que los obispos dicen percibir en recientes movimientos del matrimonio presidencial. Una solapada tendencia a la división Iglesia y Estado que puede tensar aún más la conflictiva relación entre la Conferencia Episcopal Argentina, encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio y los residentes de la Casa Rosada. Fuentes eclesiásticas dejaron trascender la preocupación por este eventual avance laicista y revelaron que el Episcopado ya notificó al Vaticano que el Gobierno argentino pretende acuñar un proyecto separatista similar al que propugna el presidente español José María Rodríguez Zapatero.
El líder socialista mantiene un fuerte cruce con el clero ibérico por una propuesta para hacer desaparecer la confesionalidad del Estado español y alentar un laicismo "militante, radical y fundamentalista". A tal punto, que prevé sacar crucifijos de despachos y actos públicos, no permitir capellanes en los cuarteles, negar el derecho a los credos a promover leyes y quitar todo privilegio que hoy pueda tener la Iglesia Católica. La propuesta argentina no sería -trascendió- tan profunda por el momento, y buscaría preservar el ejemplo de convivencia y libertad religiosa tan valorado en el mundo. El caso argentino, pero sobre todo el español, es seguido con atención por la Santa Sede, por eso no llamó la atención que ambas cúpulas episcopales fueran convocadas recientemente por el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone. "Es necesario distinguir el laicismo, como privatización de lo religioso y exclusión de la vida pública, de la laicidad, que supone la necesaria separación entre la Iglesia y el Estado asumiendo lo religioso como parte de la esfera social", advirtió el purpurado vaticano ante políticos europeos, al referir a este tipo de conflictos.
En tanto, en el ámbito local las homilías episcopales por el 9 de Julio reflejaron esta preocupación, al tiempo que buscaron rescatar las raíces cristianas del pueblo y subrayar que la Nación es más que un territorio, es una cultura que "identifica a través de valores compartidos y transmitidos".
Todos los obispos, sin excepción, recordaron en sus homilías la "ininterrumpida tradición" que los tedeum tienen para dar gracias a Dios por las fechas patrias, a los que el matrimonio presidencial suele ausentarse, como ocurrió en Tucumán, o cambiar de escenario para evitar homilías presuntamente críticas a la clase política.
Pero fue el arzobispo José María Arancedo (Santa Fe), quien puntualizó en su reflexión la inquietud eclesiástica frente a una ruptura entre Iglesia y Estado. "Con cuánta certeza y sabiduría cívica nuestros mayores invocaron a Dios como fuente de toda razón y justicia. En esta certeza crecimos como nación. La referencia a Dios no se opone a la auténtica laicidad del Estado, sino que preserva esa justa y necesaria autonomía de lo temporal", precisó.
Tampoco fue casual que la agencia AICA difundiera un despacho para subrayar que los congresales utilizaron una fórmula de juramento en la que subyace una defensa de la religión: "¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la patria conservar y defender la religión católica apostólica romana?"
La información destacaba, además, que 20 de los diputados del aquel congreso de 1816 eran sacerdotes católicos, y que 12 firmaron el Acta de la Independencia. Olvidados en la memoria colectiva, muchos inclusive designan calles de todo el país: Castro Barros, Aráoz, Thames, Sánchez Loria, Pacheco de Melo, Uriarte, Colombres, Justo Santa María de Oro, Cayetano Rodríguez, entre otros.
El líder socialista mantiene un fuerte cruce con el clero ibérico por una propuesta para hacer desaparecer la confesionalidad del Estado español y alentar un laicismo "militante, radical y fundamentalista". A tal punto, que prevé sacar crucifijos de despachos y actos públicos, no permitir capellanes en los cuarteles, negar el derecho a los credos a promover leyes y quitar todo privilegio que hoy pueda tener la Iglesia Católica. La propuesta argentina no sería -trascendió- tan profunda por el momento, y buscaría preservar el ejemplo de convivencia y libertad religiosa tan valorado en el mundo. El caso argentino, pero sobre todo el español, es seguido con atención por la Santa Sede, por eso no llamó la atención que ambas cúpulas episcopales fueran convocadas recientemente por el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone. "Es necesario distinguir el laicismo, como privatización de lo religioso y exclusión de la vida pública, de la laicidad, que supone la necesaria separación entre la Iglesia y el Estado asumiendo lo religioso como parte de la esfera social", advirtió el purpurado vaticano ante políticos europeos, al referir a este tipo de conflictos.
En tanto, en el ámbito local las homilías episcopales por el 9 de Julio reflejaron esta preocupación, al tiempo que buscaron rescatar las raíces cristianas del pueblo y subrayar que la Nación es más que un territorio, es una cultura que "identifica a través de valores compartidos y transmitidos".
Todos los obispos, sin excepción, recordaron en sus homilías la "ininterrumpida tradición" que los tedeum tienen para dar gracias a Dios por las fechas patrias, a los que el matrimonio presidencial suele ausentarse, como ocurrió en Tucumán, o cambiar de escenario para evitar homilías presuntamente críticas a la clase política.
Pero fue el arzobispo José María Arancedo (Santa Fe), quien puntualizó en su reflexión la inquietud eclesiástica frente a una ruptura entre Iglesia y Estado. "Con cuánta certeza y sabiduría cívica nuestros mayores invocaron a Dios como fuente de toda razón y justicia. En esta certeza crecimos como nación. La referencia a Dios no se opone a la auténtica laicidad del Estado, sino que preserva esa justa y necesaria autonomía de lo temporal", precisó.
Tampoco fue casual que la agencia AICA difundiera un despacho para subrayar que los congresales utilizaron una fórmula de juramento en la que subyace una defensa de la religión: "¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la patria conservar y defender la religión católica apostólica romana?"
La información destacaba, además, que 20 de los diputados del aquel congreso de 1816 eran sacerdotes católicos, y que 12 firmaron el Acta de la Independencia. Olvidados en la memoria colectiva, muchos inclusive designan calles de todo el país: Castro Barros, Aráoz, Thames, Sánchez Loria, Pacheco de Melo, Uriarte, Colombres, Justo Santa María de Oro, Cayetano Rodríguez, entre otros.




