Los votos cantados
Las retenciones a la soja dividen a los senadores por la provincia. Duroembate contra el ministro López Herrera por la inseguridad en el aeropuerto. Fernando Juri se prepara para competir por una banca. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
13 Julio 2008 Seguir en 
El debate político sigue signado por una extrema polarización en el país. Tucumán es una muestra muy refinada y explosiva de ese clima de exasperación social que superó con creces los cuatro meses. La discusión sobre la Resolución 125 que no eliminó por completo las retenciones móviles no satisfizo a los sojeros, ni tampoco ocultó otras falencias de la política agropecuaria.El Gobierno gana el duelo en el Congreso, pero se resintió el dominio que ejercía sobre sus legisladores y dividió su principal fuerza de sustentación: el peronismo. Los ruralistas apelaron a las herramientas que antes eran propias del estilo K: el escrache y el corte de rutas y calles. Erosionó, así, uno de los pilares del proyecto del matrimonio gobernante. En ambos casos, se atacan las instituciones y la convivencia civilizada. La interpretación final de la constitucionalidad radica en la Corte Suprema de Justicia.
Sin embargo, la responsabilidad mayor recae sobre quienes ejercen el poder. El discurso de Néstor Kirchner, en su función de jerarca máximo del PJ, aviva las discordias sociales en los momentos más críticos de la vida pública. Obra con el espíritu del boxeador que sale dispuesto a noquear al adversario. Acertadamente observó el historiador Luis Alberto Romero que el discurso político modela el escenario. "Las palabras fuertes traen otras más fuertes; la violencia verbal puede derivar en violencia a secas", escribió, y planteó que "por imprudencia o por cálculo político se está jugando con fuego".
La presión infernal sobre los senadores, con carpas de militantes piqueteros, llamadas del dúo K a gobernadores y el reparto de ventajas para seducir indecisos, torna turbio el clima político. La letra constitucional asigna a los senadores la misión de defender los intereses de las provincias, en contraposición a los diputados que son electos por el pueblo de la nación.
El buen alumno
En el caso de Tucumán, prevalece la sujeción al plan político centralista de la Casa Rosada. José Alperovich, como buen alumno disciplinado, recitó el jueves, en un plenario de comisiones senatoriales, que con la sojización, Tucumán hubiera perdido 70.000 empleos. De ese modo, pretendió demonizar la soja y a los productores tucumanos. Se deshizo, sin embargo, en excusas, ante Carlos Reutemann, cuya mirada inquisidora lo incomodó. El santafesino le precisó que sólo era un productor mediano.
Víctor Pereyra, desde la Sociedad Rural, calificó de errónea la información de Alperovich. "No se va a perder ningún empleo (por la soja). La redistribución de riqueza que dio la soja fue fundamental para los pueblos del interior", explicó. Pero es un diálogo de sordos. Donde no puede esperarse sorpresas es en el voto de los tres senadores por Tucumán, cuyos mandatos terminarán en 2009.
Los bussistas Delia Pinchetti de Sierra Morales y Carlos Salazar, por razones ideológicas, votarán en contra del proyecto K, pero Julio Miranda lo hará por la afirmativa. Después de estudiar el fichero, el ex gobernador llegó a la conclusión de que quienes escracharon a los diputados peronistas, fueron los mismos que batieron cacerolas en contra de él. Esto, sin embargo, no le despeja el camino para una eventual reelección; al contrario, no está en los planes del alperovichismo. Beatriz Alperovich y Mario Koltan estarían en la lista oficial para senadores en los comicios de 2009, y el gobernador, como primer suplente. Por la tercera banca de senador, competirá el ex vicegobernador Fernando Juri. Entra en crisis la idea alperovichista del senador amigo por la minoría.
Secretos de trastienda
¿Por qué no hubo vigilancia policial que impidiera los choques del sábado en el aeropuerto de Cevil Pozo? Esta pregunta no dejó en paz a Germán Alfaro, a Susana Díaz -y su hija- y a Alberto Herrera, los tres diputados que habían votado por las retenciones móviles, y se encontraron con la iracundia de los ruralistas. Salieron ilesos, pero pagaron un precio político alto.
Cuando se enteraron después que Rojkés y Gerónimo Vargas Aignasse habían arribado horas antes, en el avión de la provincia, las sospechas no tardaron en salir a la luz. La inteligencia policial previno a aquellos y desprotegió a los otros. Alfaro apuntó contra el ministro de Seguridad Ciudadana por haber obviado la más mínima contención que evitara los incidentes del sábado. "Mario López Herrera nos abandonó y Alperovich es el responsable de la seguridad pública", afirmó Alfaro.
Monumento a la ignominia
En esferas cercanas a él entienden que Alperovich había maniobrado para que el descontento de los ruralistas se focalizara en los diputados que no le son confiables, y no rozara a su esposa ni a Vargas Aignasse. Consideran, además, que el discurso del gobernador osciló entre la ambigüedad y la obediencia debida en esos tormentosos días. Alperovich debía estar fuera de la lista de víctimas políticas.
A todos los diputados oficialistas -excepto Stella Maris Córdoba que no fue invitada- les dijo en su despacho que debían apoyar el proyecto que auspiciaba Cristina, Pero después declaró que el voto era privativo de la conciencia de cada uno. Tras la Cumbre del Mercosur, aseveró que los ocho diputados oficialistas se alineaban con la decisión del bloque kirchnerista. Estas idas y vueltas cayeron mal. Pero el mundo de los enredos no acabó allí. Entre gallos y medianoche, el titular de la Dipsa, Carlos Gómez, ordenó clausurar sorpresivamente el restobar "Las Palmas", en la madrugada del 10 de julio, aduciendo infracciones de orden municipal. Antes había fracasado en su intento el mismo Día de la Independencia. Gómez es un funcionario que orbita en derredor del gobernador y habría procedido como lo hizo, por la supuesta intención de los dueños de "Las Palmas", de no admitir a los diputados. Los propietarios negaron la versión, pero admitieron que sí son productores. La clausura del restobar se tornó más vidriosa cuando una sugestiva desinfección de las oficinas de la Dipsa intentó bloquear el cumplimiento de una medida judicial que ordenaba reabrirlo. Sin embargo, el viernes un oficial de justicia rompió la faja de clausura y desbarató lo que parece ser un castigo. En el medio, el clientelismo político acabó con la vida de Juan Miguel Valdez y arruinó la de Diego Andrada (14 años); iba a cobrar $ 12, cigarrillos y un sándwich.




