Un duro invierno para la economía
El enfriamiento de la economía argentina llegó a la población a modificar ciertas conductas de ahorro y de consumo. Frente a tanta incertidumbre sobre el rumbo del país, los empresarios deciden frenar sus decisiones de inversión hasta tanto mejore el clima de negocios.
13 Julio 2008 Seguir en 
La Argentina recibió el invierno de la peor manera: enfriando su economía y con precios calientes que queman el bolsillo del inversor, del consumidor y del ahorrista. El segundo semestre del año se desenvuelve con la regla de las tres "i": inflación en alza; inversión en baja e incertidumbre creciente.
El clima de negocios se resiente. "El escenario de escepticismo no contribuye a cambiar el panorama del país", indica Rodrigo Alvarez, economista de Ecolatina. La receta para revertir la desaceleración, agrega el experto Juan Mario Jorrat, es la misma de siempre: reglas claras y seguridad jurídica. Con la experiencia adquirida después de la crisis de fines de 2001, los argentinos aprendieron a cubrirse, sobre todo en el consumo, indica la economista de la Fundación Mercado, Susana Nuti. El desafío para el Gobierno será encauzar el rumbo con políticas efectivas contra la inflación que frenen la desaceleración y regeneren la confianza del inversor en la economía.
María Marta hace cola para pagar en un supermercado. Observa el carrito y le dice a otra mujer que esperaba pagar: "lleno menos el changuito con la misma plata que traía hace dos meses". En las empresas, los ejecutivos guardan carpetas en la que se detallan las inversiones previstas para el año. Los constructores, en tanto, deben paralizar las obras porque el dinero les rinde menos o, en suma, los certificados no se pagan en tiempo y en forma. El Estado, a su vez, intenta frenar el gasto público después de un año con fuerte expansión en materia de subsidios y de aportes a la seguridad social. La inflación golpeó a todos los sectores y, sumado al conflicto Gobierno-campo, llevó a la economía argentina hacia un escenario de enfriamiento con una menor tasa de crecimiento de la actividad. Todos los factores económicos tratan de cubrirse ante este nuevo escenario.
"Estamos en una etapa en el que el poder adquisitivo del asalariado está sumamente afectado por la suba de los precios y la gente comienza a percibir que el dinero no le rinde tanto", plantea a LA GACETA Rodrigo Alvarez, economista de la consultora Ecolatina. Paralelamente, acota el experto, hay un clima de escepticismo entre los inversores sobre lo que sucederá con la economía argentina. Sin inversión no habrá aumento de la oferta de productos, puntualiza.
Frente a esa situación, el experto considera que ya se evidencia un ajuste en el consumo, por efecto de las turbulencias políticas y la incertidumbre sobre el rumbo de la economía. La principal razón por la cual las familias continúan el proceso de ajuste comenzado hace unos meses atrás es el efecto real y las expectativas sobre los precios.
En este sentido, la caída del dólar ha jugado un rol importante en los últimos días. Si bien la actual cotización introduce un nuevo elemento de incertidumbre, en una economía con fuerte inflación en dólares, esta caída puede morigerar en el corto plazo la escalada inflacionaria y mejorar las expectativas en la compra de bienes durables, señala un informe de la Fundación Mercado. Si bien los precios de los bienes importados aún no acusaron una baja como reflejo de la caída del dólar, (por el contrario, en el caso de los automóviles la suba continuó, responsabilizando al alza de costos de componentes nacionales) el promedio de planes de compra de bienes durables reflejó, en junio pasado, una situación mejor que el resto de los indicadores con este nuevo valor de dólar. Susana Nuti, economista de esa fundación, señala a nuestro diario que la disminución de las expectativas presentes de la economía llevaron a muchos argentinos a volver a las segundas marcas.
La Argentina seguirá creciendo, pero no a tasas chinas, del orden del 9% anual. Si en el corto plazo se supera el conflicto con el campo, la economía del país podría cerrar este año con una expansión del 7,5%, vaticina Marina Dal Poggetto, economista del estudio Bein y Asociados. Según la analista, el Gobierno nacional intentará con una batería de medidas detener esta desaceleración en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). "Creo que intentará frenar una desaceleración de la economía con una suba de salarios y de jubilaciones", afirma.
La economista advierte que la inflación anual puede superar el 20% en un contexto en el cual el conflicto con el campo "tuvo un impacto directo sobre el nivel de actividad, generó una suba de la incertidumbre y la duplicación de la tasas de interés". Dal Poggetto remarca que esas variables "aceleraron un cambio de portafolio hacia el dólar", aunque las condiciones de la Argentina, con "un superávit en cuenta corriente de más de dos puntos y recursos, indican que no tiene sentido pensar un descalabro financiero como en otro momento". "El margen de maniobra de la política para resistir es muy amplio, y tiene al ancla fiscal como el elemento principal", indica la especialista. Plantea, además, que se debe avanzar hacia "el ajuste en forma moderada de la tasa de inflación y que se restablezca la tasa de interés ya que los créditos reflejan la incertidumbre a mediano plazo".
Alvarez, de Ecolatina, considera -a su vez- que una solución al conflicto Gobierno-campo por las retenciones móviles sólo podría generar una sensación de alivio transitorio, "porque las condiciones de fondo de la economía están complicadas por problemas de inversión y de la demanda".
La población se está acostumbrando a la terminología de los economistas. El déficit en sus cuentas personales se siente por efecto de la inflación. Ahora al léxico cotidiano le agrega el término enfriamiento que no es más que una reducción en el crecimiento, aunque no recesión. Susana Nuti, de la Fundación Mercado, expresa que este enfriamiento está impactando de distinta manera, según el tipo de consumidor. "Aquel que tiene bajos ingresos ajusta todos sus gastos; el sector medio de la sociedad se inclinan por productos convencionales o de segunda línea y el acceso al crédito para esa franja es limitado y no tan barato; finalmente, los sectores pudientes se pararon sobre sus ahorros y no toman grandes decisiones de inversión, a la espera de que la crisis pase", señala.
De una u otra forma, los agentes económicos se cubren del enfriamiento de la economía que ya se evidencia en varios indicadores socioeconómicos.
El clima de negocios se resiente. "El escenario de escepticismo no contribuye a cambiar el panorama del país", indica Rodrigo Alvarez, economista de Ecolatina. La receta para revertir la desaceleración, agrega el experto Juan Mario Jorrat, es la misma de siempre: reglas claras y seguridad jurídica. Con la experiencia adquirida después de la crisis de fines de 2001, los argentinos aprendieron a cubrirse, sobre todo en el consumo, indica la economista de la Fundación Mercado, Susana Nuti. El desafío para el Gobierno será encauzar el rumbo con políticas efectivas contra la inflación que frenen la desaceleración y regeneren la confianza del inversor en la economía.
María Marta hace cola para pagar en un supermercado. Observa el carrito y le dice a otra mujer que esperaba pagar: "lleno menos el changuito con la misma plata que traía hace dos meses". En las empresas, los ejecutivos guardan carpetas en la que se detallan las inversiones previstas para el año. Los constructores, en tanto, deben paralizar las obras porque el dinero les rinde menos o, en suma, los certificados no se pagan en tiempo y en forma. El Estado, a su vez, intenta frenar el gasto público después de un año con fuerte expansión en materia de subsidios y de aportes a la seguridad social. La inflación golpeó a todos los sectores y, sumado al conflicto Gobierno-campo, llevó a la economía argentina hacia un escenario de enfriamiento con una menor tasa de crecimiento de la actividad. Todos los factores económicos tratan de cubrirse ante este nuevo escenario.
"Estamos en una etapa en el que el poder adquisitivo del asalariado está sumamente afectado por la suba de los precios y la gente comienza a percibir que el dinero no le rinde tanto", plantea a LA GACETA Rodrigo Alvarez, economista de la consultora Ecolatina. Paralelamente, acota el experto, hay un clima de escepticismo entre los inversores sobre lo que sucederá con la economía argentina. Sin inversión no habrá aumento de la oferta de productos, puntualiza.
Frente a esa situación, el experto considera que ya se evidencia un ajuste en el consumo, por efecto de las turbulencias políticas y la incertidumbre sobre el rumbo de la economía. La principal razón por la cual las familias continúan el proceso de ajuste comenzado hace unos meses atrás es el efecto real y las expectativas sobre los precios.
En este sentido, la caída del dólar ha jugado un rol importante en los últimos días. Si bien la actual cotización introduce un nuevo elemento de incertidumbre, en una economía con fuerte inflación en dólares, esta caída puede morigerar en el corto plazo la escalada inflacionaria y mejorar las expectativas en la compra de bienes durables, señala un informe de la Fundación Mercado. Si bien los precios de los bienes importados aún no acusaron una baja como reflejo de la caída del dólar, (por el contrario, en el caso de los automóviles la suba continuó, responsabilizando al alza de costos de componentes nacionales) el promedio de planes de compra de bienes durables reflejó, en junio pasado, una situación mejor que el resto de los indicadores con este nuevo valor de dólar. Susana Nuti, economista de esa fundación, señala a nuestro diario que la disminución de las expectativas presentes de la economía llevaron a muchos argentinos a volver a las segundas marcas.
La Argentina seguirá creciendo, pero no a tasas chinas, del orden del 9% anual. Si en el corto plazo se supera el conflicto con el campo, la economía del país podría cerrar este año con una expansión del 7,5%, vaticina Marina Dal Poggetto, economista del estudio Bein y Asociados. Según la analista, el Gobierno nacional intentará con una batería de medidas detener esta desaceleración en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). "Creo que intentará frenar una desaceleración de la economía con una suba de salarios y de jubilaciones", afirma.
La economista advierte que la inflación anual puede superar el 20% en un contexto en el cual el conflicto con el campo "tuvo un impacto directo sobre el nivel de actividad, generó una suba de la incertidumbre y la duplicación de la tasas de interés". Dal Poggetto remarca que esas variables "aceleraron un cambio de portafolio hacia el dólar", aunque las condiciones de la Argentina, con "un superávit en cuenta corriente de más de dos puntos y recursos, indican que no tiene sentido pensar un descalabro financiero como en otro momento". "El margen de maniobra de la política para resistir es muy amplio, y tiene al ancla fiscal como el elemento principal", indica la especialista. Plantea, además, que se debe avanzar hacia "el ajuste en forma moderada de la tasa de inflación y que se restablezca la tasa de interés ya que los créditos reflejan la incertidumbre a mediano plazo".
Alvarez, de Ecolatina, considera -a su vez- que una solución al conflicto Gobierno-campo por las retenciones móviles sólo podría generar una sensación de alivio transitorio, "porque las condiciones de fondo de la economía están complicadas por problemas de inversión y de la demanda".
La población se está acostumbrando a la terminología de los economistas. El déficit en sus cuentas personales se siente por efecto de la inflación. Ahora al léxico cotidiano le agrega el término enfriamiento que no es más que una reducción en el crecimiento, aunque no recesión. Susana Nuti, de la Fundación Mercado, expresa que este enfriamiento está impactando de distinta manera, según el tipo de consumidor. "Aquel que tiene bajos ingresos ajusta todos sus gastos; el sector medio de la sociedad se inclinan por productos convencionales o de segunda línea y el acceso al crédito para esa franja es limitado y no tan barato; finalmente, los sectores pudientes se pararon sobre sus ahorros y no toman grandes decisiones de inversión, a la espera de que la crisis pase", señala.
De una u otra forma, los agentes económicos se cubren del enfriamiento de la economía que ya se evidencia en varios indicadores socioeconómicos.







